Viaje a El Trapial, el área de Chevron en Vaca Muerta donde invertirán US$13.800 millones
La gigante norteamericana abrió por primera vez desde que encara el shale argentino las puertas del único yacimiento que operan en el país que abarca un área que duplica a la Cuidad de Buenos Aires. Cómo hacen los pozos hacia cuatro zonas diferentes de la formación a las que bautizaron con nombres de varietales de vinos.
A 250 kilómetros de la ciudad de Neuquén, casi en el límite con Mendoza, la gigante norteamericana Chevron comenzó a desarrollar en 1999 el bloque El Trapial que en la era dorada del convencional supo estar en el podio de los yacimientos más productivos del país. Hoy, 27 años después, la operadora está redoblando la apuesta al bloque pero esta vez de la mano de Vaca Muerta y con una megapropuesta al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) para invertir allí nada menos que 13.800 millones de dólares.
Llegar a El Trapial deja en claro lo extensa que es la formación Vaca Muerta, ya que desde la ciudad de Neuquén toma unas cinco horas llegar por ruta. Pero El Trapial es uno de los pocos yacimientos que cuentan con su propia pista de aterrizaje, con lo que tras un vuelo de 35 minutos y 70 sacudones por el viento, se arriba al corazón del proyecto de Chevron.
El paisaje es muy diferente al del corazón de Vaca Muerta, en la zona de Añelo. En este bloque de 450 kilómetros cuadrados, más de dos veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires, las sierras precordilleranas dominan, el verde de la vegetación achaparrada contrasta con el rojo del suelo arcilloso y el azul inmaculado del cielo.

En la era dorada del convencional, El Trapial – Curamched fue uno de los bloques más productivos del país, con un aporte que llegó a rozar los 70.000 barriles diarios. La pista de aterrizaje se montó en esos años, junto con un campamento para 50 personas que hoy sigue inmaculado y que cuenta entre su equipamiento con una cancha de fútbol y otra de paddle.
Lo que queda muy poco de la era del convencional son pozos en producción. Hoy hay apenas 40 perforaciones de esa época que siguen en producción y cuyo aporte es una ínfima parte de los 40.000 barriles equivalentes de petróleo por día que provienen de la «segunda vida» del bloque, el shale de Vaca Muerta.
Casi en paralelo al acuerdo que Chevron selló con YPF para el desarrollo de Loma Campana -que fue el puntapié de toda la actividad en Vaca Muerta, la norteamericana comenzó a estudiar las condiciones de Vaca Muerta en El Trapial.
En 2022 la firma decidió ir para adelante, reconvirtió en concesión no convencional dos tercios del área (que hoy se llama El Trapial Este) y ya puso en producción 47 pozos que son los que les dan la actual producción.
Este es el único desarrollo en el que Chevron opera por su cuenta, y los únicos mamelucos que se ven en el campo son los de ellos. Pero la apuesta no queda solo allí: el Gerente de Operaciones de Chevron Argentina, Juan Pablo Romanato anticipó que ya se tramita ante el gobierno de Neuquén una segunda concesión no convencional (Cench) sobre la porción restante del bloque se llamará El Trapial Oeste.
Vaca Muerta: el foco de crecimiento de Chevron en el shale global
La recorrida por locaciones, plantas satélite y baterías es lidera por Leandro Cruzale, el Superintendente de El Trapial, quien explica que son 12 los pads que ya están en producción en el área con una particularidad más que destacada, pues a diferencia de otros shales del mundo e incluso de otras zonas de Vaca Muerta, la roca generadora de la cual se extrae el gas y el petróleo tiene en El Trapial 350 metros de espesor y cuatro niveles de navegación hacia los cuales se dirigen los pozos.
Estas condiciones son la razón por la que Romanato marcó que «acá es donde tenemos la mayor expectativa de crecimiento del portfolio global», pues recordó que si bien Chevron tiene enormes desarrollos en el shale de los Estados Unidos, ya se encuentran allí a su máxima capacidad.
Es que, a diferencia de los 47 pozos realizados en Vaca Muerta, la firma cuenta con 2.300 en Permian, 400 en DJ y 1.900 en Bakken, formaciones que si bien no son iguales al shale argentino, sí le dan un cúmulo de conocimientos que la operadora aprovecha para aplicar en Vaca Muerta.
Esto se ve claramente en la forma en la que la compañía norteamericana hace los pozos en Vaca Muerta. Por su ubicación, en el extremo norte de la formación, los pozos deben descender en forma vertical una mayor distancia que la que recorren en la zona de Añelo.
Pero además, desde Chevron se decidió no solo apostar cada uno de los cuatro pozos que forman un pad (locación conjunta) a una franja diferente de Vaca Muerta, sino que e un juego de equivalencias entre los taninos de los varietales del vino y el contenido orgánico de las zonas shale, les pusieron nombres más que curiosas a cada nivel de navegación: Bonarda, Malbet, Cabernet y Tannat.
Es así que los pozos descienden en vertical entre 2800 y 3100 metros, según la cepa del «vino» que vayan a buscar. Y desde allí emprenden las ramas horizontales de 3000 metros en promedio en donde la firma realiza unas 46 etapas de fractura, dado que usa un espaciado de 65 metros entre cada una.
Con este diseño ya en marcha, la operadora continua las gestiones con el gobierno nacional para la aprobación del proyecto que presentó ante el RIGI por nada menos que 13.800 millones de dólares, una de las propuestas más altas, y en la que Romanato detalló que se contempla tanto el actual bloque de El Trapial Este, como el extreno Oeste que se gestiona su concesión no convencional con el gobierno neuquino.
Desde Chevron no se dan, a nivel global, proyecciones de la inversión que buscan. Pero claro está que así como en la era del convencional El Trapial fue una de las estrellas de Argentina, la apuesta ahora no tiene ningún indicio de querer quedarse atrás.
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