La tierra siempre fue un gran negocio en Neuquén

En 1881 se pusieron en remate 1.300.000 hectáreas en la futura capital del territorio. Tres fueron los propietarios de los terrenos. En 15 años, el valor de la tierra se incrementó un 50%.





La especulación inmobiliaria no es exclusiva de la modernidad. En la ciudad de Neuquén existió desde antes de 1904, cuando la flamante capital debió salir a comprar tierras para asentarse.

En 1880 se realizó la primera mensura del territorio ubicado entre la margen norte del río Limay y margen izquierda del río Neuquén y al año siguiente se delimitaron las parcelas, que luego serían vendidas en remate público. Se ponían a la venta 1.300.000 hectáreas. Lo que luego sería el pueblo de Neuquén quedó dividido en 35 lotes.

Sobre quiénes fueron los que compraron las tierras y el motivo que los llevó a adquirirlas, el Grupo de Estudios de Historia Social (Gehiso) de la Universidad Nacional del Comahue, determinó que “la especulación fue tal vez el móvil más evidente que se presentó en la adquisición de las tierras de la futura capital”. En 1895, el conocerse que las vías del ferrocarril cruzarían el río Neuquén y llegarían hasta la Confluencia, se produjo un interés mayor por esos terrenos. El 60% de los lotes rematados quedaron en manos de sus propietarios originales. En 15 años, las tierras del pueblo aumentaron su valor en un 50%.

Y aquí aparece uno de los principales terratenientes de ese momento: Casimiro Gómez. El español le compró al primer adjudicatario, Ernesto Nolte, las tierras que luego conformarían la nueva capital del territorio.
Gómez, Francisco Villa Abrille y Ramón López Lecube, se convirtieron en los tres propietarios de los terrenos del pueblo de Neuquén.

Terrateniente

80%
de los lotes quedaron en manos de Casimiro Gómez, en 1904, luego de comprar nuevas tierras.

“Por decreto del Poder Ejecutivo, en mayo de 1904 se aceptaron las donaciones de tierras de los dueños de las tierras. Los donantes se beneficiaron con la mensura y escrituración a cargo del Estado y la eventual y futura valorización de los lotes restantes. Gómez concentró en sus manos la propiedad de casi el 80% de los terrenos de todo el pueblo. En octubre de 1904 le compró a Villa Abrille el sobrante de uno de los lotes centrales y en 1907, pasó a poseer, en sociedad con Eduardo Bouquet Roldán, las tierras adquiridas mediante compra a López Lecube”, cuentan los historiadores de la universidad.

Así, Casimiro Gómez en 7 años, se convirtió en el dueño de todas las propiedades donde en 1902 se ubicó la punta de rieles del ferrocarril y la estación Neuquén. Al no poder hacerse cargo del “negocio” de las tierras (vivía en Buenos Aires), fundó en 1911 la sociedad Nueva España y un año después, le transfirió a la firma la propiedad de 12.930 hectáreas. “Sin embargo, el 70% de las acciones de esa sociedad continuó en sus manos”, dan cuenta los profesores universitarios.


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