Felipe Pigna: El vino, la historia y su actualidad

El historiador abrió el ciclo Invierno Planeta con dos charlas a sala llena. Allí presentó su último libro: “Al gran pueblo argentino salud”.



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El historiador Felipe Pigna firmó libros en su presentación. Gentileza

CULTURA

Gran interés despertó la historia de la bebida nacional, el vino, relatada por Felipe Pigna este sábado en una cálida y amena charla-entrevista que moderó el periodista Nino Ramella, mediador en la velada que tuvo como excusa conocer los pormenores de la industria vitivinícola argentina.

Una alusión a las copas de agua que tenían sobre la mesa de los disertantes, rompió el hielo con el auditorio que por casi una hora disfrutó del relato de una historia poco conocida, que se inicia en nuestro país en 1560 con las primeras plantaciones en la provincia de Santiago del Estero.

La falta de un sacerdote, y la llegada de Fray Juan Cedrón desde La Serena (Chile) a estas tierras con unas plantas de viña para que “no falte el vino de misa”, se considera la referencia documental más antigua sobre el ingreso de la vid al territorio argentino, reveló el conductor del programa “Historias de nuestra historia” que se emite los domingos por Radio Nacional. Posteriormente, el cultivo de la vid se expandió a las provincias de La Rioja y Salta y por el lado chileno hasta Mendoza. Con este dato quedó claro que fueron los religiosos los pioneros de la industria vitivinícola en el país y que fue expandiéndose a ámbitos privados. Pero “pasan cosas curiosas con esto”, aclaró Pigna al revelar que fue tan fuerte el crecimiento de la actividad en aquel tiempo que los propios Reyes de España, que en un primer momento impulsaron la producción, luego la prohibieron, cuando comenzó a competir con la española; pero ese mandato no se cumplió, y continuó el cultivo a través de las órdenes religiosas, exentas de impuesto, para evadir al fisco: “Hecha la ley, hecha la trampa”, agregó Pigna.

De esta manera, el historiador recorrió un itinerario con anécdotas y datos que describieron los avatares políticos, sociales y económicos, que fueron moldeando la identidad del vino argentino, convertido por ley en bebida nacional en el 2013.

Un momento especial dedicó Pigna a los “invisibles” de esta historia, hablando sobre el rol que jugaron los pueblos originarios y los negros, expulsados del relato oficial y usados como primera mano de obra esclava para los cultivos. En este sentido, aclaró que se intentó en un primer momento utilizar a los “indios encomendados”, pero la rebeldía de los pueblos cuyanos obligó a traer a afroamericanos, quienes adquirieron la experiencia para hacer el vino y por tanto fueron luego los portadores de ese conocimiento. Su presencia, empero, fue borrada de la historia, como demuestra un cuadro en la Sociedad Rural Argentina, que representa a un grupo de individuos de tez blanca pisando el vino en el lagar, ambientado en la época de la colonia, que es en realidad la reproducción de un fresco en el que esos obreros eran negros.

Otro grupo al que hizo referencia en la charla fue el de las mujeres. Felipe Pigna destacó que fue Melchora Lemos la primera en establecer una productora de vino de nuestro país, inaugurada en 1720 en Mendoza, lo que da cuenta de su empuje teniendo en cuenta que la mujer contaba con pocos derechos civiles, y menos para encarar una actividad comercial de este tipo. Luego dedicó otro párrafo a la explotación que sufrieron mujeres y niños, utilizados hasta entrado el siglo xx para la recolección de la fruta, como mano de obra invisible, porque se contrataba en realidad al padre, quien recibía los pagos por los servicios de la familia.

Mencionó también la figura de Sarmiento, a quien consideró un personaje clave en esta historia, sobre todo cuando estuvo exiliado en Chile y conoció una experiencia de formación como es la escuela de agronomía que replicó en Argentina. “Luego de la caída de Rosas, invita a los gobernadores de Cuyo a que contraten a un francés llamado Michel Pouget para esta escuela que se formaría en Mendoza; fue con él que se introduce las cepas francesas como el merlot, cabernet sauvignon y el malbec, que hoy es la cepa insignia del país, ya que ha sido reconocida por tercera vez como mejor vino del mundo, y precisamente en Francia, su país de origen”, aclaró el disertante.

Otro de los personajes de la historia mencionado por Pigna fue San Martín, en su papel de gobernador de Mendoza elegido por el pueblo, a quien atribuyó el primer proyecto de ley de protección de la industria nacional, que es la del vino mendocino y cuyano, que envía con el diputado Godoy Cruz al Congreso de Tucumán, el cual es rechazado por los diputados porteños, encabezados por Anchorena, quienes plantearon que era demasiado “antiliberal”.

Ramella consultó al autor sobre el momento histórico que él consideraba en que el vino comienza a ser bebida nacional, a lo que Pigna referenció la creación de un mercado con el ingreso de inmigrantes de fines del siglo xix al país, lo que incrementó el consumo y en consecuencia su demanda, y la llegada del tren a Mendoza, lo que benefició la aparición de las grandes bodegas, como la de Tiburcio Venegas, fundando Trapiche, la bodega Giol y Gargantini, con la marca emblemática como es el vino Toro, y que hoy en día está a cargo de la cooperativa FECOVITA. También planteó la fuerte campaña publicitaria de la industria del vino de aquella época, como se puede ver en la revista Caras y Caretas.

Luego, el periodista llevó al historiador a ubicarse en la época actual, donde el vino tomó una particular forma de consumirse basado más en la sofisticación y conocimiento. Pigna se retrotrajo a la “gloria de los años ‘70”, cuando la industria vitivinícola se basaba en la cantidad y no en la calidad. Recordó que en aquellos años se consumían en la Argentina 92 litros por persona por año. Fue una época de grandes inversiones publicitarias de la industria, trayendo a colación la del vino Crespi con los recordados escarpines. También planteó la existencia de otro contexto, donde la familia comía en su casa y tomaba vino. Con los años, los hábitos de consumo fueron cambiando con el ingreso de las gaseosas y la cerveza, y fue bajando hasta llegar al consumo actual que llega a 30 litros por habitante por año. Hubo grandes pérdidas por las crisis coyunturales y de ahí es que se planteó como una estrategia comercial una reconversión de la industria que tuvo que ver más con la calidad que con la cantidad, que apuntó también a incrementar la exportación de este producto elaborado. Hoy en día, Argentina es el séptimo país consumidor de vino mundial y el quinto productor, detrás de Francia, España, Italia y EE.UU.

Introdujo un dato interesante para nuestra provincia al mencionar que Río Negro tuvo el 3% de la producción total del vino en una época, la que fue perdiendo y que ahora esa primacía se encuentra en la zona de Neuquén principalmente, y en algunas zonas de Chubut.

Para finalizar, Pigna invitó a saber disfrutar esta particular bebida. “No hay que perder la magia del descorche, y de lo que implica el vino, que lo diferencia de la bebida blanca, ya que es una bebida social. El vino se disfruta entre amigos, con la pareja, en familia, es claramente social, tiene tanta poesía, tanta gente que le escribió. En la Argentina tenemos muchos poetas del vino, tanto folclore, que nos identifica, y creo que eso no debe perderse”; de esta manera se despidió este divulgador de la historia hasta un próximo encuentro por Bariloche trayendo otra novedad como es su próximo libro sobre el General Don José de San Martín, pronto a salir en el mes de noviembre.

Texto: organización

DeBariloche


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