“El premio es un reconocimiento a las luchas del pueblo mapuche y tehuelche”

Ana Ramos es la ganadora del Premio Houssay 2020 en el área de ciencias humanas. El galardón es otorgado anualmente por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación. Ramos es investigadora de la Universidad Nacional de Río Negro y del Conicet.

Ana Ramos, ganadora del Premio Houssay 2020 en el área de ciencias humanas. Con un grupo de investigadores, también realiza informes histórico-antropológicos o peritajes en el marco de causas judiciales o instancias de diálogo con el Estado. También es convocada por comunidades u organizaciones mapuche-tehuelche que desean emprender un trabajo de reflexión sobre sus memorias, sus conocimientos o sus luchas particulares. 
Crédito: Alfredo Leiva

Ana Ramos, ganadora del Premio Houssay 2020 en el área de ciencias humanas. Con un grupo de investigadores, también realiza informes histórico-antropológicos o peritajes en el marco de causas judiciales o instancias de diálogo con el Estado. También es convocada por comunidades u organizaciones mapuche-tehuelche que desean emprender un trabajo de reflexión sobre sus memorias, sus conocimientos o sus luchas particulares. Crédito: Alfredo Leiva

"Son conocimientos, consejos, historias. Solemos pensarlo como un rompecabezas de fragmentos que uno va armando con las distintas familias, con los recuerdos que se fueron heredando”, dice la antropóloga Ana Ramos cuando se le pregunta qué investiga. Desde hace 26 años, su mirada está focalizada en la reconstrucción de memorias de las comunidades mapuche tehuelche en la Patagonia, y sus notables contribuciones ahora le valieron para ganar el Premio Houssay 2020 en el área de las Ciencias Humanas, otorgado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Argentina.

Ramos recibió el galardón durante un acto presencial y virtual en el que estuvieron presentes el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, el Ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, y la presidenta del Conicet, Ana Franchi, entre otros.  La investigadora estudió y fue docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cuando se creó la Universidad Nacional de Río Negro, Ramos fue parte del grupo que diseñó la carrera de Ciencias Antropológicas y el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, que depende de la UNRN y del Conicet. Se radicó en Bariloche, y más adelante -con colegas- conformó una red de Grupo de Estudios en Memorias Alterizadas y Subordinadas (Gemas).

P- ¿Cómo recibió el Premio Houssay?

R- Creo que es un reconocimiento a las luchas del pueblo mapuche y tehuelche ya que hace años que mi investigación está enfocada en esos procesos.

Ana Ramos fue ganadora en el área de ciencias humanas del Premio Houssay 2020: participó en la entrega de manera virtual desde Bariloche. Los galardones se entregaron en Casa Rosada en Ciudad de Buenos Aires con la presencia del Presidente Alberto Fernández y el Ministro de Ciencia Roberto Salvarezza. 

P-Su línea de investigación, ¿está basada principalmente en la recuperación?

R-Es un concepto sumamente complejo que abarca la recuperación de las identidades, de la valoración y el autorreconocimiento como mapuche. Sus historias, sus memorias genealógicas. Quiénes somos, de dónde venimos. Se entiende también como reparación histórica y tiene que ver con la relación con el territorio. Hay una palabra que se repite mucho entre las personas mapuches tehuelches que, en castellano, es ‘volver a levantarse´. El volver a levantarse tiene que ver con todo eso. Cuando empecé a trabajar en Chubut, el gobierno provincial y nacional reconocían solo a tres comunidades mapuches. Hoy hay más de 300. Este solo ejemplo está indicando la autoconciencia, la recuperación de identidades, la recuperación y el conocimiento de sus derechos y la reconstrucción de los sentidos del pueblo.

P-En este trabajo colectivo sobre memorias, ¿cómo fue la interacción con las comunidades en el nodo Bariloche? 

R-El trabajo se fue afianzando y consolidando entre los colegas, pero también con las comunidades y organizaciones. Lo maravilloso de este proceso es que hoy trabajamos mayormente a demanda. Son muchas las comunidades y organizaciones que quieren iniciar un proceso de reconstrucción de memorias -o continuarlo- porque el conocimiento de la historia o poder objetivar esas memorias que heredaron es una de las herramientas más importantes en los reclamos territoriales. Se piensa como una continuidad de luchas inconclusas que iniciaron sus padres o abuelos.

P-¿Cómo se genera el proceso de restauración de la memoria?

R-Las organizaciones y comunidades producen conocimiento, categorías, reflexionan sobre sus propios saberes sobre medicina mapuche, sus concepciones de la historia y del territorio, sus autoridades ancestrales. Muchas veces acompañamos para poder plasmar esos conocimientos en textos, objetivarlos y hacerlos visibles. Las comunidades tienen sus memorias. No es que nos necesiten a nosotros para tener memorias. Lo que acompañamos es ese proceso de reconstrucción, de conexión de fragmentos, de recuperación.

P-¿A qué se debió este despertar de la autoconciencia? 

R-El proceso de luchar contra las injusticias fue permanente desde fines del siglo pasado. Lo que pasó es que con la posdemocracia cambiaron los escenarios políticos para esas reivindicaciones. Hubo una ampliación de derechos indígenas, un reconocimiento constitucional de la preexistencia del pueblo mapuche tehuelche en este país. La reforma de la Constitución fue resultado de mucha militancia mapuche.

P-En este proceso, ¿los jóvenes tuvieron un papel protagónico? 

R-Los ancianos siempre acompañaron las luchas y lo siguen haciendo. Son los que transmitieron ese proceso de injusticia. Lo que fue pasando es que en las ciudades, la juventud también empezó a preguntarse de dónde venía y cuál era su historia. Hay un estereotipo fuerte de que el mapuche es solo el mapuche rural. En las últimas décadas, los jóvenes con sus propias trayectorias urbanas empezaron también a reconocerse en esa historia de injusticias. Y estas distintas trayectorias sociales hacen que el pueblo sea sumamente heterogéneo. 

P-¿Qué piensa la gente de las comunidades indígenas hoy? 

R-Uno de los propósitos de estos trabajos de memoria es la puesta en valor de los propios conocimientos mapuches tehuelches. Poder cuestionar, repensar categorías de uso de sentido común. Estereotipos, prejuicios, ideas discriminatorias. De manera permanente, la función de este trabajo tiene que ver con plantear mejores convivencias y poder discutir o cambiar esos discursos más racistas. Es verdad que hay distintos momentos discursivos en la sociedad, pero ahora estamos en un contexto donde los discursos públicos tienden a ser racistas y peligrosos porque legitiman represiones, desalojos e incluso asesinatos. 

P-¿Qué pasa cuando esos discursos giran en torno a poner en duda si alguien es o no mapuche?

R-Se suele opinar en relación a la mapuchidad o no del otro. La autoadscripción identitaria reconocida constitucionalmente por nuestro país no es algo opinable. Cuando uno aplica estos criterios para ver si es o no mapuche, se muestra la cantidad de estereotipos que funcionan. Habla de la ignorancia de quien lo dice. Hay como un mapuchómetro y no es materia opinable si alguien se autoadscribe como mapuche. La pertenencia mapuche tiene que ver con la memoria y las relaciones dentro del pueblo mapuche. Si alguien autoadscribe o las comunidades se reconocen como parte del pueblo, ¿por qué alguien de afuera dice si son o no mapuches? Habla de estereotipos. Si alguien vive en ciudades o habla códigos de barrios, se piensa que no es mapuche. Porque el mapuche está asociado a un modo rural de comportarse.

P- ¿Qué pasa con la idea de que ya no quedan comunidades tehuelches? 

R- Abundan los estereotipos que se basan en interpretaciones erradas o ideológicas. “El mapuche es chileno o el tehuelche está extinto son dos fuertes estereotipos que se reiteran mucho en Patagonia. Y a nivel nacional. En este sentido, al conformarse muchas comunidades se puso énfasis en que son “mapuche tehuelche”; es decir, son dos pueblos históricamente relacionados porque tienen antecedentes mapuches y tehuelches. Se fue consensuando esta interrelación entre ambos pueblos. A pesar de esa heterogeneidad, el piso común es el resguardo de la naturaleza y el ambiente. Las comunidades se piensan como parte del territorio y la naturaleza y practican relaciones menos destructivas con ese entorno. 

P-¿En qué cambió la manera de hacer antropología en los últimos años? 

-Fue cambiando mucho porque es una disciplina que se basa en la reflexividad permanente. Es decir, piensa a sí misma y se modifica. Entonces, ahora quedó completamente vieja y caduca la dicotomía entre investigador y su objeto de estudio. Ya no se piensa a las personas como objetos de estudio. Esa es una modalidad muy antigua de la antropología. La Antropología es mayormente un enfoque metodológico, una forma de trabajo, un enfoque en las preguntas. Esa metodología basada en la etnografía -que se centra en el trabajo de campo y en la participación- fue cambiando. El campo hoy se entiende como las relaciones sociales que se van produciendo. Uno como investigadora es parte de esas relaciones sociales. Ya no hay dicotomía. Por eso, en este desarrollo de metodologías, hoy se habla de investigaciones participativas, comprometidas, colaborativas. Es un trabajo más en conjunto con las personas con las que trabajamos. Ocurre en todos los ámbitos, y no solo con los pueblos originarios.

P-¿Las ciencias en general siguen reproduciendo discursos coloniales de alguna manera?

R-Las ciencias avanzaron mucho, pero les falta mucho más. Sobre todo porque todavía hay una hegemonía epistémica que define ciertos criterios de verdad que aún no están puestos en discusión realmente. Hay otros conocimientos, con otros criterios y otras epistemologías y experiencias ontológicas. En estas relaciones del pueblo mapuche tehuelche con el entorno, no es una mera creencia hablar de los newen. Se trata de otras formas de concebir y vivir en el mundo. La ciencia generalmente dice: ‘esta es la realidad, esta es la verdad, esto es racional; el resto son meras creencias y respetamos las creencias de los otros´. Pero no como conocimiento. Hay mucho que caminar. Las condiciones para el diálogo comprensivo y el reconocimiento sincero no están dadas. Hay una ciencia que dictamina, una política que dictamina y una cultura que dictamina. 

Nota: El libro Memorias en lucha: recuerdos y silencios en contextos de subordinación y alteridad, escrito por María Alma Tozzini, Carolina Crespo y Ana Ramos se puede leer en línea en el sitio de la editorial de la Universidad Nacional de Río Negro haciendo click aquí. 


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