En Huincul, la familia Beckmann elabora el vino en su propia bodega y viñedo
Alejandro Beckmann y su esposa Daniela Krumrick acaban de presentar “Principios y Finales”, el nombre de la bodega propia, un proyecto basado en la agricultura regenerativa y con el eje en la vitivinicultura artesanal.
Al espacio donde se levanta la bodega y los viñedos que creó Alejandro Beckmann se llega por la avenida Castagnous en el barrio Otaño de Plaza Huincul. Las 3.200 plantas –multivarietales- se observan al final de los tres cuartos de hectáreas que conforman “Principios y Finales”, el proyecto soñado por largos años y que logró plasmar este ingeniero civil.

Después de cuatro años de intenso trabajo, el viñedo de agricultura regenerativa ya ofrece sus primeros frutos. La opción es la vitivinicultura artesanal y se busca un vino que pueda ser elegido por aquellas personas que apuesten a apreciar la experiencia
El viñedo cuenta actualmente con una superficie de aproximadamente tres cuartos de hectárea. Beckmann explicó que, a pesar de ser una extensión pequeña, optó por una densidad importante de plantas: unas 3.200 en total, que fueron colocadas muy juntas para alcanzar el volumen de vinificación deseado.
En el lugar se aprecia un cultivo multivarietal, según la definición del propietario, de cepas «bordelesas» como Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Petit Verdot, además de contar con parcelas de Pinot Noir.
«Tener un vino de acá, de Huincul»
El sello distintivo de la bodega es el Field Blend (mezcla de campo), un vino que nace de la combinación de estas múltiples variedades desde el propio viñedo.
Beckmann es ingeniero civil, actividad que desarrolla en su empresa, aunque desde hace cuatro años, avanzó con la idea de elaborar vino.
“Son muchas las personas que han ayudado y han colaborado para que este proyecto llegue a lo que es hoy, con la esperanza que siga creciendo y que nos sigamos fortaleciendo, poder brindar a la comunidad esta posibilidad de tener un vino acá, en Plaza Huincul”, describió.
“Por ahí uno piensa que es casi una locura, pero hoy esto es una realidad”, subrayó. En estos cuatro años, la experiencia los ha llevado a la elaboración de los primeros vinos. Para el cultivo, la opción fue volcarse a una agricultura regenerativa.
Es decir, “no labrar el suelo, sino dejar lo que se desarrolle naturalmente, que todos los microorganismos, hongos, todos los tipos de plantas que se denominan espontáneas o arvenses, crezcan con naturalidad y que se forme un ecosistema, una biodiversidad”.
Este proyecto está basado en la premisa que “el vino nace en el viñedo, porque nace de la calidad de la uva y de lo que uno logra con ese fruto”. Entonces, “lo primero es el principio, que es otra connotación más (del nombre de la bodega) que nació ahí en ese viñedito”.
“Parece mentira, pero bueno, estoy acá y vamos a seguir poniendo todo el esfuerzo, todas las ganas y toda la pasión para que esto continúe”, sostuvo.
Cómo se trabaja en los viñedos
En este predio, la decisión es no labrar el suelo y facilitar que exista una comunicación radicular, con una fertilización orgánica. No se aplican fertilizantes industriales, sino que se recurre al compostaje con hojas secas, restos que quedan en las verdulerías y el orujo de las prensas que apuntan a devolverle al suelo los nutrientes extraídos.
Después del tiempo de la cosecha, el proceso es controlado por el Bekcmann porque busca asegurar la obtención de un vino de calidad. “Me gusta manejar un volumen de producción que me permita decidir el momento exacto de la cosecha, según la acidez y el azúcar hasta realizar las cofermentaciones y armar los propios blends.
El viñedo huinculense logró una producción estimada en 2.500 kilos de uva con los que se elaboraron unos 1.515 litros de vino. “La idea es colocar la elaboración del vino en un público que valore el trabajo y la experiencia, que es artesanal y requiere muchísimo trabajo, capacitación y que lo pueda disfrutar”, finalizó.
“Sí, es una idea que vine desde hace rato, pero era como un sueño, algo irrealizable. Siempre lo pensaba, pero decía: no, no lo voy a poder hacer porque yo estoy dedicado a otra actividad». Entonces, Alejandro pensó que “tenía que nacer de nuevo, pero un día me dijo es ahora, después ya no hay oportunidad”, concluyó.
La meta a futuro es estabilizar el rendimiento en 1,5 kilos por planta para lograr una producción anual de 3 mil litros o unas 4.500 botellas, volumen que le permitirá mantener un control artesanal y personal de todo el proceso. Este proyecto comenzó y sigue con fondos propios y es “un esfuerzo familiar” con una oferta para la ciudad.
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