+60: así pasó Sergio Landoni de las telecomunicaciones a Embajador del Vino Neuquino

Una nueva madurez emerge y los +60 dan pista de este cambio de mentalidad. Cómo se pueden rescatar vocaciones que traemos desde siempre en nuestras vidas y ponerlas en un primer plano. Historia inspiradora.

Cuando Sergio Landoni (62) subió al escenario de la Fiesta Nacional del Chef Patagónico, el pasado Primero de Mayo en Pehuenia, para recibir la distinción de Embajador del Vino Neuquino, hubo algo que le atravesó la cabeza de golpe: jamás había imaginado terminar ahí.
No porque el vino no hubiera formado parte de su vida. Al contrario. Desde hacía años lo acompañaba la curiosidad por entender qué había detrás de una botella, por qué algunos vinos lograban transmitir paisaje, clima, historias y personas. Pero durante mucho tiempo esa inquietud convivió silenciosamente con otra vida: décadas dedicadas al mundo de las telecomunicaciones, recorriendo la Patagonia entre estancias, Parques Nacionales, caminos de montaña y kilómetros de rutas provinciales.
Su trabajo lo llevó muchas veces a lugares remotos, vuelos en helicóptero, paisajes inmensos, encuentros con gente de campo, asados y una manera distinta de vivir el tiempo. Sin darse cuenta, esa vida también fue moldeando la mirada con la que años más tarde terminaría acercándose al vino.

Sergio Landoni, hoy sommelier de territorio.


La historia en la Patagonia había comenzado algunos años antes. En 1991, Sergio Landoni dejó La Plata y llegó primero a Roca, en el Alto Valle de Río Negro. Allí apareció el primer contacto real con el mundo del vino: pequeños productores, viñedos históricos y conversaciones que despertaron una curiosidad que todavía no imaginaba hasta dónde podía llevarlo.
Radicado desde abril de 1996 en San Martín de los Andes, la Patagonia terminó convirtiéndose en una elección de vida. Mucho antes que el vino estuvieron la montaña, el sur y la búsqueda de otra forma de vivir. Junto a su familia comenzó entonces una historia nueva en la cordillera neuquina.
Con los años, la Patagonia dejó de ser un destino para transformarse en hogar. Ahí crecieron sus hijos, ahí construyó amistades, proyectos y una manera distinta de mirar el tiempo.

Toma de Landoni de la bodega Loma Redonda, en la ladera norte del valle del Lácar.


Ya instalados en San Martín de los Andes, comenzaron también las primeras invitaciones a degustaciones, presentaciones de bodegas y encuentros vinculados al vino. En una ciudad atravesada por el turismo y la gastronomía, ese contacto frecuente con productores, etiquetas y experiencias fue despertando todavía más su interés.
Y también ahí, casi sin darse cuenta, empezó a acercarse cada vez más al vino.
Al principio fue simplemente curiosidad. En distintos viajes y recorridos comenzó a descubrir el mundo vitivinícola patagónico desde adentro. En Roca tomó contacto con viejos viñedos, con la historia de Bodega Canale y con algunos de los primeros proyectos de espumantes de la región. Más adelante, una formación vinculada al comercio exterior y la exportación de productos agroalimentarios, en un programa articulado entre Neuquén e Italia, le permitió conocer de cerca el potencial y la proyección internacional de las bodegas neuquinas.
Pero la vida siguió su curso y el vino permaneció durante años en algún rincón interno, esperando su momento.
Ese momento llegó después de la pandemia.

Qué hacer con el tiempo que tenía por delante

Landoni, de recorrida en viñedos neuquinos.


Mientras muchas personas intentaban simplemente recuperar cierta normalidad, Landoni sintió la necesidad de hacerse una pregunta distinta: qué quería hacer realmente con el tiempo que tenía por delante.
Entonces tomó una decisión inesperada. Cerca de los 60 años comenzó a estudiar sommellerie, retomando una vocación que había quedado postergada durante décadas.
No fue un cambio abrupto ni romántico. Fue un proceso lento, lleno de dudas, aprendizaje y reconstrucción personal. Mientras estudiaba, empezó también a soltar progresivamente el mundo de las telecomunicaciones para dedicarle cada vez más espacio al vino. Recordemos: Sergio es especialista en telecomunicación, enlaces por radio y radiodifusión
Y algo empezó a encajar.

El talento de saber contar: ¿por qué no capitalizarlo?


Descubrió que lo que más le interesaba no era solamente el vino en sí sino lo que el vino representaba para un territorio.
“Sentía que el vino neuquino tenía identidad, calidad y muchísimo potencial, pero muchas veces faltaba contarlo desde el lugar donde nace y donde la gente realmente lo vive”, resume.
A diferencia de gran parte de la sommelería argentina, históricamente concentrada en las regiones vitivinícolas tradicionales, Landoni decidió trabajar desde la cordillera neuquina. No desde las grandes ciudades ni desde los circuitos clásicos del vino, sino desde el territorio mismo.


Desde San Martín de los Andes comenzó a desarrollar degustaciones, experiencias de maridaje, capacitaciones para establecimientos gastronómicos y acciones de difusión enfocadas especialmente en el vino neuquino. Con el tiempo impulsó Vino a la Montaña, el encuentro que reúne bodegas patagónicas en plena cordillera, integrando vino, gastronomía y paisaje.
También comenzó a trabajar junto a distintas bodegas y proyectos vitivinícolas de la provincia, entre ellos Bodega Cutral Co, mientras continuaba profundizando su formación profesional, actualmente con certificación internacional del Wine & Spirit Education Trust (WSET).

Qué le significa ser Embajador del Vino Neuquino


Pero quizás lo más importante fue otra cosa: empezó a construir una manera distinta de comunicar el vino.
Una mirada más cercana, menos técnica y más humana. Una forma de contar el vino desde las personas, desde la experiencia cotidiana y desde el paisaje que lo rodea.
Por eso, cuando el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén decidió crear oficialmente la figura del Embajador del Vino Neuquino e incorporarla al Sello de Distinción de la Gastronomía Neuquina, su nombre apareció naturalmente. La designación, la primera figura institucional de este tipo creada en la Argentina, busca integrar el vino a la identidad turística y gastronómica de la provincia.
Pero para Landoni el reconocimiento tiene otro significado más íntimo.
Después de tantos años viviendo en la Patagonia, siente que el lugar que eligió para construir su vida terminó devolviéndole algo inesperado: la posibilidad de reinventarse.
“Hay vocaciones que no desaparecen. A veces simplemente esperan el momento correcto”, dice.
Y quizás esa sea, en el fondo, la verdadera historia detrás del primer Embajador del Vino Neuquino, un +60.


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