Grecia en cuenta regresiva
RAMIRO CASTIÑEIRA (*)
Fracasó el euro, por lo menos para Grecia. La pérdida de competitividad derivó en un déficit en la cuenta corriente del balance de pagos de 15% del PBI previo a la crisis del 2009, de los cuales 11% se explicaban por el déficit comercial de bienes y servicios. El déficit externo empuja al gobierno a incrementar el déficit fiscal para intentar sostener el nivel de actividad, que de contrario caería en picada buscando corregir ese déficit externo. La dinámica culmina cuando la deuda pública alcanza números insostenibles y el sector privado pone en duda la capacidad de pago del gobierno. A esa altura, no sólo se tiene una economía deficitaria y no competitiva sino también un gobierno deficitario y altamente endeudado, agravando el cuadro macroeconómico y haciendo más costoso el posterior ajuste. Antes de la crisis, en el 2008 el déficit fiscal ya sumaba 10% del PBI, de los cuales la mitad correspondía al pago de intereses de una deuda pública equivalente a 100% del PBI. El sector privado no quiso financiar más a Grecia y la unión europea salió a su rescate exigiendo ajustes fiscales. Ahora bien, entender el déficit fiscal como causa o consecuencia de la crisis hace la diferencia. Difícilmente puedan solucionarse problemas de competitividad con ajustes fiscales y menos de tal magnitud. Ni los ajustes fiscales ni el canje de deuda modificaron el cuadro de Grecia. Pasó de un déficit fiscal de 10% del PBI en el 2008, a uno del 8% el año pasado. La deuda pública pasó de 100% del PBI en el 2008 a 163% previo el canje, y de 115% del PBI tras él. El déficit externo se contrajo de 15% a 10% del PBI entre el 2008 y el 2011, no por un cambio estructural sino por la caída del nivel de actividad que acumula -11,2% en igual período. La expectativa de que todo culmine con la salida de Grecia del euro siempre estuvo presente, por ello privados ya sacaron 70.000 millones de sus depósitos en los bancos, equivalente al 30% desde el máximo que alcanzó a fin del 2009. La salida de depósitos se acelera este mes (700 millones) ante la incertidumbre que generan las nuevas elecciones y donde el favorito en las encuestas propone no cumplir los ajustes fiscales acordados con Europa, lo que provocaría el cese del financiamiento externo y los subsiguientes pasos que Argentina vivió una década atrás. La crisis no es de Grecia sino del euro. Grecia (de PBI más chico que Argentina) fue el primero en acusar la consecuencia de la pérdida de competitividad, por un tiempo ocultada bajo una montaña de deuda pública. El riesgo de Europa no es Grecia, sino reconocer que se puede estar frente al fracaso del euro ante diversos países con similares síntomas, madurando la crisis cada uno a su tiempo. (*) Economista en jefe de Econométrica