Hay más de 1.300 ascensores bajo control municipal

Bariloche tiene una cantidad de “medios de transporte vertical” inusual para su tamaño debido al turismo. La fiscalización se torna vital para evitar accidentes.

Las puertas de tablillas son más seguras que las “tijera”.  Foto: Alfredo Leiva

Las puertas de tablillas son más seguras que las “tijera”. Foto: Alfredo Leiva

Por lo general no son tomados como prioridad en las políticas públicas y sus sistemas de control. Pero nada asegura que no se conviertan en noticia de un momento a otro y puede ser muy tarde.

Los ascensores y montacargas que son de uso cotidiano en los edificios de varias plantas suelen pasar inadvertidos, pero demandan cuidadosos protocolos de mantenimiento, exigencias técnicas y un libro de registro de cada intervención, que el municipio reguló mediante una ordenanza de reciente aprobación.

Esa nueva normativa actualizó otra que databa de 1996 y surgió a partir del accidente que le costó la vida a una nena de 7 años, al quedar por un vetusto ascensor en el hotel Concorde.

Actualmente existen en la ciudad entre 1.300 y 1.600 ascensores o “medios de transporte vertical”, según la denominación que les da la ordenanza. El dato (así, con ese rango de incertidumbre) fue aportado por el titular del Departamento Técnico de Electricidad y Electromecánica del municipio, Julián López.

La imprecisión se debe a que todavía falta completar el empadronamiento de todos los ascensores instalados que fijó como objetivo la ordenanza 3002, sancionada en diciembre de 2018.

La dificultad para contar con un censo confiable se debe también a la creciente cantidad de ascensores ubicados en domicilios particulares, que si bien no son de uso público, igual están sujetos a la fiscalización periódica del municipio.

López dijo que la nueva regulación se elaboró con ejemplos tomados de otros localidades y con prescripciones del INTI. Uno de los cambios principales, según apuntó, es que el control y habilitación de un ascensor comienza ahora desde el mismo proyecto edilicio.

Es decir que el constructor está obligado a consultar y obtener el aval técnico de un “matriculado” de la especialidad para evitar que las limitaciones o insuficiencias de un elevador sean detectados cuando ya es imposible aplicar reformas.

También quedó fijada la obligatoriedad de las revisiones mensuales y la responsabilidad compartida entre el técnico y el propietario, algo que no establecía la ordenanza anterior.

López explicó que “siempre que existe un ascensor existe un responsable de mantenimiento”, que debe contar con matrícula habilitante del Consejo de Ingeniería y tiene atribuciones equiparables a las de un gasista matriculado para las instalaciones de ese servicio.

Los técnicos saben que si va a haber cortes de luz programados alguien se quedará encerrado. Foto: Alfredo Leiva

Ricardo Lucero, uno de los técnicos con más experiencia en la ciudad, dijo que la firma a su cargo tiene 40 años en la actividad y aclaró que la situación de Bariloche no es equiparable a la de Buenos Aires u otras ciudades con edificios más altos. “Allá los ascensores tienen más paradas y el uso es distinto -explicó-. Acá son muchos los que funcionan en hoteles, especialmente los estudiantiles, que tienen una tasa de uso altísima”.

Los instalados en esta ciudad son relativamente simples en cuanto a extensión y potencia. Los más extensos tienen un máximo de 14 paradas (entre subsuelos y pisos en altura) y están emplazados en el Bariloche Center, un edificio próximo a cumplir 50 años.

Entenso

14 paradas
tiene el ascensor con el trayecto más largo de la ciudad: el del Bariloche Center, de casi medio siglo. Se cuentan los pisos de altura, pero también los subsuelos.

Los siguen otros elevadores de 11 paradas como los del hotel Monte Claro y los de un edificio de departamentos ubicado en Mitre y Ruiz Moreno.
Sobre las características técnicas, Lucero dijo que justamente por las alturas limitadas “en Bariloche todavía hay mucho ascensor hidráulico, que va bien para no más de cuatro paradas”. De cinco en adelante lo recomendable es un ascensor electromecánico, que lleva “máquina arriba” y tiene un costo superior.

El mantenimiento obligatorio, con plazos estrictos, debe quedar asentado en un libro de registro que avala la municipalidad. También firman el dueño y el administrador del edificio o del hotel. “Todos tenemos responsabilidad”, señaló Lucero.

Actualmente en el listado del municipio hay 15 matriculados en condiciones de asumir el mantenimiento de un ascensor y ninguno -según fija la ordenanza- puede tener más de 150 equipos a su cargo.

Cuando detectan una falla o desgaste lo comunican al titular y si no son escuchados pueden “dar de baja” un equipo. O bien dan parte al municipio, que tiene la facultad de intimar y eventualmente clausurar el ascensor. López dijo que hay algunos casos de clausura pero “no llegan a una decena por año”.

También puede ocurrir que ante la negligencia del dueño el técnico renuncie para evitar riesgos. En ese caso el ascensor queda automáticamente inhabilitado, porque no puede funcionar sin un especialista a cargo.

En el día a día, los casos más difíciles para los técnicos son los de los consorcios, según reconoció Gabriel Rodríguez, quien lleva 22 años en el rubro.

Dijo que la responsabilidad para ellos es grande porque “si hay un incidente el brete judicial es terrible y uno puede perder todo lo que tenga”. Les resulta complejo tratar con consorcios (no tanto con hoteles o empresas), porque los gastos a veces son elevados y para decidir una inversión en mantenimiento “se tienen que reunir y acordar entre todos los copropietario”, lo que dilata los plazos.

Los llamados de auxilio no son algo de todos los días, pero nos llaman. Hemos llegado a tener diez pedidos al mismo tiempo

Ricardo Lucero, uno de los técnicos en asesores con mayor experiencia.

Explicó que un reemplazo de puertas, de botoneras o de los cables de acero pueden ser las reparaciones más frecuentes.

Nuevas tecnologías

Los ascensores de puerta “de rejas” están prohibidos desde hace años, pero todavía perduran algunos antiguos de puertas “con tablillas”. Los más seguros son enteramente automáticos y la evolución tecnológica es constante.

Rodríguez dijo que el año pasado asesoró a los concejales en la elaboración de la nueva ordenanza y consideró que resulta hoy un buen instrumento. “Sirvió para meterle presión a los propietarios -consideró-. Ya se produjeron varios cambios como las consultas permanentes que nos hacen los arquitectos durante el proceso de construcción”.

En esos casos suelen encontrarse con edificios muy grandes, de hasta 120 departamentos, que están planificados con sólo dos ascensores de 400 kilos. Algo que resulta por completo insuficiente en las horas pico.

Rodríguez dijo que “la regulación prevé un ascensor de 450 kilos cada 14 departamentos”. Aclaró que “no es lo mismo un hotel que un edificio de viviendas”.

Un caso muy especial son los hoteles estudiantiles, que tienen altísima tasa de uso. Hay tecnología que permite contabilizar las aperturas de puertas y -según Rodríguez- en el hotel Bella Vista, cuando alojaba estudiantes, llegó a registrar un ascensor que había tenido 5.000 aperturas en sólo 3 días.

Lucero dijo también que de los hoteles de turismo estudiantil suelen recibir numerosas llamadas cuando un elevador se para o se descompone, con pasajeros a bordo. “Algunas veces nos llaman los mismos chicos, porque el teléfono está dentro de la cabina -refirió-. Entonces los contenemos. En general la gente entiende, se queda tranquila y espera hasta que llegamos”.

El exceso de peso que detiene automáticamente el ascensor o también las puertas que se traban por mal uso son los motivos de intervención más habituales.

La rutina de los ascensoristas tiene sus particularidades. Por ejemplo, aunque nadie se los exija, suelen quedarse “de guardia” en el centro de la ciudad cuando hay cortes de luz programados, porque saben de antemano que se plantarán muchos elevadores y abundarán los llamados de auxilio.

“No es de todos los días, pero nos llaman -contó Lucero-. Hemos llegado a tener diez al mismo tiempo”.

Un caso fatal que hizo que las normas cambiaran

La actual ordenanza municipal que regula los ascensores bien podría llevar el nombre de “Franca”. Así se llamaba la hija de dos empleados del hotel Concorde, ubicado en pleno centro, que en la tarde del 23 de enero de 2017 jugaba en la planta baja cuando ante un descuido quedó atrapada por el ascensor.

La nena tenía sólo siete años y sufrió graves lesiones que le provocaron la muerte.

El ascensorista Ricardo Lucero dijo que el elevador “funcionaba mal desde hacía tiempo” y algo así no podría ocurrir hoy. El hotel permaneció clausurado más de dos meses.

Por el hecho fue procesado el técnico responsable Ariel Evans, que en septiembre de 2018 acordó una suspensión del juicio a prueba, a cambio de realizar 50 horas de trabajo comunitario y una suspensión de cinco años para cumplir tareas como ascensorista.

Las exigencias de la regulación vigente

La importancia de “garantizar la seguridad de los usuarios” de ascensores, llevar un “historial técnico” de cada equipo y certificar la capacidad de los profesionales encargados del mantenimiento son algunas de los puntos que destaca la regulación vigente.

Fue aprobada en diciembre pasado y todavía no fue reglamentada, a pesar de que en el mismo texto se fijó un plazo de 120 días “desde la promulgación”. La directora de Obras por Contrato del municipio, Adriana Conde, dijo que aun así está en plena aplicación. Destacó que entre las modificaciones más importantes “se establece con claridad la solidaridad del propietario”. Aclaró que la ordenanza no sólo es para ascensores, sino para montacargas, elevadores de autos como los que se emplean en los talleres mecánicos, equipos que se adosan a las escaleras para elevar sillas de discapacitados y hasta los “monta platos” que existen en restoranes y hoteles para conectar niveles.

Otro mandato incumplido por el municipio es el de realizar “un relevamiento de todos los ‘medios de transporte vertical’ instalados” en Bariloche, para lo cual la ordenanza otorgó un máximo de 180 días desde la promulgación.

Julián López, del departamento de Electromecánica, dijo que falta resolver la modalidad de esa tarea y depende de una decisión del Ejecutivo.


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