Este es el copiloto que estrelló voluntariamente el avión

El fiscal encargado de la investigación, Brice Robin, asegura que el comandante abandonó la cabina y que el copiloto accionó el botón para descender. Los pasajeros fueron conscientes de que el avión se precipitaba de forma inexorable en el último momento, afirman.

Redacción

Por Redacción

TRAGEDIA EN LOS ALPES

El copiloto quiso destruir el avión. Se llamaba Andreas Lubitz.

Así lo afirmó esta mañana el fiscal encargado de la investigación, Brice Robin. Sostuvo que cuando el comandante abandonó momentáneamente la cabina, el copiloto, que se quedó solo, “accionó de manera voluntaria el botón del flight monitor system que hizo descender el aparato”.

Para el fiscal, queda claro, además, que el copiloto, de nacionalidad alemana y que respondía al nombre de Andreas Lubitz, “se negó de manera deliberada a abrir la cabina al comandante cuando éste último quiso volver a entrar”. Robin ha explicado que “el comandante pidió insistentemente que le dejaran entrar a través del interfono que hay para comunicarse con cabina y que no obtuvo ninguna respuesta”.

Asimismo, Robin descarta que el copiloto hubiera sufrido algún tipo de problema de salud y que, por ello, le hubiera sido imposible abrir la cabina. “Se oye en todo momento a una persona respirar, cosa que indica que estuvo vivo hasta el momento del impacto. Es una respiración aparentemente normal, como si no le pasara nada”.

A preguntas de los medios, el fiscal ha explicado que, según lo que se escucha en la grabación, “los pasajeros fueron conscientes de que el avión se precipitaba de forma inexorable en el último momento”.

“Accionó el botón que ordenaba la pérdida de altitud”

Ya en la comparecencia de ayer miércoles del responsable de la Oficina de Investigación de Accidentes Aéreos (BEA), Rémy Jouty, se dejó entrever en que podía haber algo turbio detrás del accidente del avión. “La curva de la trayectoria es compatible con la de un avión controlado por pilotos, con la excepción de que no imaginamos que pilotos puedan conscientemente enviar un avión hacia la montaña”, explicó, antes de añadir que esa curva también es compatible con la que podría trazar un piloto automático.

“En estos momentos, 48 horas después del accidente (…) la interpretación más plausible es que el copiloto, mediante una acción voluntaria, cerró la puerta de la cabina, se negó a abrirla ante la llamada del comandante de vuelo y accionó el botón que ordenaba la pérdida de altitud”, explicó Brice Robin.

Antes del accidente, el piloto había salido al baño y el copiloto, de nacionalidad alemana, se encontraba solo en la cabina al mando del aparato, explicó Robin.

Poco después accionó el conocido como “fly monitory sistem”, el sistema de control de vuelo, para iniciar el descenso del aparato. “La acción de descenso de actitud sólo puede ser voluntaria”, insistió el investigador de la fiscalía francesa.

Al percatarse de lo ocurrido, el comandante de vuelo acudió a la cabina, llamó a la puerta para entrar y se identificó, pero no hubo respuesta. “El copiloto no respondió y no abrió la puerta”, explicó Robin.

En la grabación de la caja negra recuperada “se oyen golpes violentos como para intentar echar abajo la puerta, que es blindada, según las normas internacionales”.

A partir de ese momento, “se oye un ruido de respiración humana en la cabina que dura hasta el impacto final del avión”, añadió el investigador. De ahí se deduce que “en el momento del impacto el copiloto estaba vivo”, explicaron los investigadores.

Además, según Robin, no se emitió ninguna señal de emergencia, ningún “mayday” a la torre de control de Marsella.

Ésta intentó contactar con el aparato pero no hubo respuesta por parte del copiloto. “La torre de control también pidió a otros aviones que intentasen contactar con el Airbus accidentado pero tampoco se obtuvo respuesta”.

Quién era Lubitz, el copiloto alemán

En la localidad alemana de Montabaur, conocidos de Lubitz dijeron que el copiloto estaba al final de la veintena y no mostraba signos de depresión cuando le vieron el pasado otoño, cuando renovó su licencia de piloto de planeadora.

“Estaba contento, tenía el empleo con Germanwings y le iba bien’’, comentó un miembro del club de planeadoras, Peter Ruecker, que le había visto aprender a pilotar. “Daba buenas sensaciones’’.

Lubitz obtuvo su licencia de piloto de vuelo sin motor cuando era adolescente y fue aceptado como piloto en prácticas en Lufthansa tras titularse en una estricta escuela preparatoria alemana, dijo Ruecker. Describió a Lubitz como un joven “bastante tranquilo’’, pero amistoso.

Lufthansa ha rechazado identificar a los dos pilotos, pero explicó que el copiloto se incorporó a la compañía de bajo coste en septiembre de 2013, justo al terminar su formación, y había volado 630 horas.

El capitán tenía más de 6.000 horas de vuelo y estaba en Germanwings desde mayo de 2014, dijo Lufthansa añadiendo que antes había volado con aeronaves de su compañía y de Condor.

Según la alcaldesa de la ciudad donde nació -que tenían unos 13 mil habitantes- Gabriele Wieland, Lubitz, vivía en la casa de sus padres, aunque además tenía una vivienda en Düsseldorf, donde se supone que aterrizaría el avión que iba con 150 personas a bordo y que había despegado desde el aeropuerto de El Prat, en Barcelona.

La revista Aviation Business Gazette publicó en 2013 que Andreas Lubitz fue incluido en la base de datos de la Federal Aviation Administration (FAA) en reconocimiento a la excelencia de su formación.

Agencias


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