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El odio propio

Redacción

Por Redacción





mirando al sur

El pasado martes 18 de octubre, la Unesco, la agencia cultural de la Organización de Naciones Unidas (ONU), aprobó una resolución, propuesta por la delegación palestina, que niega todo vínculo entre el pueblo judío y la ciudad de Jerusalén. Habiendo sido construida por los reyes David y su hijo Salomón, referentes centrales de la historia hebrea y universal, el hecho de que una agencia “cultural” se preste como vocera de semejante negacionismo historiográfico, anula su función. No podemos exponer a nuestros estudiantes en particular, ni al público en general, a posteriores publicaciones o comunicados de la Unesco que aseveren, por ejemplo, que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial, o que nunca existieron los aztecas. La brutal resolución sobre Jerusalén fue promovida por algunos de los países con menor índice de alfabetización en el planeta: Egipto, Sudán, Argelia, Marruecos; además de algunos de los más sangrientamente caóticos, como Líbano, o más represivos, como las monarquías de Sudán y Catar. La idea de que este ramillete de estados fallidos, líderes sólo en la masacre de sus propias poblaciones, en algunos casos, como el de Sudán, al extremo del genocidio, determinen el modo de percibir la historia a través de una agencia internacional, es uno de los escándalos académicos más patéticos del reciente siglo. En todos estas salvajes dictaduras, incluyendo la de la Autoridad Palestina y el califato de Hamas en Gaza, el estado promueve el asesinato de las mujeres en el marco de “crímenes de honor”, la disidencia se penaliza con la muerte y la tortura es cotidiana. La pobreza ni siquiera se considera un problema. Pero su gran esfuerzo conjunto, quizás uno de los pocos en los que lograron coincidir en los últimos años, es negar el vínculo entre Jerusalén y los judíos. Estos monarcas, dictadores y criminales: ¿no tienen otra cosa mejor en qué ocuparse, al menos prestar algo más de atención a los verdaderos dramas de sus respectivos pueblos?. La medida es mayormente simbólica, y si bien ofensiva, no ejercerá demasiado impacto en las mentes de los ciudadanos de las democracias occidentales, ni mucho menos en Israel. En todos los países con regímenes democráticos y libertad de expresión, los interesados tienen acceso a una gran variedad de fuentes históricas y, se piense lo que se piense sobre los conflictos territoriales, la Historia es una: en América existen pueblos como los aztecas y los mayas, en China siempre hubo chinos y en Jerusalén judíos. Pero la tergiversación histórica sí puede tener un efecto negativo en los ya maltratados, violados, abusados y hambreados estudiantes árabes. La propia Unesco, cuando aún contaba con alguna utilidad, informó que en los últimos mil años, en todo el mundo árabe, se habían publicado la misma cantidad de traducciones que en España en un año. Es decir, los estudiantes árabes prácticamente no tienen acceso a libros no árabes, por no hablar del poco acceso que tienen a los propios libros árabes. Esto, como la resolución de la Unesco, los condena a una ignorancia que los atrasa cada día, de generación en generación, marginándolos del progreso, de los avances sociales, de la tecnología, de la medicina. Hacinados, analfabetos, violentos, los jóvenes árabes de las dictaduras del Medio Oriente se matan mucho más entre ellos que todos los actos terroristas combinados con que los fundamentalistas islámicos han asesinado a los habitantes de las democracias occidentales. Sólo en Siria, en menos de cinco años, se han asesinado entre islámicos pro dictadura y fundamentalistas islámicos, cerca de un millón de personas, sin concurrencia de ningún conflicto extraterritorial. ¿Y esos pueblos están preocupados por revisar la historia entre Jerusalén y los judíos? Aunque más no fuera por egoísmo, les convendría olvidarse de los judíos y ocuparse de ellos mismos. La Jerusalén actual es una de las ciudades en las que con más libertad y prosperidad viven los ciudadanos árabes en todo el mundo, y la única del Medio Oriente en que pueden llamarse a sí mismos ciudadanos. Destruir ese estatus sería otro golpe feroz contra la posibilidad de progreso y democratización del mundo árabe, que desde la reconquista de Granada por parte de España en 1492 se hunde cada vez más en la decadencia. La principal fuente de islamofobia proviene de los propios fundamentalistas árabes, cuya influencia en agencias como la Unesco daña antes que nadie a sus propios jóvenes.

Este mes la Unesco aprobó una resolución, propuesta por la delegación palestina,

que niega todo vínculo entre el pueblo

judío y la ciudad de Jerusalén.

La principal fuente de islamofobia proviene de los fundamentalistas árabes, cuya influencia en agencias como la Unesco daña antes que nadie a sus propios jóvenes.

Datos

Este mes la Unesco aprobó una resolución, propuesta por la delegación palestina,
que niega todo vínculo entre el pueblo
judío y la ciudad de Jerusalén.
La principal fuente de islamofobia proviene de los fundamentalistas árabes, cuya influencia en agencias como la Unesco daña antes que nadie a sus propios jóvenes.

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