En un mundo multipolar

Por Redacción

China es, y con toda seguridad seguirá siendo, uno de nuestros socios comerciales más importantes, de ahí la visita del presidente Xi Jinping que vino acompañado por un par de centenares de hombres de negocios de su país, pero, como es natural, los chinos se manifestaron mucho más interesados en vendernos bienes industriales a cambio de productos agrícolas o en participar de costosas obras públicas que en ayudarnos a ser más competitivos. Parecería que la “relación estratégica” que tienen en mente se asemeja bastante a la que existía entre el Imperio Británico decimonónico y la Argentina de aquel entonces que, si bien le permitió prosperar como una gran potencia agroexportadora, la dejó descolocada cuando, a inicios del siglo pasado, la economía mundial comenzaba a girar en torno a Estados Unidos que, a diferencia del Reino Unido, no necesitaba importar carne o granos. He aquí una razón por la que sería un error suponer que la transformación de China en un gigante comercial nos resulte tan beneficiosa como algunos quisieran creer. Mal que les pese a los nacionalistas que insisten en que el país debería depender menos del campo y más de la industria, en adelante los desafíos enfrentados por los fabricantes locales serán aún mayores de lo que han sido hasta hace muy poco. Como señaló la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el “mundo vuelve a ser multipolar”, lo que de por sí es positivo pero también significa que se ha hecho un tanto más complicado que antes. Aunque, siempre y cuando nuestros dirigentes políticos y empresarios actúen con habilidad podrán aprovechar las diferencias de enfoque que se dan entre Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y China, convendría que entendieran que una consecuencia inevitable de la multipolaridad será que la competencia entre los distintos países y bloques resulte cada vez más dura. Para conservar una relación amistosa y mutuamente beneficiosa con China, la Argentina tendrá que desmantelar muchas barreras proteccionistas que han servido para obstaculizar las importaciones que Pekín está resuelto a continuar aumentando. Por desgracia, el “socio estratégico” no podrá sino privilegiar sus propios intereses, si bien a veces querrá brindar la impresión de estar dispuesto a subordinarlos a sus ambiciones geopolíticas a largo plazo, ofreciendo concesiones a fin de congraciarse con una Argentina relativamente aislada y por lo tanto tan débil que no está en condiciones de negociar desde una posición de fuerza. Además de firmar una multitud de convenios comerciales, los chinos acordaron un canje de divisas que, según el gobierno kirchnerista, fortificaría las reservas del Banco Central pero que, en opinión de expertos vinculados con agrupaciones opositoras, no modificará nada, ya que por ahora el yuan chino no es una moneda convertible aunque cambiar divisas chinas en dólares, libras esterlinas, euros o yenes ya es rutinario en plazas como Londres y Hong Kong. Sea como fuere, la idea de que China aceptara rescatar a la Argentina entregándole dinero sin garantía alguna, como aventuró Néstor Kirchner en el 2004 durante la visita del entonces presidente Hu Jintao, sigue siendo una fantasía. Cuando de la violación sistemática de las reglas financieras internacionales se trata, los comunistas chinos suelen ser tan severos y exigentes como cualquier neoliberal norteamericano. Fue en buena medida gracias a la voracidad importadora de China que no sólo la Argentina sino también otros países de América Latina disfrutaron de una década signada por el crecimiento rápido. Con todo, la relación, basada como está en la compra por parte de China de cantidades enormes de productos agrícolas o materias primas por un lado y la venta de bienes fabricados por el otro, entraña muchos riesgos. Todos los países de la región aspiran a desarrollar sus propios sectores manufactureros, aunque sólo fuera porque, lo mismo que los servicios, suministran más fuentes de trabajo que las actividades primarias, pero no les ha sido nada fácil competir con las grandes empresas chinas que, si bien ya no cuentan con la ventaja que hace apenas diez años les habían supuesto salarios inferiores a los habituales en América Latina, son por lo común mucho más eficientes, más innovadoras y menos propensas a resistirse al cambio.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 22 de julio de 2014


Exit mobile version