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El desencanto de los comerciantes

Entre todas las cosas para recomponer una vez que la pandemia deje de marcar el ritmo de nuestros días, los gobiernos deberán revisar los vínculos institucionales y personales con sus comunidades.

Desde el último año y medio, las autoridades fueron casi siempre una imagen. Muy pocas veces pudieron generar sensaciones. Casi no existió el contacto directo, cara a cara. Y esa es una fuente fundamental para la construcción de capital político entre aquellos que pretenden ser intérpretes de las necesidades de su gente.

En Roca ya pueden verse efectos de esa distancia.

Una reciente consulta masiva lanzada por la CAIC determinó que la mayoría de los emprendedores de la ciudad se sienten librados a su suerte en medio de la crisis económica provocada por el covid-19.

“Fuimos la variable de ajuste y las medidas no tuvieron gran incidencia en la situación sanitaria”. Esa es la conclusión sintetizada que surgió luego de procesar las respuestas recibidas de comerciantes y pequeños y medianos empresarios, que reparten por igual las responsabilidades entre los gobiernos de la provincia y de la ciudad.

De las reacciones también puede extraerse otra idea instalada: los gobiernos usan diferentes varas para hacer cumplir las reglas.

Los comerciantes están convencidos de que a ellos les tocó siempre la más rígida y que los inspectores y funcionarios son zorros dentro del gallinero, pero que son mucho más mansos cuando enfrentan problemas complejos.

El ejemplo más claro y reciente: la fiesta con 150 personas en un sótano de la zona norte. Las amenazas y agresiones al personal y vehículos municipales parecen haber sido un mensaje contundente sobre los límites de acceso para el Estado, que no realizó nuevos operativos a pesar de toda la información que surgió sobre la habitualidad de esos encuentros clandestinos.

Hay una contradicción entre esa actitud pasiva de los gobiernos y la extendida restricción para el funcionamiento de locales bailables. Por eso no surgen respuestas oficiales cuando los referentes de ese sector comercial preguntan de forma incisiva si la Provincia y el Municipio apuestan a algo más que el cuidado sanitario con la prohibición para que abran.

Entre los dueños de boliches ya ronda la idea de que en realidad se busca un nuevo orden para la noche, con un escenario más fácil de controlar. Y ante eso advierten que no se pueden pensar medidas desde mentes adultas sin tener en cuenta qué piensan los jóvenes, que hasta acá han demostrado las mismas ganas que en todas las generaciones de reunirse y llegar juntos hasta la salida del sol del próximo día.

A nivel institucional también hay piezas para unir.

Miembros de la CAIC ocultan cada vez menos su desencanto con la intendenta, María Emilia Soria.

Aquel ímpetu que observaron al principio de la gestión se cruza ahora con la idea de cierta falta de independencia a la hora de tomar decisiones por parte de la titular del Poder Ejecutivo.

Puede ser así o no. Pero el solo reflejo de esa sensación debería servir para analizar el escenario, siempre y cuando al gobierno le interese escuchar a las entidades intermedias antes de tomar decisiones.


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