¿Estamos preparados para el despegue de Vaca Muerta?

Con apenas un 5% en desarrollo masivo, en ocho años, generará ahorros para el país por sustitución de importación de gas por más 11.000 millones de dólares.



Desde hace al menos siete años, el desarrollo de shale y tight gas, tiene un fuerte impacto de ahorro para las cuentas del país.

El paso, esta semana, del precoloquio IDEA en Neuquén marca el fin de la discusión, para el mundo empresarial argentino, sobre la potencialidad y el presente de Vaca Muerta. Hace tiempo los no convencionales entraron en una fase en la que las olas salpican a la economía en general.

Si bien la fecha de nacimiento suele ponerse en 2012, recién el año pasado el gas y petróleo no convencional comenzaron a generar divisas por exportaciones. Pero desde hace al menos siete años, el desarrollo de shale y tight gas, tiene un fuerte impacto de ahorro para las cuentas del país por la sustitución de importaciones: la cifra, que incluye la proyección del año próximo, es tan abultada que equivale al último desembolso aprobado por el FMI, más de 11.000 millones de dólares.

No hay un objeto que pueda dimensionar el valor calculado. Pero puede compararse con el último dato de reservas disponibles del Banco Central: 64.669 millones de dólares. Si bien es cierto que se trata de un acumulado, que incluye la proyección de lo que resta del año y 2020, no menos real es que sólo el 5% de la superficie de Vaca Muerta está en desarrollo efectivo.

Cualquier especialista que se consulte difícilmente pueda imaginar qué pasaría con el 50 ó 75 por ciento de los 30.000 kilómetros cuadrados de no convencionales neuquinos en marcha. Sí, coinciden, el objetivo es la exportación porque el mercado interno es tan acotado que apenas necesitaría un ajuste en el gas para los meses más fríos y hoy estaría resuelto.

Son alrededor de 1.500 km² en ocho yacimientos los que están en “desarrollo masivo”, como se denomina a un proyecto no convencional cuando va en búsqueda de su máximo nivel de producción. Generalmente ese objetivo es alcanzado en un plazo de cinco a diez años. De los ocho desarrollos masivos, la mitad recientemente ingresó a esta etapa.

Aún con este incipiente desarrollo casi dos de cada 10 barriles de crudo del país salen de Vaca Muerta y cuatro de cada diez moléculas de gas argentino vienen desde la formación geológica o de sus hermanas, conocidas como tight gas.

Si a la producción no convencional de hidrocarburos se le suma la convencional, Neuquén produce más del 25% del petróleo del país y más del 60% del gas. Una cifra que puede duplicarse en apenas un lustro.

La generación de divisas, el ingreso de dólares por ventas al exterior, comenzó a despegar recién este año. Según el último dato disponible de la secretaría de Energía se enviaron al exterior, básicamente Chile, 6,2 millones de metros cúbicos de gas diarios en mayo, lo que significa poco menos del 10% de la producción neuquina.

Este año se esperan un resultado de 1.380 millones de dólares, pero para el año que viene el número podría ampliarse por encima de los 2.500 millones.

Venta de granos

Si bien está lejos de las exportaciones de granos, que dependiendo del año pueden rondar los 30.000 millones de dólares, las historias de los desarrollos tienen casi un siglo de diferencia. Argentina debe superar su estacionalidad, en el verano sobra y en el invierno falta gas, pero lo que resulta interesante es que la exportación de petróleo puede ser el puntapié para desarrollar una generación constante de divisas.

Pensar en equiparar Vaca Muerta con la Pampa Húmeda, algo con lo que sueña el gobierno nacional, podría llevar al menos una década y el doble de la inversión acumulada a la fecha: 40.000 millones de dólares. Pero, ¿Está preparada la provincia y el país para una revolución así?

Las claves del éxito de Vaca Muerta

Productividad. La calidad de la roca madre neuquina, desde donde se extrae el gas y el petróleo, es igual o superior a las de Estados Unidos o Canadá. Tiene más material orgánico y su espesor en algunas zonas supera los 400 metros.

Costos en pesos. SI bien parte de su cadena de producción está dolarizada, tiene costos pesificados como los laborales o todos los servicios por fuera de los yacimientos.

Curva de aprendizaje. Contar con una compañía de mayoría estatal alineó los objetivos de desarrollo entre lo público y lo privado. Los desarrollos de YPF aplanaron los desafíos que en otros países llevó décadas.

Políticas de Estado. El actual y anterior gobierno nacional tomó como una prioridad el desarrollo de los recursos estratégicos como lo son las energías. Ambos crearon o sostuvieron políticas de incentivo y de acuerdos intersectoriales para su desarrollo.

Contexto de inversiones. Quizá este sea el único punto más difícil de conseguir. Los proyectos no convencionales se repagan en, al menos, una década.

Impacto directo e indirecto de la inversión petrolera

En la industria petrolera existe una cuenta que no pierde rigurosidad pese a la generalización. Por cada dólar de inversión directa, es decir el número presentado por una operadora, hay otro dólar de inversión indirecta en actividades de servicio, transporte, mercado inmobiliario y hasta ocio. Es decir, por cada dólar que se entierra en el yacimiento hay otro dólar para economías laterales.

Entre 2010 y el proyectado hasta 2020, Vaca Muerta acumuló 40.270 millones de dólares de inversión directa. Este año se esperan 5.343 millones de dólares y por primera vez superará la barrera de los cinco mil desde 2015. Más allá de las explicaciones técnicas y políticas locales, las inversiones en la industria petrolera se mueven, centralmente, con el ánimo del precio internacional del crudo.

En total son 29 las empresas con contratos de concesión en Neuquén. Sin embargo no son más de cinco las operadoras que apuestan grandes sumas de dinero a riesgo en los no convencionales de Vaca Muerta.

Por ejemplo, YPF superó, desde 2012 a la fecha, los 10.800 millones de dólares de inversión en los no convencionales de Neuquén. Más lejos le siguen PAE, Tecpetrol (del grupo Techint) y las internacionales como Chevron, Exxon y Shell, entre otras que fueron sumándose.

El mal holandés y los errores que no se tienen que repetir

“Un desarrollo exitoso impactará en todos los aspectos de la macroeconomía del país”, es la frase que utiliza el economista Ricardo Arriazu quien tiene realizado un pormenorizado estudio sobre el peso de desarrollos de los no convencionales. Pero también advierte: “si se comenten errores pueden llevar todo al mal holandés”.

Arriazu fue uno de los más destacados expositores que tuvo el precoloquio Vaca Muerta de IDEA. En su exposición comentó algunos de los resultados que tiene su informe e indicó que un desarrollo pleno de la formación impactará en el PBI, en el sector externo y en Neuquén, a la que podría modificar por completo.

Se mostró confiado en el éxito de Vaca Muerta, pero reseñó que actualmente hay 900 pozos cuando, para un desarrollo general, se necesita entre 25.000 o 30.000. Si bien la cantidad de pozos dejó de ser un indicador, explicó el especialista que ahora lo son las etapas de fracturas, si se mantiene el actual ritmo se necesitaría 150 años.

Hay estimaciones en el mundo que hablan de una necesidad de no más de 50 años para los hidrocarburos fósiles por lo que no existe demasiado tiempo para esperar. Si el nivel de actividad actual ya genera impacto, cabe preguntarse cómo será la industria, los caminos, las ciudades y lo que uno quiera pensar, con un desarrollo multiplicado apenas por tres o cuatro veces.


El especialista aclara lo del “mal holandés” muy conocido en las teorías económicas y donde se expresa que depender de una sola actividad puede llevar de la bonanza al desastre porque todos los servicios y actividades laterales dependen de la primera: los precios suben, la mano de obra se concentra y desaparece la diversificación. Algo que en Neuquén ya pasa, aunque incipientemente.

Además del riesgo de la concentración, uno de los que más resaltó Arriazu fue el ambiental. Reclamó a las empresas vinculadas al sector de explotación de petróleo y gas, más allá de las mejoras competitivas que presenta Vaca Muerta sobre otras formaciones no convencionales, transparentar sus operaciones y no ocultar a la sociedad los contratiempos.

En números

543.000
barriles de petróleo al día produce el país. Más de 81.000 salen de Vaca Muerta con solo dos yacimientos en desarrollo masivo de crudo.
28.000
trabajadores tiene la industria petrolera neuquina contando solo a los afiliados a Petroleros Privados y Petroleros Jerárquicos.

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