El crucero de Barbie
Parte de La Florida y hace escalas en puertos de Jamaica, Haití y Bahamas, entre otros. Las chicas desfilan, juegan a ser modelos o estrellas pop, diseñan vestidos y se alojan en camarotes especiales.
Caribe
Tally es una niña muy profesional. Hábilmente mira desde abajo al fotógrafo, cierra y abre los ojos, se pone una mano en la cadera y saluda brevemente al público desde la pasarela. Tally tiene sólo cuatro años y el desfile de moda infantil se lleva a cabo en alto mar. Jugar a modelo y estrella del pop, y diseñar pasteles y vestidos forman parte de la nueva oferta de una gran naviera estadounidense que también se ha propuesto conquistar a Europa: el crucero Barbie se dirige sobre todo a las niñas y sus padres.
Chris Melzer (DPA)
No todo el barco está pintado de rosa: sólo algunos de los más de 2.700 camarotes del “Allure of the Sea” llevan un letrero que dice “Huésped especial de Barbie”. En esos camarotes, los viajeros encuentran algunas amenidades de color rosa como una colcha y una funda de almohada, un bolso multicolor y, por supuesto, una muñeca Barbie.
El crucero dura una semana. Desde la Florida, los gigantescos barcos cruzan el Caribe con escalas en puertos de Jamaica, las Bahamas y Haití, entre otros. El viaje no permite ver mucho de los diferentes países y su gente, porque en todos los destinos en tierra predominan los programas turísticos.
Muchas veces, en el barco uno apenas se da cuenta de que está compartiendo el espacio de acero de unos pocos cientos de metros con otros 6.000 pasajeros. El barco está diseñado de tal manera que ni siquiera puede surgir una sensación de estrechez o amontonamiento. Pero durante los paseos en tierra es inevitable que se formen largas filas de turistas. En Haití no está permitido abandonar un terreno vallado, por lo que el pasajero sólo se encuentra con vendedores de souvenirs admitidos, mientras que unos cuantos haitianos sólo saludan tímidamente sobre la valla.
Para los cruceros Barbie vale el mismo principio que para todos los cruceros: el objetivo es el viaje en barco. El “Allure” ofrece una amplia variedad de opciones de ocio, desde escalar una pared rocosa de plástico hasta el surf a una altura de 16 cubiertas sobre el océano. A quien le resulte demasiado cansador todo esto se ofrecen alternativas más relajantes como patinar sobre hielo o ver una obra de teatro.
MUÑECAS EN CLASE
También se puede ir a tomar el té con Barbie. Con gran expectación, las niñas están sentadas en la mesa junto a sus madres. Los vasos y los platos aún están vacíos. “Vamos a hablar primera de la etiqueta. ¿Hay alguien que sabe lo que significa esto?”, pregunta la animadora Susana. La etiqueta significa, por ejemplo, servirle el té primero a la otra persona. “¡Por supuesto!”, parecen decir las caras de algunas niñas, mientras que otras parecen preguntarse: “¿A qué viene esto?” Al final, sin embargo, estas últimas también se interesan por el tema y aprenden algo sobre las reglas de cortesía. Luego se sirven pasteles típicamente estadounidenses: muy bonitos, muy dulces y muy rosas.
“Es que eso es lo que les gusta a la mayoría de las niñas, y nosotros queremos que ellas también se sientan bien a bordo”, explica Cody Philips, un estadounidense que dirige el programa infantil en el crucero. “Tengo el mejor empleo de toda la naviera”, dice con una sonrisa radiante. “Bueno, quizás también el empleo más duro”, matiza, porque no sólo hay que divertir a las niñas, sino que también a las madres hay que darles inmediatamente la sensación de que sus hijas están bien atendidas a bordo, para que ellas puedan divertirse a su manera.
Y no hay que ser psicólogo para saber que los niños que están jugando fuera todo el día duermen mejor durante la noche y les dejan más libertad de movimiento a los padres. Por esto, la profesora de baile Sophie pone a trabajar a las niñas: “Vamos a ensayar algunos pasos”, dice con voz suave, y al final todas las niñas están jadeando.
Una actividad un poco más tranquila para las niñas es el diseño de ropa. “¿Cómo quieren que esté el vestido?”, pregunta una mujer joven a las niñas que, llenas de expectación, están sentadas en una mesa con sus Barbies. En la mesa hay toda una serie de cosas con las que se puede dar todavía más color a un vestido colorido. “¿Quieren tiras, puntas o cuadros o… adornos brillantes?”. Todas quieren adornos brillantes. Aun así, no todos los vestidos se ven iguales. Quizás tengan demasiados colores, pero las niñas están felices.
La diversión está bien organizada. No hay que olvidar que el “Allure” es un barco estadounidense: mucho margen para la felicidad familiar, pero también hay muchas reglas y prohibiciones. Por ejemplo, los niños menores de tres años sólo pueden bañarse en una piscina especial, de una profundidad de menos de… dos centímetros. Ni siquiera los más pequeños se pueden mojar así todo el pie.
Los cruceros no son baratos, pero tampoco muy caros si se buscan buenas ofertas tomando en cuenta los servicios que se presten. La compañía Royal Caribbean ofrece cruceros de una semana por el Caribe desde Florida a partir de 800 dólares (poco más de 600 euros) en un camarote interior.
Por supuesto que el gasto total es mayor. Muchas bebidas hay que pagarlas aparte, aunque los precios -un vaso de vino cuesta siete u ocho dólares- no son mucho más altos que en un restaurante. Y también hay que pagar un precio extra por la “Barbie Premium Experience”: casi 350 dólares (270 euros) por niña.
También las excursiones en tierra organizadas son caras. Sin embargo, en cada puerto todo el mundo es libre para desembarcar por su propia cuenta, sin coste alguno, siempre que vuelva puntualmente.
Cuando hay 6.000 pasajeros, siempre puede pasar que algún que otro pasajero no regrese a tiempo, dice Johnny Faevelen, el capitán noruego del “Allure of the Seas”. “Tenemos márgenes de tiempo muy estrechos para abandonar el puerto. Si no están todos, pues entonces salimos con 5.998 pasajeros”. (DPA)