Esencia
del Chaco salteño
Antes, habló con “Río Negro” de su intensa agenda y su música.
Oscar Esperanza Palavecino nació el 18 de diciembre del 59 en el paraje Rancho El Ñato, departamento Rivadavia, próximo al límite tripartito entre Argentina, Bolivia y Paraguay, y de las márgenes del río Pilcomayo, Chaco salteño. De ahí su apodo. A los veinticinco, tocando bombo legüero, integró Pilcomayo Tres con el que grabó su primer LP en 1987, y se presentó en la Serenata a Cafayate y en el Festival de Cosquín. Mientras tanto trabajaba como chofer de colectivos interurbanos, actividad que abandonó en el 95 para dedicarse por entero a su pasión, la música, por la que ha superado incontables momentos duros de su vida, por la que entrega toda la energía que tiene.
“Yo voy pa’ delante, si no tuviese temperamento firme me hubiera quedado en mi provincia. A veces me pregunto para qué reniego, hago esto o lo otro, pero siempre me encuentro un paso más adelantado de cada cosa. Es una de las virtudes, vamos a decir así, para poder llevar adelante todo esto. Porque parece ser que es fácil la historia, vista de afuera… Cuando se forma parte de un grupo, se dividen los esfuerzos, pero acá todo recae en mí. Siempre hay cuestiones a resolver, si se enferma un músico, hay que ver quién puede venir en su lugar. Permanentemente estoy trabajando para que esto funcione y antes de estar sobre el escenario, hay que organizar los viajes, coordinar fechas. Estoy a tiro siempre de todo.
–El año pasado pasaste por duros problemas de salud de tus músicos…
–Sí, de tres de ellos y uno falleció, la primera guitarra (Oscar “Chato” Bazán). El Pascual, del bombo, con dos ACV (accidentes cardiovasculares), otro con un tumor en la garganta que está en tratamiento… Son cosas que llevan a preguntarse por qué, de golpe, tantas complicaciones juntas… En mi familia también, con enfermedades, y anteriormente la muerte de un hermano mayor. Situaciones por las que pasa cualquier persona, pero no son fáciles para mí. Pero bueno, apechugo y le doy pa’ delante con la ayuda de un equipo de gente que me apoya y siempre está. Yo he elegido esto por algo… Lo hago porque lo siento y en los comienzos lo decidí, como otros eligen realizar otra actividad, deporte, una profesión. A mí se me ha dado por cantar y creo que en la ida y vuelta con el público, cuando vos estás en el escenario, se te va todo, me olvido de todo. Capaz que hasta antes de subir estoy metido pensando en resolver o armar algo, hacer esto o lo otro para que salga lo mejor posible la presentación que se viene. Cuando estoy con el público que le interesa que cante temas que los reviven a ellos también, me hace sentir que soy útil, que sirvo, que por algo estoy en esto. Y bueno, me entrego, entrego toda la energía y cuando bajo es como que he corrido diez kilómetros (reímos). He dado todo, me siento bien. En veintisiete años ya he hecho bastante para mí, para los músicos, para la cultura, para mi provincia, para mi país…
– Para tu pueblo, tu región…
–Sí… Y para el folclore. Yo me siento realizado, viniendo de aquel rincón de Salta en el que hoy estamos padeciendo por las inundaciones… Se salió el río Pilcomayo y está el pueblo de Victoria rodeado por un anillo de tierra pa’ que el agua no pase, con un problema tremendo ellos, pobres. Yo vengo de allí, de esa zona, de esa esencia del chaco salteño… Y he podido hacerla conocer en otras partes de Argentina y ahí es ande uno se siente que no ha pasado desapercibido por esta vida, que ha realizado algo por su lugar, que lo he hecho notar. Eso es lo lindo! Después Dios dirá… Yo estoy conforme con lo hecho hasta ahora, porque no ha sido en vano.”
–Ya casi es una regla que cada recital tuyo se llene de bote a bote y que no se sepa cuánto tiempo vas a cantar…
–Hasta ahora, por suerte, donde vamos hay mucha gente. Se habla de catorce mil, de veinte mil, cuarenta y cinco mil personas… Hemos hecho yunta con Abel Pintos –que está en punta y esto le hace bien a la música– en La Paz, Mendoza. Se han juntado los dos públicos y sumaron cuarenta mil, no sé. Es la oportunidad que tienen los pueblos chicos cuando llegan los cantores populares o los que se han hecho notar o le han dado… Digamos, por algo van a vernos… Yo siento, que vengo de hace rato con gran público, que ojalá nunca me falte por no sé qué vamos a hacer, ya estamos acostumbraos a eso…
– Te va a sentir muy raro (risas).
–La otra de cantar, bueno… Tengo un repertorio grande, muchas canciones, muchas, que hemos armado en los propios discos. Me sobran temas, no sé cómo organizar lo que voy a cantar, a veces… Están un “Amor salvaje”, un “Juan de la calle”, “La ley y la trampa”, tantos que no puedo dejar de lado. Siempre los tengo que hacer porque son parte de la gente. Como esos hay varios. Entonces me cuesta seguir metiendo temas nuevos, los pongo y les gustan, pero están los otros que me piden. Y ahí se me hace largo el tiempo, se estira. Tengo que cantar lo nuevo y complacer los pedidos, los otros que son conocidos, los populares. En Cosquín tuve problemas con el horario y lo hablamos, arreglamos bien con los organizadores, como gente grande, y ahora voy (cantó el viernes 25 de enero pasadas las cuatro de la mañana) con una hora diez para desarrollar todo… Me adapto a eso también, a la hora diez, hora y cuarto, porque hay otros artistas también. Yo tengo mi público que es familia, el chico y la gente mayor, de setenta, ochenta años, que viajan desde temprano para ir al Festival y hacerlos esperar, tampoco es bueno…
“En veintisiete años ya he hecho bastante para mí, para los músicos, para la cultura, para mi provincia, para mi país…”, dice El Chaqueño.
Eduardo Rouillet
eduardorouillet@gmail.com
Oscar Esperanza Palavecino nació el 18 de diciembre del 59 en el paraje Rancho El Ñato, departamento Rivadavia, próximo al límite tripartito entre Argentina, Bolivia y Paraguay, y de las márgenes del río Pilcomayo, Chaco salteño. De ahí su apodo. A los veinticinco, tocando bombo legüero, integró Pilcomayo Tres con el que grabó su primer LP en 1987, y se presentó en la Serenata a Cafayate y en el Festival de Cosquín. Mientras tanto trabajaba como chofer de colectivos interurbanos, actividad que abandonó en el 95 para dedicarse por entero a su pasión, la música, por la que ha superado incontables momentos duros de su vida, por la que entrega toda la energía que tiene.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora