En clima de tensión, Dilma pidió a la Corte que frene el juicio político

Último recurso del gobierno para intentar evitar que el Senado vote hoy el inicio del impeachment que suspenderá a la presidenta. Manifestaciones en todo el país

Por Redacción

El juicio político a la presidenta brasileña Dilma Rousseff se ha convertido en una montaña rusa política, con ascensos y descensos vertiginosos. En el último giro, el gobierno brasileño pidió a la Corte Suprema anular por vicios formales el procedimiento de impeachment, en un desesperado intento por impedir la votación de hoy en el Senado, mientras partidarios del oficialismo realizaban manifestaciones de respaldo a la mandataria en varios puntos del país.

A menos de 24 horas de que la cámara alta decida si abre un juicio político contra Rousseff, que la apartaría del poder por hasta 180 días, mientras la juzga, la mandataria aseguró que luchará con todas sus fuerzas para impedirlo. “El último día de mi mandato es el 31 de diciembre de 2018”, dijo Rousseff en una conferencia sobre políticas para las mujeres, frente a miles de fervientes simpatizantes. “Voy a luchar [contra la destitución] con todas mis fuerzas, usando todos los medios disponibles, medios legales, medios de lucha”, aseguró la mandataria de 68 años .

El presidente interino de la Cámara de Diputados Waldir Maranhão, revocó ayer una decisión que habría sumergido el proceso en la incertidumbre. Maranhão había anulado el lunes la votación del 17 de abril por la Cámara de Diputados que le había dado luz verde al proceso. Pero doce horas después del anuncio dio marcha atrás en su decisión, por razones que se desconocen, y reactivó el proceso.

Los partidarios de Rousseff mostraron su rechazo ayer con manifestaciones en más de 20 ciudades en una docena de estados. Cientos de personas bloquearon caminos y carreteras, impidieron el ingreso a universidades y quemaron neumáticos.

En Brasilia, el llamado “muro del impeachment”, un vallado de un kilómetro de largo entre la Catedral y el Congreso, ya fue levantado para separar a los manifestantes favorables y contrarios a la salida de la presidenta.

Brasil está paralizado por la batalla del impeachment, en medio de una recesión económica que se anticipa como la peor en un siglo y una enorme investigación por corrupción que tiene a decenas de políticos y empresarios en la mira.

Tras días de alocadas marchas y contramarchas, los 81 senadores tienen previsto reunirse hoy para decidir si abren el proceso de destitución a Rousseff, acusada de cometer un “crimen de responsabilidad” por ocultar déficits del presupuesto con préstamos de bancos estatales . El presidente del Senado, Renan Calheiros, dijo que la votación comenzará a las 9 local (misma hora en Argentina) y podría durar más de 20 horas.

La presidenta ha perdido el apoyo de casi todos los partidos que integraban su coalición de gobierno y cuenta con apenas un 10% de popularidad . Sondeos y analistas coinciden en que ya hay votos más que suficientes para iniciar el juicio político. Si es suspendida, el vicepresidente Michel Temer, exaliado de Rousseff y hoy su mayor enemigo, asumiría el poder de forma interina.

Críticas de la OEA

El presidente del la Organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro consultará sobre la legalidad del impeachment a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ya que el proceso “genera dudas e incertidumbres jurídicas”. Explicó que el organismo no ha recibido “una respuesta jurídica contundente” sobre la legalidad de las causas para destituir a Rousseff. Y cuestionó que el juicio sea impulsado por varios legisladores acusados de corrupción. “Eso definitivamente genera un problema estructural de cinismo”, dijo.

“Voy a luchar (contra la destitución) con todas mis fuerzas, usando todos los medios disponibles, medios legales, medios de lucha”.
Dilma Rousseff, al hablar en un congreso sobre políticas de género.


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