VECOAR: cuando una planta en Cipolletti cambió la historia de la manzana
Inaugurada en 1963 en Cipolletti, VECOAR fue una de las primeras plantas de deshidratado de manzanas de Sudamérica y transformó el destino de la fruta regional.
Cuando en febrero de 1963 la Valley Evaporating Company SAIC puso en marcha su planta en Cipolletti, el productor frutícola del Alto Valle aún permanecía mayormente al margen del proceso industrial. La actividad estaba centrada en la producción primaria y el empaque, mientras que el agregado de valor era todavía incipiente. En ese contexto, la radicación de esta firma significó un paso decisivo hacia la transformación industrial de la fruta.

La empresa, filial de una compañía con sede en Estados Unidos, se instaló en el país al amparo del decreto Nº 12078, firmado el 7 de noviembre de 1962 por el Gobierno Nacional, que autorizó el ingreso de capitales extranjeros con garantías legales. Su desembarco respondía a una necesidad concreta: aprovechar los excedentes frutícolas del Alto Valle mediante procesos industriales que permitieran su conservación y comercialización a mayor escala.
La planta que abrió una nueva etapa industrial
La planta se levantó en un punto estratégico: a la vera de la ruta nacional Nº 151, en el kilómetro 0, a pocos metros de su intersección con la ruta Nº 22, en uno de los accesos clave a la ciudad. Desde allí comenzó a operar como una de las primeras fábricas de deshidratado de manzanas instaladas en Sudamérica, introduciendo técnicas innovadoras destinadas a transformar fruta que hasta entonces carecía de destino industrial.
La elección del Alto Valle no fue casual. Cipolletti se encontraba en el corazón de una región frutícola en plena expansión, donde la industrialización permitía transformar un producto perecedero y estacional en otro de larga conservación, con menor peso y mayor facilidad de transporte, abriendo nuevas posibilidades comerciales para la producción regional.
El proyecto contemplaba el aprovechamiento integral de la materia prima, especialmente aquella de menor calidad comercial que no era apta para el mercado en fresco. Gracias a su alto nivel de mecanización, la planta podía sostener una producción elevada y abastecer tanto al mercado interno como a los mercados internacionales, donde los productos deshidratados eran destinados al consumo directo o a procesos posteriores de elaboración.
La planta tenía una capacidad de procesamiento de entre 50 y 60 toneladas diarias de fruta fresca, operando con dos turnos de pelado y tres de secado. El proceso incluía lavado, clasificación, pelado mecánico, tratamiento antioxidante, corte y selección, entre otras etapas. El producto final se envasaba en cajas de 25 kilos, con bolsas de polietileno y atmósfera modificada mediante gas inerte, lo que permitía conservarlo durante años sin necesidad de refrigeración.
Para su funcionamiento, la fábrica contaba con una infraestructura completa: el gas provenía de la red de Plaza Huincul, la energía eléctrica era suministrada por Agua y Energía, y el abastecimiento de agua se realizaba mediante instalaciones propias. También disponía de laboratorio, taller, báscula y administración. La materia prima era provista principalmente por galpones de empaque y chacras de la región, integrando así la producción primaria con la industria.
De pionera regional a una nueva etapa empresarial
La instalación de la Valley Evaporating Company representó una de las primeras experiencias de industrialización a gran escala de la manzana en el Alto Valle. Su presencia marcó el inicio de una etapa en la que la fruta dejó de depender exclusivamente del mercado en fresco y comenzó a incorporarse a procesos industriales que permitieron diversificar su destino y ampliar sus posibilidades comerciales.
Con el paso de los años, la firma dejó de operar y su nombre quedó asociado a una etapa fundacional del desarrollo agroindustrial regional. Sin embargo, su instalación en Cipolletti permanece como testimonio de un momento en que la incorporación de tecnología, capital e infraestructura industrial comenzó a transformar de manera definitiva la relación entre la producción frutícola y la industria en el Alto Valle.
En 1996, la histórica Valley Evaporating Company SAIC pasó a formar parte del proceso de concentración y reestructuración que atravesaba la agroindustria regional. Ese año, sus activos y pasivos fueron adquiridos por Gregorio, Numo y Noel Werthein S.A., la sociedad agroindustrial del grupo familiar Werthein.
La incorporación de la fábrica a este grupo marcó el inicio de una nueva etapa para el establecimiento. La planta inaugurada en 1963, como una de las primeras experiencias de deshidratado industrial de manzanas en Sudamérica, quedó así incorporada a la evolución del entramado agroindustrial del Alto Valle, como parte de un proceso más amplio de modernización, concentración y transformación de la actividad frutícola regional
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