El desafío del Frente Amplio UNEN



El Frente Amplio UNEN (FAU) pasó la primera prueba de la presentación en sociedad como alternativa de gobierno en el 2015: generar expectativa. Pero el desafío es grande. O encuentra un liderazgo natural que pueda amalgamar y relativizar las diferencias naturales entre los partidos miembros y entre dirigentes de fuerte impronta o logra un mecanismo de consensos internos que le permita consolidarse como espacio. El liderazgo natural es algo que utiliza automáticamente el peronismo. La foto del Frente para la Victoria es tan heterogénea como la del Frente Amplio UNEN . ¿Qué tenían que ver Néstor Kirchner, Amado Boudou, Martín Sabbatella, Gerardo Zamora, Gildo Insfrán, Hugo Moyano, Ricardo Echegaray, Cristina Fernández, Martín Redrado, Daniel Scioli, Sergio Massa, Luis D’Elía y el propio Julio Cobos? Todos fueron integrantes en algún momento del kirchnerismo. Eran más los motivos que los separaban, pero el matrimonio presidencial ejercía un liderazgo aceptado por el resto. El consenso es otro camino, más democrático pero a simple vista pedregoso. La Concertación chilena estuvo integrada por fuerzas de izquierda, centroizquierda y centro, algo parecido al FAU. Sin un liderazgo único, con varios dirigentes de peso, no obstante logró un esquema de consenso que le permitió gobernar Chile durante 20 años tras la dictadura pinochetista. El armado del FAU tuvo ese condimento. Para juntar en un mismo escenario a Hermes Binner, Julio Cobos, Elisa Carrió, Ernesto Sanz y “Pino” Solanas debieron desempolvar la estrategia de la Concertación: “avancemos en lo que estemos de acuerdo y dejemos las diferencias al costado del camino”. En la experiencia trasandina fueron tantas las coincidencias que cuando se fueron a ocupar de las discrepancias resultaron nimiedades. Otra de las barreras que debió sortear fue una palabra. En un momento el espacio iba a llamarse “Frente Progresista UNEN”, pero la mesa chica desestimó el término “progresista” por considerar que no llegaba a la sociedad como consecuencia de la manipulación que hizo de esa corriente ideológica el kirchnerismo. Prefirieron “amplio”. Obviamente, el FAU lleva la mochila de la frustración de la Alianza UCR-Frepaso, que estalló en mil pedazos en la primera crisis, cuando quedaron en evidencia las diferencias políticas e ideológicas entre radicales y frepasistas. Hacia adelante, la nueva fuerza de centroizquierda buscará posicionarse como alternativa de gobierno en el 2015. Sin embargo, el temor a que una campaña electoral se polarice entre los peronistas Sergio Massa y Daniel Scioli, según las últimas encuestas, no sólo golpea al FAU sino también a Mauricio Macri. De ahí la intensidad de los rumores y el declaracionismo en torno a un posible acuerdo electoral entre el Frente y el PRO. Pese a la negativa del socialismo de Binner o a la resistencia pública de Proyecto Sur de “Pino” Solanas a cualquier entendimiento con Macri, la principal fuerza del frente, la UCR, observa con buenos ojos una unión con el PRO. Los radicales comprenden que primero hay que posicionar al FAU de aquí al verano; no tienen claro si un eventual frente con el macrismo hoy sumaría automáticamente los votos de FAU y del PRO. Pero son conscientes de que si en el 2015 quedan relegados por Massa y Scioli comenzarán a pensar en una posible alianza con el partido de Macri. Por otra parte, está claro que tanto Macri como Massa pueden verse afectados por el crecimiento del FAU. Mientras Macri sienta sus expectativas en el electorado no peronista –como UNEN–, Massa intenta sumar a su Frente Renovador a dirigentes no peronistas como lo ha hecho con Adrián Pérez, Mario Meoni y José Eseverri.

Walter Schmidt DyN


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