Federico Andahazi, en la hora de las respuestas

Dice que tras hacerse muchas preguntas es momento de contestar.

Por Redacción

Federico Andahazi, quien escribió más de una docena de libros (sí, el primero en sonar fuerte fue “El anatomista”), que fueron traducidos a diferentes idiomas, estará en la Feria del Libro de Neuquén el sábado 7, a las 20.

Antes de su llegada a la zona, adelanta a “Río Negro” sus expectativas: “El propósito de la visita es encontrarme con los lectores de Neuquén. Para los autores es siempre un privilegio poder conocer la cara de sus lectores porque son muy pocas las ocasiones que tenemos de conocerlos. El nuestro es un trabajo intramuros –expresa–. Así, el lector deja de ser una conjetura y se convierte en alguien real de carne y hueso. La idea es que sea una charla. Para mí es muy grato compartir, y después sí, hablar de mi última novela, “El libro de los placeres prohibidos”. En las ferias lo gratificante para el autor es conocer la opinión de sus lectores y que la lectura no vaya en una sola dirección sino que se convierta en un diálogo”.

–Entonces, ¿la relevancia de que se multipliquen las ferias pasa más por la posibilidad del intercambio?

–Es que es como deberían ser. Si la cultura de un país está completamente centralizada, no funciona de ninguna manera. Se suele suponer erróneamente que la cultura, la literatura, las expresiones artísticas, son cuestiones secundarias para una sociedad. En los grandes países, si algo funciona, es que tienen una política cultural casi agresiva. Después de eso viene la economía, las relaciones políticas, la diplomacia, pero lo primero que hacen es definir sus aspectos culturales. Si la Argentina no puede mostrarse a sí misma una política cultural, esto de que haya ferias en las distintas provincias es la forma de plantearte una cultura nacional. Después de eso uno sí puede proyectarse al mundo. Es absurdo que existiendo tantos autores en las provincias, tengan que venir a Buenos Aires para hacerse conocer y que su obra vuelva a sus provincias. Eso lo que hace es ponernos en un pie de igualdad.

–¿Cómo evolucionó tu trabajo?

–Entre mi primera novela (“El anatomista”) y esta última (“El libro de los placeres prohibidos”) puedo ver que hay una línea de continuidad. Está ahí el mismo autor con sus mismas inquietudes y obsesiones, pero hay una diferencia fundamental: un lector de Colombia me decía que es una suerte de saga de “El anatomista” y yo estuve de acuerdo. Cuando lo escribí tenía veintipico de años y proponía que el propósito de la escritura era plantear preguntas que tal vez no tenían respuesta. Acabo de cumplir cincuenta años y me atribuyo el derecho de contestar alguna de esas preguntas que yo mismo planteé. En este sentido, es una suerte de continuación donde retomo esas mismas preguntas, pero con la intención de responderlas.

–Te metiste con temas que no es que estaban censurados, pero sí había mitos y creencias alrededor de ellos y parecían casi inabordables. Con la historia de nuestra sexualidad, la de nuestros pueblos originarios como el mapuche, por ejemplo, y tenés varios materiales…

–Mi libro “La historia sexual de los argentinos” arranca con los pueblos originarios y hablo de ellos desde Tierra del Fuego hasta los pueblos incaicos. Esta investigación histórica la retomaré en algún momento y no es una temática que me sea ajena. Mencionabas la censura… La literatura ha padecido siempre la censura. Cuando publiqué “El anatomista” la padecí: gané el premio de la Fundación Fortabat y su propia mentora manifestó un acto de doble censura –hacia mí y hacia su propio jurado–. A veces las cosas más increíbles sorprenden porque pueden suceder hasta en nuestros días. La censura parece anacrónica pero sigue vigente. Hay que estar atentos.

–Sos un escritor reconocido y premiado. ¿Cómo asumís esos premios?

–Debo mi carrera a los primeros premios. Algunos que son desconocidos para el público, para mí son muy importantes. Es realmente muy difícil publicar. Cada vez que un joven escritor me pregunta cómo hacerlo, le digo: “Presentá tu obra a concurso”. Es poner la obra a consideración de otro escritor. Salvo excepciones, los escritores solemos ser muy generosos con los que están empezando. Antes del premio Planeta o Fortabat, gané otros más modestos que implicaban la publicación de la obra, como el del Colegio Santo Tomás de Aquino –donde presenté cuentos–. Pensé entonces que no tendría ninguna posibilidad, pero a veces los prejuicios son más del poder que de la literatura.

Paula Gingins

pgingins@rionegro.com.ar


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