Historias de buenos y malos
La escena era más o menos así: el tipo vestido de negro, con una pistola humeante en la mano, deja que el brillo de su sonrisa ilumine el firmamento. Pero cae.
Gary Cooper lo ha herido de muerte. Así se cierra toda una época en el cine western. En «Veracruz», por una vez el bueno se confunde con el malo.
Las representaciones burdas del héroe de sombrero blanco contra el malo (malísimo) de sombrero negro serían cuestionadas y por eso mismo rejuvenecerían al género. Cada cierto tiempo el western parece dar sus últimas bocanadas. Pero algo o alguien consigue darle nueva vida.
Ya a finales del '30, cuando se hablaba de su caída, «La diligencia» de John Ford y «Tierra de audaces» de Henry King, borraron las dudas que había acerca de su vitalidad.
Por idolatrada que pueda ser la figura de John Wayne, la mayoría de sus películas no fueron reveladoras desde lo artístico. «Río Bravo» constituye una excepción a la regla. Allí aparecen síntomas de una idea de western más humano y por lo tanto más vulnerable.
Los maestros de este universo, Howard Hawks, Budd Boetticher, Raoul Walsh y John Ford, y la generación que les siguió compuesta por Sam Peckinpah y Monte Hellman, entre otros, desacralizaron la figura del eterno ganador con pistolas y trajeron desde las sombras el «dirty western».
Pero no todo fue de ese modo. La pantalla chica se pobló de series como «Bonanza», «Daniel Boone» y «Maverick», donde todo parecía estar perfectamente claro.
El western «spaghetti» de gente como Sergio Leone fue una respuesta a tanta candidez. En el transcurso hacia aguas más sinceras vimos de todo. La historia de «Billy 'The Kid'», con el «caritierno» Eddie Murphy, tomó formas diversas hasta transformarse en un pastiche llamado «Billy 'The Kid' contra el vampiro». Butch Cassidy y Sundance Kid fueron embellecidos por los rostros de Paul Newman y Robert Redford, en un filme de connotaciones románticas, casi estúpidas.
«Danza con lobos», una película sólida, fue el detonador de otra mucho más interesante, de una obra maestra mejor dicho: «Los imperdonables», actuada y dirigida por Clint Eastwood.
El actor de «El jinete pálido» tuvo el guión guardado durante unos 10 años antes de que se le diera la oportunidad de mostrarlo.
Los '80 no habían sido interesantes. «Silverado» era una muestra correcta y punto. A principios de los '90 «Demasiado jóvenes para morir» o la revisión «fashion» de la historia de «Billy 'The Kid'» por lo menos entretuvo.
Las dos últimas décadas del milenio dejaron tan sólo una obra distinta y brillante: «Los imperdonables».
Alguien lo llamó el antiwestern.