¿Es Macri la derecha?

Redacción

Por Redacción

Ricardo Gamba gambaricardov@gmail.com

Desde el kirchnerismo y los sectores que gustan designarse a sí mismos como progresistas, se repite hasta el cansancio el latiguillo de que el Pro “es la derecha neoliberal”. Fuera del hecho de que para sostener esta creencia deben concentrarse en la figura personal de Mauricio Macri, ignorando la heterogénea composición del Pro y más aún de la alianza Cambiemos, que integra sectores como el radicalismo y la Coalición Cívica que nadie razonablemente puede considerarlos como “la derecha”, semejante afirmación se parece más a un prejuicio que a una caracterización rigurosa del fenómeno. El discurso que pretende instalar Macri, y para ser más preciso la alianza Cambiemos, no puede ser reducido a las categorías tradicionales de izquierda y derecha. En rigor se trata justamente de una visión de la realidad y de una propuesta que intenta superar esa polaridad e instalarse en un punto de vista que las integre y trascienda. Esa característica del discurso macrista, a primera vista de un tono new age y hasta naïf, que insiste en la búsqueda de consensos sociales y políticos amplios, en la superación de antinomias y de conflictos para concentrarse en la gestión y la resolución de los problemas concretos que afligen a la sociedad, es el núcleo de una concepción que intenta pensar la política lejos de la forma tradicional de “amigo-enemigo” con que gustan pensarla quienes siguen sosteniendo la distinción entre izquierda y derecha como la dominante. Es verdad que Macri dice poco de las ventanas y paredes del edificio que promete construir, pero su discurso se orienta a los cimientos, a un modo distinto de pensar y practicar la vida política. En ese sentido, muy lejos de ser naïf, su discurso es radicalmente de ruptura respecto al que kirchneristas y la izquierda pregonan y practican, signado por la lógica tradicional de la política concebida, invirtiendo la célebre frase de Von Clausewitz, como la continuación de la guerra civil por otros medios. El macrismo, y más aún con la alianza Cambiemos, intenta integrar reclamos y consignas de ambos sectores. Es, sin duda, más pro mercado y amistoso con los empresarios que el progresismo local, pero también es mucho más pro Estado, incluso populista, y preocupado por los problemas sociales que la derecha tradicional. Intenta un camino ecléctico, conciliador, que aspira a generar consensos mucho más amplios e integradores de lo que creen posible y deseable los cultores de la oposición izquierda-derecha. Para algunos esta posición representa algo así como la “antipolítica”, en la medida que parece negar o desconocer la natural existencia de conflictos de intereses e ideológicos naturales en toda sociedad. Quizá sea cierto, pero en todo caso esta acusación lleva el reconocimiento implícito de que no se trata de un pensamiento de derecha tradicional. Sin embargo no hay razones para pensar en que el discurso de Cambiemos implique la negación de conflictos, sino más bien la convicción en un procedimiento distinto de resolverlos, basado en el diálogo, la transacción y sobre todo la mediación de las instituciones republicanas, procedimiento que se ubica en las antípodas de la épica de héroes y villanos sobre la cual los populismos latinos construyen su poder. Cualquiera, con todo derecho, puede pensar que este camino del medio, tan extraño a nuestra cultura política, es impracticable o incluso indeseable. Lo que no puede hacerse, por pereza intelectual o terrorismo ideológico, es ignorar el carácter novedoso del discurso macrista y forzar su reducción a categorías que no pueden explicarlo satisfactoriamente. No se puede reducir lo nuevo a lo viejo ni lo distinto a lo conocido, como alguien que sólo sabe de cuadrados y círculos y cuando se le aparece un triángulo se empeña en afirmar que no es más que un cuadrado disfrazado.

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