El guardaparques que cambió Bariloche por la Antártida

Está en la isla Laurie, que forma parte del archipiélago de las Orcadas, la presencia más antigua en el continente. Argentina es el único país que envía personal de Parques Nacionales a la zona.

Soñó con viajar a la Antártida desde muy chico. Pero ese sueño comenzó a tomar forma cuando ingresó al cuerpo de guardaparques, en 2004. Llegó al continente más austral en plena pandemia, bajo estrictas medidas de seguridad para evitar llevar el Covid-19 a la base Orcadas de la isla Laurie, donde permanecerá hasta el próximo verano.

“Me ha pasado de transitar por un glaciar en una cordada de a tres, con grampones y un equipo especial y me emociona. Pasamos de un día espectacular y calmo, a tener viento blanco y huracanado a la hora siguiente. Este lugar es fascinante”, señaló el guardaparque Alejandro Rey.

Este hombre nació en Capital Federal pero tiempo después, su familia se radicó en El Bolsón. En 1996, ingresó a Parques Nacionales como brigadista de incendios y ocho años después, como guardaparques, pasó por los parques Condorito (en Córdoba), Los Alerces y Nahuel Huapi.

“La posibilidad de viajar a la Antártida existe gracias a un convenio entre la Administración de Parques Nacionales y la Dirección Nacional de la Antártida desde hace tres décadas. En 1998, charlé con guardaparques que regresaban de ahí y lo empecé a vislumbrar como una posibilidad real”, admitió Rey.

Particularidades

Argentina es el único país del mundo que envía guardaparques a la Antártida. La razón es simple. Rey resaltó que cuentan con capacitación en conservación y evaluaciones de impacto ambiental pero a la vez, saben cómo desplazarse en montañas, glaciares, selvas y bosques.

“Por lo general, estamos en seccionales aisladas en zonas agrestes, desde Salta a Tierra del Fuego. Sabemos de primeros auxilios, somos conductores náuticos y tenemos nociones de mecánica ligera”, enumeró Rey. Aclaró que “este perfil encajaba perfecto para el trabajo que se desarrolla en las islas Orcadas del Sur, la base permanente más antigua en la Antártida. Argentina tiene presencia ininterrumpida de personal allí, desde 1904”.

El desembarco en la isla

En noviembre del 2020, Rey logró embarcar a la Antártida desde Buenos Aires. Muchos países decidieron suspender sus campañas debido a la pandemia pero Argentina definió continuar el trabajo con estrictos protocolos sanitarios. A mediados de enero, desembarcó en la isla Laurie.

El trabajo ambiental se desarrolla sin interrupciones en la Antártida desde hace 30 años. Incluye un censo de aves, como el Petrel gigante y los pingüinos Adelia y Barbijo y de los mamíferos, como la foca Weddell. También se toma muestras de plancton en diversos puntos que luego son remitidas a laboratorios de Buenos Aires, donde los biólogos profundizan las investigaciones. “En invierno, cuando se congelan las bahías del mar, avanzamos 250 o 300 metros sobre el hielo, donde continuamos los muestreos. En verano, lo hacemos embarcados”, comentó Rey.

Aclaró que todas las bases son científicas y “la información recabada se comparte entre los equipos de investigación del mundo para beneficio de la humanidad. Incluso los militares cumplen funciones de logística y asistencia a la investigación”.

Argentina es el país con mayor cantidad de bases en la Antártida. “Tanto el Ártico como la Antártida funcionan como reguladores de la temperatura y el ambiente del planeta. Todo lo que sucede ahí repercute en el planeta de alguna manera”, destacó.

Consideró que “la Antártida es especial porque es un continente cubierto de hielo con particularidades que la diferencian del Ártico. No solo el continente sino todo el mar circundante. Todos los monitoreos sobre aves, mamíferos, plancton sirven para hacer evaluaciones a nivel mundial”.

En este sentido, puso como ejemplo el retroceso de glaciares en la Cordillera: “Lo mismo sucede en la Antártida. Estamos en una isla cubierta por un glaciar y es impresionante la forma en que ha retrocedido en estos 30 años. Las fotos lo demuestran claramente”.

Al permanecer aislados, la convivencia en la base no es simple. Pero todo el “comando antártico” colabora en el mantenimiento de la base. “Hay gente del Ejército y la Marina, cocineros, enfermeros y médicos. En invierno, por ejemplo, se congela el pozo de agua y entre todos, día por medio, tenemos que palear y juntar unos 360 cajones de nieve para derretirla y tener agua”, indicó.

Rey desembarcó en la Antártida con un gran flujo de información pero al llegar, advirtió que “todo impresiona”.
He estado en lugares aislados en la cordillera, en el monte y en la selva, pero lo que he vivenciado acá, jamás lo he visto”, dijo.

Admitió que extraña a su familia: “Soy abuelo, tengo dos nietos y tres hijos, una compañera maravillosa y una nuera maravillosa. Eso se extraña. Acá he aprendido a vivenciarlo de otra manera, a revalorizar lo que vivía en el continente en el día a día. Se que cuando vuelva voy a volver con otra visión. Voy a disfrutar mucho más a la gente querida. Acá uno aprender a vivir”.


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