Éxitos y fracasos coperos

<b>En lo futbolístico las potencias cayeron en desgracia. Negocios, dinero y desorganización.</b>

Por Redacción

Milito, Messi, Tevez, Higuaín, Burdisso, Zanetti y todo un país que pasó de la ilusión previa a una nueva frustración deportiva.

Todo lo planeado en materia futbolística se desmoronó 8 días antes de lo previsto, con una ironía del destino: justamente el jugador no querido por el técnico cayó en las manos del arquero Fernando Muslera. A partir de ahí todo lo planeado, en realidad lo poco que se había planeado, se transformó en cenizas. La Copa América se abría para Grondona, Batista y los jugadores como la oportunidad de la redención, pero acabó en otro gran fracaso.

Se dice que en el fútbol un detalle puede trastocar años de planificaciones. No es el caso de la Argentina. Es cierto que de convertir el penal Tevez, quizá la historia inmediata hubiese sido otra, pero está claro que el camino no era el correcto. Grondona se imaginó una copa con vuelta olímpica después de 18 años, se ilusionó con que ese título alejaría las críticas contra su gestión, le darían aire a sus últimos años en la AFA y alejaría los cuestionamientos por la gestión de un Batista que llegó al cargo tras la separación de Diego Maradona, haciendo concesiones y con el discurso de que su equipo jugaría como Barcelona.

Viejo zorro en estos terrenos, Don Julio comenzó a mirar de reojo a Batista tras el papelón del seleccionado sub 25 europeo ante Nigeria (1-4), pero seguía creyendo en que los milagros de Messi serían suficientes para vencer en una competencia que se abría con mejores expectativas económicas que deportivas. No hay que perder de vista que Brasil llegaba en pleno proceso de renovación, Chile era toda una incógnita tras la salida de Marcelo Bielsa y, además, el grupo de Argentina era el más accesible. Como sucede siempre, en la previa la Albiceleste era “el gran candidato”.

El seleccionado no consiguió superar a Bolivia, sufrió ante Colombia y apenas derrotó a la débil Costa Rica tras el golpe de timón de Batista, con rotación en los nombres y cambio de dibujo. Uruguay apareció en el camino, soportó con diez hombres durante 50 minutos, se fue el alargue y en los penales se produjo la historia de costumbre: temprana eliminación y los fantasmas de un ciclo que se termina.

Las inesperadas despedidas de Argentina, Brasil, Chile y Colombia provocaron un rápido análisis que se transformó en el hit de la última semana de competencia: los que proponen son los que salen perjudicados. Es cierto, si hay que hablar de tenencia del balón y situaciones de peligro esos cuatro seleccionados hicieron más que Uruguay, Paraguay, Venezuela y Perú y, ya en semis, la Vinotinto pasó literalmente por arriba al equipo de Gerardo Martino, que hoy suena como uno de los potenciales reemplazantes de Sergio Batista.

Los analistas ‘líricos’ tienen argumentos más que valederos para señalar que esta Copa América fue un paso hacia atrás. El fútbol que se practicó tuvo que ver más con lo táctico que con lo estético y, en general, se vieron verdaderas batallas estratégicas.

Las grandes estrellas mostraron su virtuosismo sólo en cuenta gotas y sí sobresalieron jugadores con más actitud que talento, como el uruguayo Luis Suárez y el paraguayo Justo Villar. Lionel Messi llegó a su cuarta cita importante de selecciones como la gran estrella y, si bien no fue el gigante del Barcelona, dejó en claro que debe transformarse en el líder futbolístico y espiritual del seleccionado nacional.

Pero sólo en lo deportivo los ‘grandes’ fueron perjudicados. Sólo en ese terreno el torneo más antiguo de la historia fue la copa de los humildes. Brasil llegó al país con el objetivo de comenzar a concretar una renovación de cara a su mundial pero también para golpear en tierras de su archirrival y conseguir el tricampeonato. Apenas ganó un partido y se despidió envuelto en críticas. A Traffic Sports, la empresa brasileña que comercializa la Copa América y posee todos los derechos de los torneos internacionales de la región, tanto a nivel de clubes como de seleccionado, poco le importó la despedida del equipo de Mano Menezes, ya que embolsó una suculenta suma de dinero.

De acuerdo al sitio “Otramerica.com”, “los derechos televisivos le suponen ingresos por 160 millones de dólares. Otros 160 millones de dólares entrarán en caja por concepto de mercadotecnia, 60 millones por patrocinio y unos 30 millones en entradas. Las estimaciones optimistas de Traffic indicaron que el turismo inyectó en el sector privado unos 475 millones de dólares”.

Traffic se salió con la suya: la final se jugó en el Monumental (5 millones de dólares gastó la AFA para las refacciones), hizo cambiar la iluminación de los estadios para transmitir en HD y que los partidos se jugarán con temperaturas bajo cero para que no coincidieron con “Insensato corazón”, la telenovela que es furor en Brasil.

La gigantesca empresa firmó con TyC Sports la televisación –con quien la AFA se había divorciado-, manejó a su antojo a la prensa, a veces con muy malos tratos, y miles de hinchas tuvieron serios problemas para conseguir entradas, porque el 40 por ciento de las localidades estaban destinadas a sponsores, agencias de turismo y las denominadas de “protocolo”. Lógicamente, la reventa fue flagelo presente y en algunas sedes se ofrecieron tickets con incrementos de hasta un 500 por ciento.

La prensa extranjera se quejó muchas veces por el trato dado, las falencias organizativas y los problemas de transportes. La peor imagen la ofreció el estadio Único de La Plata, con un campo de juego similar a un potrero y muchas materias pendientes. Iba a ser la vedette de la copa y fue la gran vergüenza.

La federalización del fútbol que propuso el torneo permitió que a las ciudades del interior llegara una excelente afluencia de turistas y buenos porcentajes de los mil millones de pesos que se movieron por esta competencia durante estos 24 días. La vuelta olímpica de Uruguay no entraba en los planes de Grondona y Cía. Sí que la copa fuese un éxito económico y comercial, aunque mucho de la organización haya quedado en el debe. Para los triunfos deportivos, los argentinos seguiremos esperando.

sebastián busader

sbusader@rionegro.com.ar


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