El poder se va

Redacción

Por Redacción

Puesto que a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le gusta sentirse acompañada por una multitud de militantes políticos bulliciosos porque cree que su fervor confirma que realmente es jefa de un movimiento popular, antes de pronunciar el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso ordenó a los intendentes del conurbano suministrarle contingentes para acompañar a los convocados por La Cámpora. Sin embargo, entre quienes se ubicaron frente al Congreso se encontraban no sólo los enviados por “los barones” presuntamente leales y simpatizantes de la presidenta sino también partidarios de eventuales presidenciables kirchneristas como el gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri, el ministro del Interior Florencio Randazzo y hasta el senador Aníbal Fernández. Aunque todavía quedan 21 meses antes de que llegue la fecha prevista para el fin del mandato de Cristina, ya han comenzado a moverse los aspirantes a heredar la corona. No sólo se trata de quienes quieren contar con el apoyo valioso del Estado nacional, que se ha visto apropiado por el kirchnerismo, sino también del semioficialista Daniel Scioli, Sergio Massa, su rival principal, y el líder porteño Mauricio Macri. Al caer con rapidez la cotización de las acciones políticas de Cristina –según algunas encuestas, en la actualidad apenas el 25% de los consultados aprueba su gestión–, se ha iniciado la campaña de la sucesión. Que la campaña ya esté en marcha es una mala noticia para la presidenta. Aunque todos los precandidatos aseguran que harán lo posible para que el gobierno llegue sano y salvo a diciembre del 2015, el que haya comenzado tan prematuramente no puede sino socavar su autoridad justo cuando la necesita más. Es de prever que, para conservarla, procure aprovechar todas las oportunidades que surjan para recordarles a sus subordinados y a los políticos oficialistas que sigue al mando, como hizo reemplazando, para sorpresa de muchos, a la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich por el exradical Gerardo Zamora como titular del Senado y por lo tanto tercero de la línea sucesoria, de tal modo molestando sobremanera a muchos peronistas que estarán pensando en cómo desquitarse por la desconfianza así manifestada. También podría sentirse constreñida Cristina a intervenir más en el manejo cotidiano de la economía para que no queden dudas en cuanto a su propio protagonismo, lo que, en vista de sus limitaciones en este ámbito tan importante, haría todavía más difícil la tarea del “chiquitito”, pero así y todo rendidor, Axel Kicillof y sus colaboradores. Para competir con Massa que, desde las elecciones de octubre pasado, lidera la carrera, otros aspirantes tendrán que asumir una actitud igualmente crítica. Lo entiende Randazzo que, a pesar de su condición de oficialista, ha confesado que el gobierno del que forma parte ha cometido algunos errores garrafales. Aún más vehementes han sido los opositores declarados como Macri, el socialista Hermes Binner y su aliada acaso coyuntural Elisa Carrió. Hasta ahora, Scioli ha procurado permanecer fiel a su estrategia “moderada”, pero si llega a la conclusión de que la insulsez sistemática está eliminándolo de la competencia, podría decidir adoptar una postura mucho más firme. De todas maneras, si bien es del interés de todos los sucesores en potencia de Cristina que los responsables de provocar el desaguisado económico paguen los costos políticos del ajuste brutal que han hecho inevitable, no lo es que el gobierno se vea tan debilitado que no le sea dado hacer mucho más que atribuir sus desgracias a conspiradores fantasmales. Siempre y cuando no nos sorprenda la irrupción de un personaje que, como Carlos Menem en la fase final de la gestión del presidente Raúl Alfonsín, logre cambiar el panorama político del país, tarde o temprano un integrante del elenco conformado por los considerados presidenciables tendrá que encargarse de la maltrecha economía nacional. Puede entenderse, pues, la ambigüedad de quienes dicen estar convencidos de que el gobierno actual –que en su opinión es a un tiempo fenomenalmente corrupto e inepto– está llevando el país hacia una catástrofe pero que así y todo están resueltos a ayudarlo a transitar con éxito los meses que lo separan de lo que, esperan, será una salida humillante.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 8 de marzo de 2014


Puesto que a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le gusta sentirse acompañada por una multitud de militantes políticos bulliciosos porque cree que su fervor confirma que realmente es jefa de un movimiento popular, antes de pronunciar el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso ordenó a los intendentes del conurbano suministrarle contingentes para acompañar a los convocados por La Cámpora. Sin embargo, entre quienes se ubicaron frente al Congreso se encontraban no sólo los enviados por “los barones” presuntamente leales y simpatizantes de la presidenta sino también partidarios de eventuales presidenciables kirchneristas como el gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri, el ministro del Interior Florencio Randazzo y hasta el senador Aníbal Fernández. Aunque todavía quedan 21 meses antes de que llegue la fecha prevista para el fin del mandato de Cristina, ya han comenzado a moverse los aspirantes a heredar la corona. No sólo se trata de quienes quieren contar con el apoyo valioso del Estado nacional, que se ha visto apropiado por el kirchnerismo, sino también del semioficialista Daniel Scioli, Sergio Massa, su rival principal, y el líder porteño Mauricio Macri. Al caer con rapidez la cotización de las acciones políticas de Cristina –según algunas encuestas, en la actualidad apenas el 25% de los consultados aprueba su gestión–, se ha iniciado la campaña de la sucesión. Que la campaña ya esté en marcha es una mala noticia para la presidenta. Aunque todos los precandidatos aseguran que harán lo posible para que el gobierno llegue sano y salvo a diciembre del 2015, el que haya comenzado tan prematuramente no puede sino socavar su autoridad justo cuando la necesita más. Es de prever que, para conservarla, procure aprovechar todas las oportunidades que surjan para recordarles a sus subordinados y a los políticos oficialistas que sigue al mando, como hizo reemplazando, para sorpresa de muchos, a la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich por el exradical Gerardo Zamora como titular del Senado y por lo tanto tercero de la línea sucesoria, de tal modo molestando sobremanera a muchos peronistas que estarán pensando en cómo desquitarse por la desconfianza así manifestada. También podría sentirse constreñida Cristina a intervenir más en el manejo cotidiano de la economía para que no queden dudas en cuanto a su propio protagonismo, lo que, en vista de sus limitaciones en este ámbito tan importante, haría todavía más difícil la tarea del “chiquitito”, pero así y todo rendidor, Axel Kicillof y sus colaboradores. Para competir con Massa que, desde las elecciones de octubre pasado, lidera la carrera, otros aspirantes tendrán que asumir una actitud igualmente crítica. Lo entiende Randazzo que, a pesar de su condición de oficialista, ha confesado que el gobierno del que forma parte ha cometido algunos errores garrafales. Aún más vehementes han sido los opositores declarados como Macri, el socialista Hermes Binner y su aliada acaso coyuntural Elisa Carrió. Hasta ahora, Scioli ha procurado permanecer fiel a su estrategia “moderada”, pero si llega a la conclusión de que la insulsez sistemática está eliminándolo de la competencia, podría decidir adoptar una postura mucho más firme. De todas maneras, si bien es del interés de todos los sucesores en potencia de Cristina que los responsables de provocar el desaguisado económico paguen los costos políticos del ajuste brutal que han hecho inevitable, no lo es que el gobierno se vea tan debilitado que no le sea dado hacer mucho más que atribuir sus desgracias a conspiradores fantasmales. Siempre y cuando no nos sorprenda la irrupción de un personaje que, como Carlos Menem en la fase final de la gestión del presidente Raúl Alfonsín, logre cambiar el panorama político del país, tarde o temprano un integrante del elenco conformado por los considerados presidenciables tendrá que encargarse de la maltrecha economía nacional. Puede entenderse, pues, la ambigüedad de quienes dicen estar convencidos de que el gobierno actual –que en su opinión es a un tiempo fenomenalmente corrupto e inepto– está llevando el país hacia una catástrofe pero que así y todo están resueltos a ayudarlo a transitar con éxito los meses que lo separan de lo que, esperan, será una salida humillante.

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