Frente municipal
Capitanich y Weretilneck se juntaron por la puja salarial de este año.
adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
La política sorprende por sus mutaciones vertiginosas y permanentes. Las imágenes son fugaces pero válidas para proyectar ciertos escenarios. En la era de los Soria, la cena de gala de la Fiesta de la Manzana ha sintetizado cada momento político o, mejor dicho, la cercanía o lejanía de ese poder con otros mundos. Esta edición compendió –otra vez– esa coyuntura y los vínculos estropeados dejaron muchos espacios vacíos. Junto al intendente Martín Soria ya no estuvo el gobernador Alberto Weretilneck ni el senador Miguel Pichetto. Tampoco un ministro de Nación (no llegó el de Agricultura, Carlos Casamiquela; faltó a última hora). Viejos o nuevos sucesos aportaron a esas ausencias y las de sus subordinados o referentes. Las intrigas serán recuerdos en pocos días, pero vale la estampa del sábado para profundizar en el presente del oficialismo. Soria sí estuvo escoltado por cuatro jefes municipales: María Martini (Bariloche), Abel Baratti (Cipolletti), Mario Del Carpio (Jacobacci) y Javier Iud (San Antonio). Las mayores representaciones locales del FpV y conglomerados electorales, a pesar de sus disparidades en los resultados de gestiones y percepciones de sus representados. ¿Un eje opositor? Cualquier conclusión sería prematura. Sí es cierto que allí radican fuertes censuras a Weretilneck, con dibujos conjuntos para el 2015. Se anida una médula antagónica. Cada jefe comunal tiene sus razones. Soria nunca se acomodó al nuevo mandatario después del impacto emocional y político del giro institucional que se generó con el homicidio de su padre. No bastaron maniobras para contenerlo con espacios y diálogos, incluso la jefatura de la Liga de Intendentes. Nada neutralizó la nostalgia y la expectativa de lo que no pudo ser. Se aferró al estilo de gestión y poder de su progenitor en Roca mientras se transformó en un constante censor al gobierno provincial. Esa administración aportó mucho, y motivos nunca le faltaron al roquense. “Soy la ayuda memoria”, se definió. ¿Weretilneck o Pichetto?, le preguntó un periodista de FM Alas de Catriel. “Ninguno. El Gringo Soria”, contestó. Esa valoración personal resume su propulsión y proyección provincial. Su desilusión y su censura a la administración de Weretilneck quebraron ese vínculo y ciertos dichos –como aquél– erosionan su trato con Pichetto. El oficialismo está alterado con la revisión de Weretilneck del plantel de sus funcionarios. Esa marea alcanzará a los lazos del roquense. Tampoco pidió ni lo hará por ellos. En todo caso, el vicegobernador Carlos Peralta trasladó algunas inquietudes al gobernador. Cinco funcionarios conviven en Medio Ambiente y quedarán dos cargos. Seguirá la secretaria Laura Juárez y uno de sus cuatro subsecretarios. Es un recorte, no hay ninguna intención, repite el gobernador. Intenta despegar que se trate de un ajuste de lealtades. Igualmente, Medio Ambiente depende del secretario general, Matías Rulli, que esboza otro camino –que vuelva al dictado en la universidad– para la subsecretaria Gabriela Aschkar, cuñada del intendente. Otra atención especial impone la Lotería, a cargo de Martín Alcalde, exasesor legislativo e interlocutor de Soria. Su partida sería un hecho, tanto que se barajan opciones, como el requerimiento de Elbi Cides (que no quiere quedarse como segundo de Ricardo Arroyo en Desarrollo Social). Entre otras, Canal 10 afrontará cambios que alcanzarán al presidente Julián Goinhex y otros directivos, como Victoria Argañaraz, otra cuñada de Soria, y María Laura Tappatá, la hija de la secretaria de Gobierno Anahí Tappatá. Hay salidas resueltas y otras en análisis. Weretilneck evalúa su impacto en el justicialismo. Soria también mide el proceso mientras monitorea sus cuentas y las ajenas porque entiende que el límite sería detectar cualquier postergación hacia su municipio. Sabe del atrasado envío de la provincia de los 3,6 millones que transfirió Nación del Plan Más Cerca, pero también conoce que esos atrasos alcanzan a otros municipios. Tampoco Martini ya disimula. La relación con Weretilneck nunca fue buena y se depreció más cuando éste no respaldó su candidatura, planteando su prescindencia por la participación del frentista Carlos Valeri; promesa de la que la jefa local siempre descreyó. Además, el bloque del Frente Grande continuó con su resistencia. Hoy Martini no encumbra errores ni silencia críticas, superando el calibre de Soria, con quien vigorizó vínculos. En contrapartida, la intendenta afrontó un impacto político personal a partir de una orden de Weretilneck: el corrimiento masivo de los directorios llegó a su esposo. Carlos Ochoa es un ingeniero electrónico que integraba el plantel de profesionales del Invap y ascendió a vicepresidente con el arribo del FpV al gobierno. Dañada esa relación, Weretilneck direccionó su mirada al titular del Concejo Deliberante, Ramón Chiocconi. El viernes lo convocó a su despacho después de la asunción del barilochense Julio Arrieta en Obras Públicas. Difundió esa reunión en una gacetilla. Nada es casual. Chiocconi condicionó el proceso de reelección de Martini y se anotó en esa carrera para el 2015, cuya excitación por ese cargo demostró en enero cuando cubrió la licencia de la intendenta. El oficialismo cipoleño tiene su complejidad, enmarcada en renovados desacuerdos entre el gobernador y el intendente. Esa convivencia se derrumbó más por otro enredo. En un asado, Baratti adelantó su propósito de reelección. Weretilneck se enteró, se indignó y le hizo llegar su descontento. Aquél contradecía su pedido de cautela y demorar los tiempos electorales pero el fastidio central radicó en que fue ignorado como “jefe político” de su ciudad. El gobernador respondió con sus reuniones y exaltó otras aspiraciones. De poco sirvió el gesto del año pasado de Baratti, cuando aceptó prestar el servicio de los comedores, transformando a Cipolletti en el único de los municipios grandes que lo hace. Hay lamentos, pues la provincia adeuda casi dos millones por esos convenios, aunque igual ratificó a Educación que continuaría con esa prestación. El caso Del Carpio expone una singular situación. Ocurre que el mandamás de Jacobacci ha logrado un general aislamiento político institucional, peligroso frente a las dificultades de su Estado. El distanciamiento con Weretilneck comenzó hace un año, en ocasión de la Fiesta del Michay, cuando Del Carpio no quiso demorar una ceremonia y esperar al mandatario que llegaba demorado. Después, el resto entre ellos fueron desencuentros y, en cambio, consolidó nexos con Soria, resguardando sus dependencias nacionales con Pichetto. Iud tiene un claro contraste en relación con los anteriores mandatarios. Confrontó duro en noviembre con Weretilneck, pero recuperó en diciembre un fluido diálogo y el gobierno le reconoce que sus reproches se combinan con dichos y acciones de colaboración. Él repite que no es tiempo de candidaturas pero pregona –como la mayoría de sus pares– que un peronista debe ser el próximo candidato del FpV. ¿Piensa en Pichetto? Posiblemente. Pero, la relación del senador y el intendente sorprende por sus oscilaciones. La última: Iud desatendió el llamado al vacío de la cena de Roca, pero esa discrepancia se superó luego con una reunión en Viedma del parlamentario y el jefe comunal. La fotografía de Soria, Martini, Baratti, Del Carpio e Iud sólo es una imagen que delimita concordancias ocasionales frente a otros núcleos de fidelidades. Allí hay otra evaluación. “Fue un fracaso. Los intendentes son 30 y fueron cuatro”, valora Weretilneck frente a los suyos. Otra fase de la conversión oficialista se vislumbra con las altas y bajas de funcionarios. Esos reflujos se entrecruzan con los debates del ajuste estatal y la discusión salarial, que esta semana se profundizará con UPCN, Unter y ATE. No hubo información oficial, pero el miércoles el gobernador se reunió con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. Según se supo, el rionegrino compartió sus planes y escuchó apuntes nacionales de la política salarial. Tomó nota. Hace dos semanas Capitanich lo abarajó a Weretilneck cuando participó en una reunión por Bariloche y le reclamó que aclarara que las medidas de ajuste lanzadas –que reproducían medios nacionales– respondían al plano provincial. El rionegrino después cumplió con esa aclaración. La porfía salarial está ya a la vista y será complicada. El gobierno lo sabe y pretende apartar –por ahora– otros conflictos, especialmente los internos del FpV. Esa faena será igual de compleja.