Europa y los cambios en la situación económica
El más reciente informe de la OECD sobre la situación en la Unión Europea sugiere que en esa parte del mundo después de cuatro frustrantes años la recesión económica podría estar terminando. Ahora crece al 0,2% anual. Lentamente está saliendo de la peor crisis que ha azotado al Viejo Continente desde la Gran Depresión. Japón y Gran Bretaña, por su parte, crecen ambos al ritmo –aún frágil– del 0,6% anual. Mientras tanto, las economías emergentes se han, en general, desacelerado notoriamente. Más aún: la mayoría tiene grandes déficits comerciales, situaciones de importante fuga de capitales (los inversores regresan ahora masivamente al dólar, ante la notoria mejoría de la economía norteamericana), suba de tasas de interés y depreciación de las monedas domésticas. Todo ello combinado. Los BRIC han perdido entonces buena parte de su brillo y enfrentan dificultades que han moderado o disminuido el que fuera un vertiginoso ritmo de crecimiento, hoy aplacado –con la excepción de China, que parece haber navegado relativamente bien la tormenta del 2007-2008–. No obstante, Europa es aún vulnerable. Su sistema financiero sigue débil. La deuda pública es bien alta y los humores de los operadores económicos son cambiantes. Alemania e Italia muestran un sector manufacturero que crece y donde el humor de los actores parece haber mejorado significativamente. España, por su parte, parece estar mejorando sus exportaciones. El costo del dinero, es cierto, ha caído relativamente en España, Italia y Grecia, pero sigue siendo alto en esos rincones en comparación con el resto de Europa. El empleo sigue siendo en Europa un tema muy delicado. Las tasas de desocupación son aún de horror: España, con un 26,3%; Italia, con un 12,2%, y Francia, con un 11%. Alemania, en cambio, con un 5,4%, relativamente normal. Pero el promedio europeo es del 12,1%, bien preocupante por sus efectos sociales, naturalmente. La deuda pública también es todo un tema pendiente de corrección. En Italia es del 130% del PBI, en Francia del 91,9% y en España del 88%. Y hasta en Alemania es del 81%. Mientras tanto, el capitalismo global ha reemplazado al capitalismo de fronteras adentro. Los días de las tasas de interés próximas a cero parecen estar cerca de comenzar a invertir su rumbo. Y las desigualdades entre naciones e individuos siguen siendo todo un tema, aún no resuelto. Mientras la OMC está todavía “en coma”, toda una creciente red de acuerdos de libre comercio –tanto bilaterales como regionales– ha continuado incentivando el intercambio comercial de las naciones que comparten, en líneas generales, sus visiones económicas abiertas; por cierto, salvo el caso de aquellas que, como la Argentina, han asombrosamente preferido el aislamiento. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
El más reciente informe de la OECD sobre la situación en la Unión Europea sugiere que en esa parte del mundo después de cuatro frustrantes años la recesión económica podría estar terminando. Ahora crece al 0,2% anual. Lentamente está saliendo de la peor crisis que ha azotado al Viejo Continente desde la Gran Depresión. Japón y Gran Bretaña, por su parte, crecen ambos al ritmo –aún frágil– del 0,6% anual. Mientras tanto, las economías emergentes se han, en general, desacelerado notoriamente. Más aún: la mayoría tiene grandes déficits comerciales, situaciones de importante fuga de capitales (los inversores regresan ahora masivamente al dólar, ante la notoria mejoría de la economía norteamericana), suba de tasas de interés y depreciación de las monedas domésticas. Todo ello combinado. Los BRIC han perdido entonces buena parte de su brillo y enfrentan dificultades que han moderado o disminuido el que fuera un vertiginoso ritmo de crecimiento, hoy aplacado –con la excepción de China, que parece haber navegado relativamente bien la tormenta del 2007-2008–. No obstante, Europa es aún vulnerable. Su sistema financiero sigue débil. La deuda pública es bien alta y los humores de los operadores económicos son cambiantes. Alemania e Italia muestran un sector manufacturero que crece y donde el humor de los actores parece haber mejorado significativamente. España, por su parte, parece estar mejorando sus exportaciones. El costo del dinero, es cierto, ha caído relativamente en España, Italia y Grecia, pero sigue siendo alto en esos rincones en comparación con el resto de Europa. El empleo sigue siendo en Europa un tema muy delicado. Las tasas de desocupación son aún de horror: España, con un 26,3%; Italia, con un 12,2%, y Francia, con un 11%. Alemania, en cambio, con un 5,4%, relativamente normal. Pero el promedio europeo es del 12,1%, bien preocupante por sus efectos sociales, naturalmente. La deuda pública también es todo un tema pendiente de corrección. En Italia es del 130% del PBI, en Francia del 91,9% y en España del 88%. Y hasta en Alemania es del 81%. Mientras tanto, el capitalismo global ha reemplazado al capitalismo de fronteras adentro. Los días de las tasas de interés próximas a cero parecen estar cerca de comenzar a invertir su rumbo. Y las desigualdades entre naciones e individuos siguen siendo todo un tema, aún no resuelto. Mientras la OMC está todavía “en coma”, toda una creciente red de acuerdos de libre comercio –tanto bilaterales como regionales– ha continuado incentivando el intercambio comercial de las naciones que comparten, en líneas generales, sus visiones económicas abiertas; por cierto, salvo el caso de aquellas que, como la Argentina, han asombrosamente preferido el aislamiento. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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