Gelman, del amor y otros demonios
El poeta habla de su nuevo libro, “El emperrado corazón amora”, y de la poesía, pero también de su nieta Macarena y de Uruguay.
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El poeta argentino vuelve sobre sus temas: la infancia, la justicia, la memoria.
El poeta Juan Gelman -radicado en México desde 1988- parece dispuesto a encarar nuevos desafíos, tras reconocer a su última obra, “El emperrado corazón amora” como un gozne dentro de un proceso creativo de búsquedas constantes. Este libro, editado en Argentina por Seix Barral, es una muestra más de su indagación sobre una constelación de temas recurrentes: la infancia, la justicia, el destierro, la memoria, la pasión amatoria y la misma poesía como espacio insondable. A punto de viajar a Argentina para presentar junto al bandoneonista Rodolfo Mederos el espectáculo poético musical “Del amor”, Gelman dialogó sobre diversos tópicos de su poesía y su vida. –Se ha dicho en España a propósito de su libro último, que es el de mayor riesgo y el más “radical”. En su opinión, ¿qué libros han funcionado como goznes de su propia búsqueda? –Creo que sobre todo son “Cólera buey”, “Incompletamente” y el que acaba de salir, “El emperrado corazón amora”. Es difícil para mí precisar esto, cada uno responde a una obsesión particular dentro de una continuidad. –Hay un término que se repite en su libro: “nervios”, una palabra recurrente en poetas vanguardistas del siglo XX… –La palabra “nervios” tiene exactamente ese sentido en William Blake, que le pide a las musas que bajen por los nervios de su brazo derecho, el que usaba para escribir y pintar. En Goethe, el sentido es otro: en un poema dice que algunas cosas lo enfurecen y le crispan los nervios, por ejemplo, dormir solo. A mí, lo que me pone nervioso es la crisis económica y los libros por Internet. –En “El emperrado corazón amora” vuelven sobre aquella frase suya de “confiar en el misterio” en referencia al enigma de la creación… –Seguramente sin respuesta. –Además, son varios los poemas que remiten al barrio y al ámbito familiar. ¿La infancia le sigue enviando mensajes? –Sí, y no se trata sólo de la infancia que uno tuvo, o la que uno cree que tuvo, sino de su paisaje y de cómo la hicieron y se hizo. –Alguna vez usted dijo, en referencia a su nieta Macarena Gelman: “Somos huérfanos de la misma persona”; ahora en pos de la verdad sobre el asesinato y el lugar de los restos de su madre María Claudia García ¿son también compañeros de una misma búsqueda, la de la justicia? –Absolutamente sí. Ella reabrió en Uruguay el proceso para que se encuentren los restos de su madre y sus asesinos reciban el castigo que fija la ley, después de que los dos juicios que inicié fueran clausurados por jueces y/o presidentes que odian “los ojos en la nuca”, como bautizaron a la memoria de las víctimas. Macarena se sumó a la querella que abrimos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y condujo a la condena del estado uruguayo, un logro que prácticamente consiguió ella por las propias. Es una mujer valiente, además de hermosa. –El presidente uruguayo José Mujica anunció la firma de un decreto para investigar asesinatos amparados bajo la Ley de Caducidad. ¿Lo ve como un paso más firme de un gobierno que se mostró hasta ahora ambiguo respecto a esa ley? –Es un avance, pero el gobierno uruguayo no fue ambiguo con la ley de caducidad: el presidente Mujica hizo todo lo posible para que ni siquiera se modificara y lo consiguió. Esa ley tiene un nombre muy particular: Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Parece que es pretencioso castigar a los asesinos y torturadores de la dictadura uruguaya. (Télam)
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