Homenaje a las vidas jóvenes que perdió una fundación de Bariloche

Cinco muchachos del San José Obrero murieron en siete años. Esta organización intenta cubrir el vacío del Estado, a través de la educación y el trabajo.





“En los últimos siete años, hemos perdido cinco vidas jóvenes”. Fernando Fernández Herrero, la cabeza de la Fundación San José Obrero en Bariloche, no logra ocultar su desconsuelo.

La institución nació tras el desmantelamiento de la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico) en Bariloche durante el gobierno de Mauricio Macri. En ese momento, había cinco dispositivos con 65 trabajadores. Por la Casa Terapéutica, circulaban 120 chicos por día, el programa País recibía a 30 jóvenes y otros 25 participaban de los Centros Preventivos Locales de las Adicciones (CEPLA).

Hoy, el San José Obrero pretende cubrir ese vacío que dejó el estado. Funciona en el corazón del barrio Malvinas, al sur de la ciudad, con el desafío de brindar educación y contención a niños y adolescentes y, capacitación y trabajo a jóvenes y adultos. Fernández Herrero aseguró que el gobierno provincial apuesta al proyecto educativo de integración de la Fábrica del Futuro.

Uno de los talleres de la organización que capacita a los jóvenes en oficios. Foto: Chino Leiva

“Estamos fallando como la gran familia que queremos ser, si las vidas se nos escurren. No hay que sentarse en la culpa que nada construye, pero sí asumir la incomodidad de la responsabilidad de cada uno. Las fallas del Estado son responsabilidad principalmente de los que ocupan los cargos, pero también nuestra porque no les pedimos cuenta y no nos metemos a cambiarlo”, posteó Fernández Herrero, en las redes sociales, tras la inauguración de un mural que fue iniciativa de Joaquín Collazo y materializado por la artista plástica Rocío Toppetti. La imagen representa a los cinco jóvenes que perdieron la vida en el último tiempo.

Uno de ellos, Rafael Nahuel, de 22 años, murió a causa de un disparo en la espalda, el 25 de noviembre de 2017 en Villa Mascardi. Alexander “Coqui” Painefil, de 24 años, fue asesinado en el barrio Nahuel Hue en 2019. A Diego Santana, de 23 años, lo encontraron muerto en uno de los piletones de una cantera del barrio Omega el pasado mes de octubre. La autopsia reveló que murió por hipotermia, aunque el informe final no conformó a sus familiares.

Facundo Arias y Rodrigo “Toti” Hermosilla, de 24 años, habían formado parte del Sedronar Bariloche hasta su abrupto cierre en 2016. El actual gobierno de Alberto Fernández no lo volvió a abrir. “No hay un solo lugar que reciba a chicos con problemas de adicciones en Bariloche, la ciudad más importante de la provincia. El municipio, la provincia y nación aportan 10 millones de pesos por mes para dispositivos, pero no hay un solo lugar donde los chicos se puedan internar o hacer tratamientos”, cuestionó Fernández Herrero.

Facundo, Rodrigo y Alexander, tres de los jóvenes que asistían al San José Obrero y murieron en los últimos años. Foto: Chino Leiva

Consideró que hay “una destrucción del tejido social y un debilitamiento de las familias. Esto pasa en todas las clases sociales, pero en la más vulneradas impacta más fuerte”. “La educación -agregó- quedó anclada en los métodos de hace 50 años. Algunas escuelas o docentes hacen el esfuerzo de acomodarse al pibe actual. Otros no. Cuando la educación falla pero el tejido familiar es fuerte, el pibe cae ahí y se sostiene. Cuando no lo hay, cae en agujeros muy oscuros”.

El dirigente social se refirió al aumento del consumo, a la delincuencia y a las fuerzas de seguridad que “entran en un círculo vicioso de violencia”. Cuestionó la propuesta para bajar la edad de imputabilidad como una de “las grandes soluciones”. “No se asume que la falta de trabajo es el origen de todos los problemas. No se sostiene la familia y los pibes crecen en círculos de mucho riesgo. Quedan a la deriva. El problema es la destrucción del tejido industrial en Argentina llevada adelante por gobiernos de derecha y no solucionada por los gobiernos populares. Esto agudizó la falta de trabajo por generaciones”, expresó.

Hoy, unos 80 niños y adolescentes y 250 adultos concurren al San José Obrero. “Este lugar atrae mucho a los chicos. Somos como una familia. Buscamos reconstruir los valores que faltan: familia, trabajo y educación. Por eso, cada golpe de un chico que perdemos es doblemente doloroso”, indicó.

Fernández Herrero confirmó que no se darán por vencidos e insistió en la necesidad de toma de consciencia: “Todos se la pasan quejándose, pero somos una sociedad que ha pisoteado a los jóvenes. Los pibes entran en un círculo negro, en un agujero que puede generar problemas y los ponemos en un lugar de grandes culpables”.

Herrería, uno de los talleres que se dictan en la fundación San José Obrero, en el barrio Malvinas. Foto: Chino Leiva

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