El dolar y los presidenciables: Un gran dilema.
El retraso del tipo de cambio es otra herencia compleja que deja la era K. A diferencia del resto de los países de la región, en Argentina los precios le ganan la carrera al dólar desde hace cuatro años, complicando la competitividad y la inversión de las empresas. Los candidatos evitan decirlo: ¿Devaluación?
ATRASO CAMBIARIO
El escenario electoral en el 2015 ofrece al país, por primera vez en doce años, la posibilidad de elegir una conducción distinta, optar por otra forma de gobierno y, muy posiblemente, por un cambio de rumbo en materia política, social y económica.
Pero como sucede desde hace tiempo, más allá de las chicanas oportunistas, la campaña de los principales espacios políticos se concentra en fortalecer la imagen de los candidatos a ocupar la primera magistratura, en las confrontaciones retóricas y en tratar de lograr el mayor espacio posible en los medios de comunicación y las redes sociales.
Poco se debate respecto de lo programático, y mucho menos en cuanto a los verdaderos planes de cada candidato para solucionar los numerosos desajustes que sufre, desde hace tiempo, la macroeconomía nacional.
Uno de esos desequilibrios tiene que ver con el dólar y el mercado cambiario. El corset que está anclando al dólar presiona sobre falta de competitividad del sector exportador, la capacidad de producción en la industria y limita el potencial crecimiento del país. Claramente, este esquema difícilmente pueda sostenerse en el largo plazo.
En general, la mayoría de los especialistas e, incluso, los referentes económicos de los principales candidatos acuerdan en que el cepo es la fuente de muchas de las distorsiones actuales y pronostican que más pronto que tarde su aplicación finalizará. Sin embargo todos los candidatos están evaluando el costo que eso significa en términos económicos y sociales.
Desde el punto de vista político, muchos son los que estudian postergar definiciones sobre el tema teniendo en cuenta que existen altas posibilidades de que, una vez eliminado el cepo, el salto del dólar termine impactando de lleno sobre los precios. Es decir expectativa de más inflación. No todos los candidatos desean hoy asumir ese costo político.
Desde el punto de vista económico, muy pocos son los que respaldan la continuidad del cepo en la economía. La mayor parte de los analistas asegura que es un freno para las inversiones y una olla a presión, ya que está anclando peligrosamente la paridad cambiaria. El gran interrogante es cómo desactivar el cepo, sin que el remedio sea peor que la enfermedad. Sea que se aplique una solución radical, devaluando fuerte y eliminando las restricciones de una sola vez, o que en cambio se opte por un camino gradual, será necesario contar con un caudal importante de divisas que otorgue respaldo, ante una demanda contenida de divisas por más de cuatro años. Sin esos dólares en las reservas, será difícil desactivar los mecanismos de control que tiene hoy el mercado de cambios sin generar efectos negativos en otras variables macroeconómicas.
Señales de alerta
Así como una estruendosa chicharra avisa al piloto de un avión cuando existe algún desperfecto que pone en peligro la aeronave, el tablero de la macroeconomía ofrece señales de alerta a quien tiene en sus manos la gestión, cuando existen desbalances que entorpecen la dinámica de la economía.
El atraso cambiario es uno de esos síntomas. Una de las razones por la cual las ventas de dólar ahorro superaron los 600 millones en julio y totalizan más de 3.500 millones en lo que va del año tiene que ver con que la moneda norteamericana es un bien barato, teniendo en cuenta los precios relativos de la economía argentina. El hecho de que ya dejó de ser negocio exportar para las economías regionales es otra de las luces que muestra el tablero del modelo.
Si se compara la evolución del precio del dólar con el de algunos componentes de la canasta familiar, el resultado es elocuente. Desde junio del 2013 a esta parte, el precio del pan creció un 15% más que el dólar. El costo de la atención médica lo hizo un 20,4%, el de la indumentaria un 19,9% y el del entretenimiento un 7,7% (ver infograma adjunto). Si el análisis se hace desde el 2007 a la fecha, las distorsiones son todavía mayores.
Pero más grave aún es el efecto que dicho atraso tiene sobre el comercio exterior. A diferencia de lo que sucede en Argentina, en los países de la región la devaluación de la moneda ha superado largamente el incremento en el nivel de precios internos. En los últimos dos años, esa diferencia llega al 21% en Brasil, al 26% en Colombia y al 17% en Chile. En nuestro país, en cambio, la relación es inversa: los precios le “ganaron” al dólar un 10% (ver gráfico adjunto).
Esta distorsión de precios relativos impacta también en el turismo. De ahí que muchos son los que hoy viajan al exterior por esta política de dólar barato, mientras que para los extranjeros cada vez es más caro vacacionar en el país.
Así, comprar bienes argentinos desde los países vecinos resulta relativamente más caro mientras que importar desde Argentina se torna más barato, una consecuencia histórica que refleja el retraso cambiario. El resultado es una caída de las exportaciones y un incremento de las importaciones, es decir una reducción del superávit comercial. Lo mismo ocurre con el turismo: más argentinos tienden a vacacionar en el exterior y menos extranjeros llegan al país. En ambos casos, a través de la balanza comercial y turística, el Tesoro termina perdiendo dólares de sus reservas.
En el infograma adjunto se observa con claridad la caída del superávit comercial registrada desde el 2009. El primer tramo de esa baja puede atribuirse a la crisis global desatada ese mismo año. El segundo tramo, luego de una leve recuperación en el 2011, está signado por las restricciones cambiarias a nivel interno, con la dinámica ya descripta. En este contexto hay que sumar el desplome de los precios internacionales de los commodities registrado el último año.
El comercio exterior es la fuente más genuina de ingreso de divisas con la que cuenta un país. Lograr la recuperación del superávit comercial, y con ello dólares genuinos disponibles, será una necesidad imperiosa para el próximo gobierno. La misma no tiene que ver solamente con el mercado cambiario. Las inversiones en infraestructura y desarrollo productivo, los insumos para el funcionamiento normal de la industria y el pago de los vencimientos de deuda requieren de disponibilidad de divisas.
En otra de las figuras adjuntas puede verse el comportamiento de las reservas del Banco Central (BCRA) desde el 2013. Las mismas tocaron un piso de 27.000 millones de dólares en marzo del 2014, y luego crecieron gracias al acuerdo swap de monedas con el Banco de China y por los pagos de las empresas telefónicas en la licitación del 4G. Pero si se descuenta el aporte del Banco de China, el cual es en realidad un pasivo en las cuentas del BCRA, las reservas reales se reducen a la mitad. Otro motivo para recuperar la competitividad perdida.
¿Es necesario devaluar?
La historia reciente de nuestro país asocia inevitablemente las bruscas devaluaciones a procesos de explosión inflacionaria, caída abrupta del salario real y alta transferencia de recursos del sector trabajador hacia el resto de la economía. Es por ello que pocos se atreven a decir aquello que es un secreto a voces: la necesaria corrección del tipo de cambio. De lo contrario, recuperar la política cambiaria, volver a ser competitivos en el exterior e incrementar el ingreso de divisas será una tarea cara y casi imposible.
Si el tipo de cambio actual es barato, la pregunta es entonces cuál sería un precio apropiado para el dólar o, lo que es lo mismo, cuál es el grado de devaluación necesaria para volver a hacer competitiva nuestra economía. Hacer pronósticos hoy sobre este tema resulta muy complicado.
Pese a ello, se puede decir que existen muchas y variadas alternativas que pueden proyectar el valor de equilibrios que necesitaría tener el dólar en la economía. Tomando como referencia el valor del dólar paralelo, la brecha llega hoy al 50%. ¿Puede el próximo gobierno devaluar la moneda un 50% de golpe? La historia argentina muestra que es posible. Pero el costo es altísimo.
La sensación que reina entre los especialistas es que el próximo presidente intentará evitar un shock y buscará llevar adelante los ajustes de manera gradual. Otros sostienen que ese camino sólo estira la agonía y que tarde o temprano será necesario un salto cambiario importante.
Lo que está claro es que, gane quien ganare en octubre, deberá afrontar al asumir el mando un período de turbulencias económicas como hace tiempo no se vive en nuestro país.
El nuevo gobierno contará con una herramienta clave para intentar hacer una transición ordenada del dólar: la toma de deuda del exterior. La administración Kirchner deja un nivel de deuda externa significativamente bajo lo que le permitirá a la nueva administración que surja en octubre contar con un colchón de dólares en el corto-mediano plazo para poder elaborar un programa que contemple la corrección de precios relativos que muestra la economía argentina.
Paralelamente a la toma de dólares frescos, podría desdoblarse el mercado de cambios (financiero/turístico por un lado e importación/exportación por el otro) para así privilegiar la utilización en la producción de este bien escaso y no regalarlo para que el ahorrista lo guarde debajo del colchón o viaje subsidiado por el Estado al exterior.
La combinación simultánea de toma de deuda y desdoblamiento cambiario permitiría abrir una interfase en la economía con vistas a corregir los precios relativos y levantar progresivamente el cepo cambiario. Las dudas de esta alternativa estarían centradas en la duración que tendría esa interfase mencionada (cuanto menos tiempo, mejor), los efectos que puede llegar a tener la medida sobre los precios y la velocidad de la recuperación económica del país para volver a generar dólares genuinos.
Sin embargo, y sin pecar de un alto grado de pesimismo, la historia argentina no muestra en su bibliografía ningún tipo de transición ordenada cuando se trata de ajustar el dólar a la economía del país.
Esperemos que quien se haga cargo del poder a partir del mes de diciembre interprete las urgencias y asuma las responsabilidades que le compete, tomando las medidas necesarias para que Argentina vuelva a la senda del crecimiento.
Javier Lojo
jlojo@rionegro.com.ar
Diego Penizzotto
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