El herrero “más feliz del mundo” vive en Roca

Creó un “paseo infantil artesanal” en Alta Barda. Daniel lucha por más espacios de contención.

Redacción

Por Redacción

paseo infantil artesanal

No todos los días uno se cruza en las calles del barrio con el hombre “más feliz del mundo”. Y mucho menos que tenga -y haya creado con sus propias manos- un “mundo mágico” frente a su casa. Pero en Alta Barda, un barrio de Roca, los vecinos sí se dan este lujo. Saben que en la casa del herrero todo es posible, “nada de cuchillo de palo”.

Inmutables y coloridos dinosaurios (¿¡vivos!?), un barco que navega hacia mares infinitos, un arco y una flecha, un pequeño extraterrestre, un ovni, un indio de pie, una añorada bicicleta, un unicornio… todo un mundo imaginario, que parece brotar de la mente rebosante de un gurrumín, Daniel Martínez lo tiene exactamente en la vereda de su taller.

Un mundo mágico creado precisamente para esos chicos. Los que sueñan, los que imaginan, los que juegan. También para los que tienen un interés que “va un poco más allá” y hasta para los que tienen la “mano pesada”.

Para mirar y tocar

“Acá todo el mundo puede venir, mirar, tocar… que nada se rompe”. Es el primer “paseo artesanal” que cobra vida en Alta Barda de la mano del herrero Daniel Martínez.

Es para todos los pibes, dice. Está abierto a todos pero sobre todo para los de Alta Barda, que aprendieron a cuidar y compartir esa extensa vereda, en Las Petunias al 5.900. Allí donde las esculturas de hierro atraen las miradas, afloran recuerdos y, fundamentalmente, tienen olor a infancia.

Con Oscar, su hijo más chico, le rindieron homenaje a Don Bosco.

La idea surgió hace años, de a poco y en sus ratos libres, Daniel imaginaba y con chapas viejas, hierros ya en desuso, moldeaba figuras infantiles. El primero fue un dinosaurio, luego vendrían autos, caballos, ángeles, barcos…

“Siempre fui de hacer cosas, mis hijos siempre jugaron con juguetes que yo mismo les hacía. Con cartón, con madera, con hierro… Y estando acá en el barrio comencé a notar que no había nada de nada para los chicos. Algo para mirar, algo para conocer, compartir… ni siquiera un espacio donde poder sacar una foto. Acá (en la herrería) empecé a hacer muchas cosas y mis hijos y sus amigos jugaban, pero cuando noté que empezaban a venir otros y miraban de afuera, me dije ‘algo tengo que hacer’ y saqué todo del alambre para afuera”, cuenta Daniel.

Dinosaurios, soldaditos, estrellas fugaces… “Le puse ‘Mundo Mágico’ porque acá hay de todo, como en el planeta”.

Así surgió su “mundo mágico”. “Empezaron a venir chicos a ver cómo era esto y cuando podía les enseñaba”, agrega. “Hay mucho para enseñar, aprender y hoy los chicos necesitan mucha contención. Que los cuiden, no tienen que andar en la calle porque después no viene nada bueno. Por eso mi lucha siempre fue en el barrio para que haya espacios para hacer cosas, actividades, y no sólo para chicos, también para los abuelos. La gente grande no tiene un lugar donde pasar una tarde”, se preocupa.

Daniel tiene tres hijos y “cada uno ya tiene su camino, su carrera”, cuenta. El más chico Oscar, lo acompaña y trabaja a la par: en homenaje por los 200 años del nacimiento de Don Bosco, terminaron apenas hace unos días una escultura del santo que esta semana empezaron a exhibir, y ya planean sumar “juguetes” antiguos a su paseo artesanal por el Día del Niño.

Corta chapas, moldea, crea las figuras y también las pinta.

Cada objeto que ha hecho a lo largo de los últimos cinco años tiene su propio significado: el misterio, la importancia de la historia, de los valores, de la cultura, el cuidado de la niñez y la fantasía, el cuidado de la tierra…

Una vida plena

Daniel crió a sus tres hijos, se hizo cargo de su hogar, fue bombero, policía, se las rebusca desde los 13 y hoy dice que no le molesta trabajar desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche para pagar la olla. “Hago lo que me gusta, mis hijos están bien, qué más puedo pedir, soy el hombre más feliz del mundo”, sonríe, sin que nada le nuble la mirada.

“De verdad -insiste y finaliza, por si su afirmación pudo sonar exagerada ante los oídos ajenos- soy un tipo realmente feliz”.

No quedan dudas. Levanta la mano, sonríe y se aleja. Vuelve a su mundo mágico para seguir trabajando.

Fotos: César Izza


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