Gas natural: ¿Se nos viene el invierno?

El escenario de producción e importaciones es preocupante. Con precios internacionales en alza es oportuna la difusión de una campaña de uso eficiente de la energía.




La oferta de gas no alcanzaría a cubrir la demanda de mayo afectada por los piquetes en Vaca Muerta.

La oferta de gas no alcanzaría a cubrir la demanda de mayo afectada por los piquetes en Vaca Muerta.

Unos meses antes de la llegada de la época invernal ha comenzado a generar escalofríos en el gobierno y los usuarios la posibilidad de escasez de gas natural en esos meses.

La continuidad de las demoras y las señales contradictorias por parte de las autoridades siguen marcando el sendero y las preocupaciones. El plan Gas.Ar, a pesar de la inédita velocidad de la licitación, se vio tantas veces postergado que ha llegado tarde y las inversiones no llegarían a tiempo.

El congelamiento de las tarifas energéticas no es gratuito. No sólo es un hecho que siempre alguien lo paga, sino que causa incertidumbre y dudas en los productores de gas respecto al origen de los pagos comprometidos y posterga la definición del inicio de las inversiones necesarias.

Se han mencionado en los medios la posibilidad de que se realice una segunda ronda del Plan Gas.Ar, o sea un Plan Gas 5 y de una nueva Ley de hidrocarburos. Seguimos añadiendo titubeos.

En números

47
fueron los pozos de gas que se sumaron en 2020, contra 111 que se habían realizado en el 2019.

El regreso del buque metanero despedido por Macri, sigue flotando como un fantasma en una imagen del fracaso de las nuevas políticas energéticas sobre Vaca Muerta. Una picardía del gobierno anterior que pesa en las opciones.

El gobierno pretende dar certezas, pero los hechos no colaboran. La producción doméstica sigue en declino (en 2019 se perforaron 111 pozos mientras que en 2020 solo 47), Bolivia ya ha manifestado que apenas podrá ofrecer un 30% menos en el período de mayor demanda y no pareciera que se defienda la posición de interés argentina, sino más bien un perdón de hermano latinoamericano en la renegociación del contrato.

Es bueno que suban los precios internacionales de lo que producimos y que nos sobre para exportar (como sucede con la soja) pero se convierte en un problema cuando suben los valores de aquello que no nos alcanza para abastecernos.

El corte de gas a las industrias en este invierno es un fantasma que se asoma en el horizonte.

Los precios por las nubes del LNG (Liquefied Natural Gas en inglés o Gas Natural Licuado en español) en estos momentos, también impone una señal de alerta en aquellos que especulaban que los cargos se iban a mantener eternamente bajos.

Los precios de los últimos días de frío en el hemisferio boreal, sumado al crecimiento económico de China, el reemplazo de centrales de carbón en Japón hicieron volar los cargos a más de 30 us$/MMBTU (que rondaban los 2 us$ en plena cuarentena) y los fletes han cuadruplicado sus costos (llegando a casi us$ 400.000 diarios).

En el caso del LNG sobrenadan las dudas de siempre: precios, quién, y cómo se paga, de dónde provendrán los dólares con los cuales se debe pagar anticipado, entre otras. Si bien no es probable que subsistan estos altos precios en el invierno meridional, ésta volatilidad asusta.

Si los contratos de LNG superan los 10 dólares el millón de BTU traerán un dolor de cabeza adicional al gobierno de cara a las importaciones y a las elecciones del 2021.

El dato

10 dólares
por millón de BTU sería un precio del LNG que generaría problemas en el gobierno.


Finalmente, existe esta alternativa de volver con los buques metaneros y la regasificación de LNG importado en Bahía Blanca (Escobar acaba de ser re habilitado de operar tras la clausura que se había fijado por cuestiones ambientales); en parte alguna ayuda de gas que venga de Chile, o lo que resultaría catastrófico para la reactivación del sector: el retorno a los cortes de suministro a las industrias. Una especie de toque de queda al consumo de gas industrial.

El tiempo perdido es irrecuperable pero aún tenemos 4 meses para bajar la demanda a través de una muy intensa campaña de eficiencia energética ya que con el congelamiento tarifario el bolsillo no se convertirá en una señal de ahorro.

Si bien no es la panacea, hay enormes márgenes para con pequeños cambios culturales, baja a nula inversión y en tiempos breves poder implementar disminuciones en los consumos con las mismas prestaciones, en cerramientos, artefactos, aislamiento, y numerosos programas exitosos a continuar y emular. Parte de lo que podemos hacer antes que nos llegue el invierno. Además de rezar por temperaturas invernales moderadas y benignas.

(*) El autor es ingeniero. Fue secretario de Energía de la provincia de Neuquén.


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