Trabajó durante décadas en el petróleo, pero decidió darle un giro a su vida para regresar al sueño de su infancia: fabricar casas autosustentables

Cuando era joven, Pablo Terranova experimentaba a prueba y error con pequeños paneles solares que le regalaba su familia. Durante muchos años se ganó la vida trabajando para la industria de los hidrocarburos, pero una difícil etapa personal lo impulsó a retomar su vieja pasión y fundar Eco Terra Energías Renovables. Hoy está acompañado por sus hijos, y apunta a un proyecto que mantuvo en borrador durante mucho tiempo.

Por Lautaro Acuña Heier

Pablo fundó Eco Terra en 2010, pero su proyecto comenzó a funcionar en 2015. Foto: gentileza.

Pablo fundó Eco Terra en 2010, pero su proyecto comenzó a funcionar en 2015. Foto: gentileza.

Nacido en Plaza Huincul, desde joven estuvo fascinado por cómo se podía generar energía a partir del sol y el viento. Esta ilusión fue postergada cuando finalizó el colegio técnico y le surgió la oportunidad de trabajar en la industria petrolera, la cual no dudo en aceptar. Décadas después, una enfermedad fue el click que lo motivó a regresar a su sueño de toda la vida: trabajar con las energías renovables.

Esa es la historia de Pablo Terranova, quien fundó la pyme Eco Terra Energías Renovables ubicada en Neuquén Capital. Sin embargo, el proyecto no prosperó desde el principio, y tuvo que esperar varios años más para que el contexto a nivel nacional se volviera más favorable y que su empresa pueda comenzar a caminar.

Antes de Eco Terra, su primer proyecto relacionado a las energías renovables lo inició a sus 17 años. Se trató de una fábrica de aerogeneradores que realizó con un compañero mientras cursaba su sexto año en una ENET. Incluso antes, recuerda que a sus 15 años ya cargaba las pilas de las linternas con la luz del sol, motivado por la revista «Lupin», que era su favorita para leer.

Pero su vínculo con la industria hidrocarburífera venía de familia, ya que él era proveniente de un «pueblo petrolero», donde su papá y abuelo ya contaban con experiencia en el rubro. «A eso se le suma a que gané una beca como dibujante en YPF por la que entré al petróleo, y ahí duré por lo menos 25 años, pero siempre con las ganas de hacer algo con las energías renovables«, indicó.

En 2010 le tocó atravesar una difícil situación personal, hecho que lo motivó a fundar su propia pyme. «Después de que me agarrase una neumonía y quedar un mes en cama, me replanteé un poco todo», confesó, a lo que se sumaba un periodo de estrés que arrastraba. «Ahí dije, tengo que volver, tengo que hacer lo que me gusta, lo que siempre quise«. 

A pesar de la motivación inicial, su primer intento de trabajar con las renovables no prosperó, y tuvo que regresar al petróleo. «Fue nefasto porque no pude hacer nada, pero por lo menos pude ir aprendiendo también, me fui a Buenos Aires a hacer cursos, y conocí personas que hoy siguen siendo mis proveedores», destacó.

Para 2015 se encontraba trabajando para una empresa canadiense, que tras concretar su venta a otra firma le ofreció a varios de sus trabajadores un retiro voluntario a cambio de una doble indemnización.

Pablo interpretó la mala noticia como una señal, y fue uno de los primeros en levantar la mano: «Algunos esperaron hasta el final, otros se terminaron fusionando, pero yo lo vi como la oportunidad ideal. Era ahí o nunca. Hubo un poco de riesgo, varios me decían que estaba loco, que podía aguantar, pero ya había decidido irme del petróleo«.

Hoy en día es ayudado por sus dos hijos, Luca y Lucila. Foto: gentileza.

El desafío de comenzar a emprender


A partir de distintos viajes al exterior que había realizado mientras trabajaba en el sector petrolero, ya veía venir el «boom» de las renovables. Argentina no fue la excepción, y en un escenario de aumento de las tarifas de luz y la implementación de distintas leyes a nivel nacional y regional que buscaban impulsar estas energías, Eco Terra por fin pudo funcionar.

El dinero del retiro de la empresa, junto con parte de sus ahorros previos, le permitieron sostenerse durante los primeros meses que atravesó sin tener ingresos fijos, así como comprar los primeros equipos que necesitaba para llevar adelante la empresa. Entre ellos, sus herramientas de trabajo y un vehículo usado.

El conocimiento no era problema, aunque se reconoce como alguien más práctico que teórico, y que cada vez que le preguntan se autoproclama «más ingenioso que ingeniero». Desde chico estuvo interesado por cómo funcionaban las energías renovables, haciendo experimentos a prueba y error con la electrónica y pequeños paneles solares que regalaba su familia.

En relación a cómo fue manejar Eco Terra en sus inicios, aseguró: «En ningún momento la sufrí, a veces sí he llegado con lo justo algunos meses por invertir demasiado y no vender rápido, pero no me arrepiento de nada de lo que me pasó«.

El paso de dejar de estar en relación de dependencia a tener que liderar una propia pyme no es sencillo, pero él aseguró estar preparado para ello. «Siempre tuve alguna otra tarea de chico, sumado al hecho de ver que el petróleo era tan fluctuante. Sin ir más lejos, en mi pueblo ocurrió la famosa Pueblada, que dejó a un montón de gente sin laburo, incluido mi papá y todos mis familiares, entonces eso me impulsó a ser emprendedor».

Pablo empezó solo el proyecto, aunque con algunos socios temporales para llevar adelante ciertos trabajos. Tiene buena relación con sus colegas en la industria, aunque su actual proyección a futuro está dirigida hacia diversificar su empresa debido a la cantidad de competencia. «Un poco está pasando lo que pasó con las canchas de pádel en los noventa«, ejemplificó.


Una pyme familiar y un proyecto en conjunto


Hoy en día se encuentra acompañado por sus dos hijos, Luca (19) y Lucila (24) quienes siempre lo apoyaron e incluso lo ayudaron con el nombre de la pyme cuando eran niños, haciendo juego con su apellido Terranova. Ellos se encargan de manejar las redes sociales y la página web de Eco Terra.

Además, coincide que actualmente ellos cursan carreras que les permiten darle una mano desde una perspectiva técnica: Luca es técnico electrónico y estudia la Licenciatura en Energías Renovables; mientras que Lucila está rindiendo la tesis final de arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba.

Con la ayuda de ambos, Pablo proyecta cumplir un sueño que tuvo pendiente toda la vida: la construcción de casas autosustentables. Esa meta, guardada durante mucho tiempo, la había retomado el año que sufrió una fuerte neumonía, cuando tomó el papel y dibujó sus primeros prototipos.

La idea finalmente comenzó a cobrar forma cuando se armó su propia casa con esas características, hace cinco años. Si bien vive en un barrio que tiene servicios, el proceso le permitió experimentar con distintas técnicas que podría implementar en el futuro, incluyendo domótica y tratamiento de efluentes.

«Entonces, entre los tres diseñamos una casa que sea totalmente autosustentable y el mes que viene empezamos a construir la primera. Mi hija me ayuda desde la arquitectura, y mi hijo en todo lo que es domótica y la parte electrónica para que la casa se maneje sola, como en la calefacción y refrigeración», explicó. 

El principio de la energía es que nada se pierde, sino que todo se transforma. Bajo ese lema, la pyme aspira a poder ofrecer un hogar de alta eficiencia. No se trata necesariamente de algo nuevo en Argentina, aunque el país es relativamente nuevo «con esto de las renovables y de la permacultura», según Pablo.

«Se que en Córdoba hay muchas aldeas que ya usan la permacultura, por ahí no con tanta tecnología, pero casas eficientes si las hay» -señaló- «Yo no estoy inventando nada, sino que estoy haciendo un rejunte de todo lo que hay en el mercado para hacer una construcción de alta eficiencia con todo lo que hay disponible«.

Para él se trata de un objetivo común, pero que no todo el mundo se anima a implementar. «El sueño mío es vivir en el medio de la nada sin pagarle servicio a nadie ¿De quién no? Muchas personas piensan que es imposible, pero no es así», afirmó.


Nacido en Plaza Huincul, desde joven estuvo fascinado por cómo se podía generar energía a partir del sol y el viento. Esta ilusión fue postergada cuando finalizó el colegio técnico y le surgió la oportunidad de trabajar en la industria petrolera, la cual no dudo en aceptar. Décadas después, una enfermedad fue el click que lo motivó a regresar a su sueño de toda la vida: trabajar con las energías renovables.

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