El gobierno de Fernández vive una “crisis de confianza”, advierten analistas

Los especialistas consultados por Río Negro coinciden en que la incertidumbre sobre el control de la pandemia, la profundidad de la crisis económica y la percepción sobre el papel central de la vicepresidenta afectan la credibilidad del presidente.





Fernández y Cristina, en el Congreso. La idea de “continuidad” con el pasado afecta al presidente.

Del paraíso del consenso político Covid al reino de la incertidumbre total en cinco meses. El enfrentamiento entre el gobierno nacional y la Ciudad de Buenos Aires, el quiebre total con la oposición, las nuevas restricciones al dólar para el ahorro y fundamentalmente para las empresas, el agravamiento de la pandemia y sus efectos económicos, las contradicciones entre lo dicho horas antes y lo hecho horas después, el avance sobre la Justicia y el triunfo de la agenda de Cristina Kirchner: la palabra del Presidente Alberto Fernández llega “devaluada” al inicio de la primavera y, de acuerdo a encuestadores y analistas políticos consultados por este diario, el gobierno enfrenta una crisis de confianza.

El reino de la incertidumbre y la pérdida de confianza
“Si hoy me preguntan cómo definiría el estado de ánimo de la gente, diría que principal problema es la incertidumbre en todos los ámbitos: no sabe si va a tener trabajo, no sabe si su empresa va a subsistir a esto o no, si va a haber cama en el hospital si se enferma. Todo es incertidumbre”, dice a Río Negro Mariel Fornoni, directora de Management & Fit.

“Y no solo cayó la percepción sobre la situación económica actual, sino las expectativas, que es lo más complicado de remontar”.

Mariel Fornoni
Directora de Managment & Fit


En su última encuesta, publicada a mediados de la semana pasada, el 63.2% cree que la situación económica está peor que hace un año atrás. El 56.1% considera que el año que viene estará aún peor, contra un 25.9% que piensa que mejorará.

“En primer lugar, cuando alguien te saca la confianza es muy difícil recuperarla. En segundo lugar, cuando alguien no tiene confianza, tampoco da tiempo. Si vos considerás que en la economía está todo mal, pero pensás que se va por buen camino y se va a salir adelante, aguantás; en el momento que le quitás la confianza y asumís que no lo van a poder resolver y no es el camino, le pedís un resultado inmediato. Y no sólo cayó la percepción sobre la situación económica actual, sino las expectativas a futuro, que es lo más complicado de remontar”, señala Fornoni.

“La credibilidad es un valor muy ajustado a los resultados. Pasó suficiente tiempo como para que el gobierno entre en el terreno de promesas incumplidas”.

Lucas Romero
Director de Synopsis


Según Lucas Romero, director de la consultora Synopsis, se venía generando cierta recuperación de expectativas en los primeros meses, pero en la última etapa “el pesimismo pega la vuelta”. “La sensación es que a la gente se le corrió el horizonte. La gente imaginaba que iba a estar celebrando la primavera con la curva de contagios en descenso. Eso está pegando en una etapa del año que suele ser particularmente favorable para las expectativas. Septiembre, octubre, noviembre son meses donde las expectativas tienden a recuperarse. A la gente le corrieron el horizonte y eso genera incertidumbre. Y la profundidad de la pandemia te marca la profundidad de la crisis y eso te agrega incertidumbre también por el lado económico”, señala.


Según el consultor, la credibilidad se sostiene con resultados, y ya pasó suficiente tiempo como para que el gobierno ingrese en el terreno de las promesas incumplidas.

“El problema de las promesas incumplidas es que te van acortando los márgenes de volver a hacer nuevas promesas. Y ese es un factor clave para conducir un proceso político porque mucho depende de la expectativa, de la capacidad que vos tengas de generar expectativa en la gente de que estás yendo al rumbo correcto”.

Quién manda: las contradicciones internas
La última encuesta de Management & Fit también destaca otro dato: ante la pregunta de quién tiene más poder en el gobierno, el 47.3% responde por Cristina Kirchner, y 36.5% señala al Presidente. “Cuando empieza a haber dificultad para identificar quién es el que verdaderamente toma las decisiones, la gente empieza a perder confianza en el gobierno y en el liderazgo de Alberto Fernández”, señala Fornoni.


Romero hace un diagnóstico similar: “Fernández incumplió una cláusula electoral: voy a gobernar yo, no va a gobernar Cristina, este es el Frente de Todos, no el Frente para la Victoria. En esto Fernández colaboró con decisiones y con dichos, pero la oposición también presionó en construir esa identidad. Hay un dato interesante: los desencantados, los que votaron al FdT y dicen que votarían a otra fuerza política si hoy fueran las elecciones comparten una característica: una imagen negativa de Cristina y no tan negativa de Alberto.

Como si hubiera habido ahí una desilusión para una porción de los votantes del FdT respecto de que Alberto fuera otra cosa, no completamente distinto de Cristina, pero algo propio. Fernández pone más esfuerzo en mostrar que lo suyo es una continuidad del pasado, que en construir un nuevo futuro. En vez de renovar la esperanza, se va al pasado, y al pasado, en alguna instancia, la gran mayoría de los argentinos ya lo rechazó”, señala.


La analista política Graciela Romer coincide y agrega que el propio discurso oficial genera incertidumbre: “En psicología, el origen de la esquizofrenia tiene que ver con el doble discurso: un padre que le dice cuánto te quiero a una criatura y al mismo tiempo la golpea. Lo que estamos viviendo en Argentina es un discurso oficial esquizofrénico que genera una profunda incertidumbre en un marco de incertidumbre generalizada”, sostiene.

“Un discurso oficial esquizofrénico genera una profunda incertidumbre en un marco de incertidumbre generalizada”.

Graciela Romer
Analista política

El fin de la moderación y el quiebre con la oposición
Los enfrentamientos cada vez más fuertes entre el oficialismo y la oposición también contribuyen, en medio de la pandemia y la crisis económica, a generar incertidumbre.

En ese sentido, Fernández parece haber roto una segunda cláusula electoral: la de la moderación.
Así lo interpreta el analista político Marcos Novaro. “Fernández logró instalar la idea de que cumplía su promesa de reconciliación, de moderación y de ocuparse de los problemas prioritarios del país y no de los asuntos que le interesan a la política, solamente al comienzo de la pandemia.

“La quita de fondos a la Ciudad de Buenos Aires fue definitoria para el quiebre de confianza. Fernández quedó alevosamente como un traidor, como un hombre poco confiable”.

Marcos Novaro
Analista político

La pandemia le dio mucha fuerza a su palabra. Pero a partir de ahí empezó a abusar de eso: abusó de la cuarentena, abusó en reinstalar la agenda partidista, de echarle la culpa de los contagios a la oposición, del avance contra la justicia, de demorar la negociación con los fondos con una visión muy politizada acerca de ‘torcer el brazo a los especuladores’. Se volvió cada vez más radicalizado, cada vez más cristinista. Se fue devaluando muy rápido. Ha consumido a una gran velocidad no sólo la opinión favorable sino la credibilidad en su palabra, empezó a desmentirse: se desmintió una y otra vez de lo que había prometido, de moderación, de enfrentar los asuntos prioritarios. La gente no sólo le echa la culpa de las cosas, de la crisis, sino también descree de su capacidad para resolverlo”.


Según Novaro, la decisión de quitarle fondos a la Ciudad de Buenos Aires y romper con Horacio Rodríguez Larreta, su principal fuente de diálogo con la oposición, fue definitorio para la crisis de credibilidad: “Fue definitorio porque él apareció alevosamente como un traidor, como un hombre poco confiable. Cristina ha tenido un rol destructivo sobre la autoridad de Alberto”, señala.


En esa línea, Romer concluye: “En el actual gobierno no hay una toma de conciencia de la gravedad de la situación y de entender que si no hay compromiso real conjunto de las fuerzas políticas y sociales, es muy difícil generar confianza. La señales son contrarias: la distancia entre oficialismo y oposición lejos de diluirse se profundiza”.


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