“Falú y yo como único oyente”
Entre los títulos del “Río Negro” del 10/8 leí la noticia de la muerte de Eduardo Falú. Me pareció un grato homenaje que figurara como noticia importante. Entonces, en la nebulosa de gratos recuerdos, apareció nítidamente un viaje que realicé al aeropuerto del Neuquén llevando como único compañero al gran Eduardo Falú. La historia, de hace muchos años, comienza cuando un amigo de ambos tuvo la idea de contratarlo para realizar algunas funciones en la zona. Los dos se conocían de Tucumán. Claro que Falú cantó pero el gasto superó las entradas. Cosas de norteños. La verdad es que su bolsillo volvió más flaco que cuando llegó. Pero el recuerdo es que Falú, durante el viaje, comenzó a cantarme alguna de sus inolvidables canciones. ¡Qué privilegio! Falú y su voz, y yo como único oyente. De paso lo llevé hasta mi casa natal para presentarlo a mi padre, guitarrista en su juventud. No estaba. Lástima. Pero sí su guitarra. Eduardo recorrió la larga galería de la casa rodeada de un enorme parral y pudo percibir el aroma de la madreselva en plena floración. Cómo terminó el viaje ya ni lo recuerdo, pero seguirá sonando en mis oídos la música de “Zamba de la Candelaria”, “La Nostalgiosa” y otras tantas que compuso con talentos como César Perdiguero, Jaime Dávalos, etc. Hoy su canto y su guitarra seguirán acompañando a quienes lo admiran por su inigualable folclore. Un artista de verdad. Un maestro para imitar. Adiós a Eduardo Falú, el señor de la guitarra, como dice la nota. Carlos Carmelino LE 7.293.610 – Roca
Entre los títulos del “Río Negro” del 10/8 leí la noticia de la muerte de Eduardo Falú. Me pareció un grato homenaje que figurara como noticia importante. Entonces, en la nebulosa de gratos recuerdos, apareció nítidamente un viaje que realicé al aeropuerto del Neuquén llevando como único compañero al gran Eduardo Falú. La historia, de hace muchos años, comienza cuando un amigo de ambos tuvo la idea de contratarlo para realizar algunas funciones en la zona. Los dos se conocían de Tucumán. Claro que Falú cantó pero el gasto superó las entradas. Cosas de norteños. La verdad es que su bolsillo volvió más flaco que cuando llegó. Pero el recuerdo es que Falú, durante el viaje, comenzó a cantarme alguna de sus inolvidables canciones. ¡Qué privilegio! Falú y su voz, y yo como único oyente. De paso lo llevé hasta mi casa natal para presentarlo a mi padre, guitarrista en su juventud. No estaba. Lástima. Pero sí su guitarra. Eduardo recorrió la larga galería de la casa rodeada de un enorme parral y pudo percibir el aroma de la madreselva en plena floración. Cómo terminó el viaje ya ni lo recuerdo, pero seguirá sonando en mis oídos la música de “Zamba de la Candelaria”, “La Nostalgiosa” y otras tantas que compuso con talentos como César Perdiguero, Jaime Dávalos, etc. Hoy su canto y su guitarra seguirán acompañando a quienes lo admiran por su inigualable folclore. Un artista de verdad. Un maestro para imitar. Adiós a Eduardo Falú, el señor de la guitarra, como dice la nota. Carlos Carmelino LE 7.293.610 - Roca
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