Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada por US$120 millones para reactivar la Planta de Agua Pesada de Neuquén

El proyecto prevé un plazo de ejecución de 36 meses para alcanzar la plena operatividad de la planta. De concretarse la reactivación, el proyecto permitiría generar alrededor de 200 puestos de trabajo directos en la provincia de Neuquén.

Por Redacción

Planta industrial de Agua Pesada de Neuquén.

Las empresas Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada ante el Estado nacional para modernizar y reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en la localidad neuquina de Arroyito. El proyecto contempla una inversión superior a los US$120 millones, un plan de obras de 36 meses, la creación de 200 puestos de trabajo y la posibilidad de exportar un insumo clave para los sectores nuclear, médico y tecnológico.

La propuesta fue formalizada por ambas compañías, con presencia en el sector energético argentino, con el objetivo de recuperar un complejo industrial que permanece inactivo desde hace casi una década.

Los detalles de la iniciativa y sus alcances técnicos fueron expuestos por Juan Bosch, presidente de Saesa, durante su participación en el Capítulo 6 de Dínamo, el ciclo de streaming de EconoJournal dedicado al análisis del sector energético.

Según explicó, las gestiones administrativas fueron iniciadas el pasado 19 de mayo y el proyecto busca transformar recursos energéticos en productos industriales de alto valor agregado.

Un activo estratégico para la industria nuclear


Durante su exposición, Bosch se refirió a la situación de la PIAP, un activo perteneciente a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y repasó las dificultades que enfrentó la planta para retomar su actividad en los últimos años.

También destacó que el gas natural y la energía eléctrica representan los principales insumos para sostener el proceso productivo.

“Argentina tiene la planta industrial de agua pesada más grande del mundo. Es la única del hemisferio sur y es capaz de exportar agua pesada al mundo. El agua pesada es gas y energía; es Vaca Muerta transformada en valor agregado, en trabajo, desarrollo y exportaciones”, afirmó Bosch.

El agua pesada es un componente fundamental para el funcionamiento de las centrales nucleares Atucha I, Atucha II y Embalse, que utilizan uranio natural como combustible y requieren este insumo como moderador y refrigerante de los reactores.

Bosch también señaló que existe una creciente demanda internacional vinculada a nuevos desarrollos científicos y tecnológicos.

“El agua pesada también se usa para la salud. Se usa para medicamentos, para inteligencia artificial, como semiconductores, microchips y para estudios de resonancia magnética. Hay una demanda creciente y un consenso global de que hay un faltante en las industrias vinculadas con el pharma, la salud y la biotecnología”, sostuvo.

Un plan de obras con horizonte de tres años


Para avanzar con la iniciativa, Saesa conformó una alianza estratégica con la empresa de ingeniería Spark, especializada en la recuperación de infraestructura energética compleja.

El proyecto prevé un plazo de ejecución de 36 meses para alcanzar la plena operatividad de la planta, aunque se evalúa la posibilidad de poner en funcionamiento de manera anticipada una de las dos líneas de producción del complejo.

Bosch aclaró que la propuesta contempla la continuidad de la propiedad estatal de la planta, mientras que la operación quedaría bajo un esquema de concesión.

“Tiene que haber una licitación pública, probablemente nacional e internacional, para quien quiera ser el concesionario de este activo que es público. La planta va a seguir siendo propiedad del Estado nacional; solamente va a ceder la operación y la comercialización del producido”, explicó.

Según indicó, ya fueron firmados memorandos de entendimiento con potenciales compradores internacionales, interesados en asegurar el abastecimiento futuro del producto.

De concretarse la reactivación, el proyecto permitiría generar alrededor de 200 puestos de trabajo directos en la provincia de Neuquén.

La evaluación del proyecto


Bosch sostuvo que el principal desafío para avanzar con la iniciativa no está relacionado con el financiamiento ni con la provisión de insumos, sino con la necesidad de impulsar consensos para concretar la propuesta.

“Lo que me preocupa es vencer la inercia, la tarea de evangelización y convencer de que esto es posible y que es bueno para todos. Tenemos los compromisos de inversión, de provisión de gas y de compra del agua pesada; con foco y determinación, en menos de tres años podemos estar en el top five del mundo”, afirmó.

La PIAP fue inaugurada en 1993 y no registra una producción comercial continua desde 2017.

La propuesta quedó ahora bajo análisis de los equipos técnicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que deberán evaluar la viabilidad del proyecto y los pliegos licitatorios necesarios para avanzar con la reactivación del complejo.

Desde el gobierno neuquino aún no han emitido un comunicado oficial sobre está acción. Diario RÍO NEGRO consultó a fuentes provinciales sobre la iniciativa privada, pero no obtuvo respuestas.

Con información de EconoJournal.


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