Entre la cautela y la acción
WASHINGTON.- Dos días necesitó Barack Obama para pronunciarse públicamente sobre una respuesta de Estados Unidos al posible empleo de armas químicas por parte del régimen en Siria. “Esto es claramente un suceso que provoca una gran preocupación”, dijo el mandatario estadounidense en una entrevista con CNN, antes de que se conociera el movimiento de tropas, anoche a última hora. Y si bien el ala dura del Congreso en Washington hubiese deseado escuchar palabras más duras del presidente, Obama expresó de alguna manera lo que hasta ahora venía siendo un tabú: ¿Puede Estados Unidos permitirse una nueva intervención militar? El presidente advierte con insistencia de “intervenciones muy caras y muy difíciles”. Nunca antes Obama había puesto el foco de atención en los costos. Desde que asumió el cargo en el 2008, poner fin a la intervención militar en Irak y Afganistán estuvo entre sus máximas prioridades. Una nueva guerra en Cercano Oriente sería lo último que Obama pretende en la actualidad, también porque Estados Unidos está desangrada económicamente. En varias oportunidades durante la entrevista Obama se manifestó en contra de las exigencias de una intervención militar. El ex candidato republicano a la presidencia y ex héroe de Vietnam John McCain está haciendo presión más que nadie en ese sentido. “Estados Unidos tiene la capacidad de destruir los 40 ó 50 aviones del ejército sirio utilizados durante la guerra civil. Podemos destruir las pistas de despegue y aterrizaje”, dijo McCain. El auge de las fuerzas islamistas radicales dentro de las filas rebeldes hace saltar las alarmas en Washington. Nadie quiere cometer el mismo error que en Afganistán, donde Estados Unidos apoyó en los años 80 a los musulmanes radicales contra los ocupantes soviéticos. Más tarde los talibanes que llegaron al poder concedieron refugio a la red terrorista Al Qaeda. (DPA)