Iaten Kaike, el lugar 'donde viven las piedras' de la Patagonia

El novedoso museo queda en el circuito de Mallín Ahogado.

Por Redacción

EL BOLSON (AEB)- Desde tiempos inmemoriales la historia del hombre estuvo relacionada con la piedra. No es gratuito que los especialistas hablen de la «Edad de Piedra», ni que las leyendas y tradiciones enumeren, una y otra vez, la convivencia de los humanos con las formaciones pétreas. Los ejemplos son muchos y variados. El Rey Arturo extrajo su mítica espada «Excalibur» de un bloque de granito; los musulmanes peregrinan anualmente a La Meca para visitar La Kaaba, donde se guarda un trozo de piedra negra; fue posible descifrar la escritura jeroglífica gracias a la «Piedra de Roseta».

Sobre el suelo patagónico existe una increíble riqueza lítica que recién ahora se está conociendo y difundiendo. Adentrarse en el mundo de las rocas patagónicas y asombrarse de las caprichosas formas que dibujó la naturaleza es una experiencia fascinante que puede vivirse a pocos kilómetros de El Bolsón.

El lugar se llama «Iaten Kaike» que en idioma tehuelche significa «donde viven las piedras». Ubicado en el circuito turístico de Mallín Ahogado, este museo de piedras patagónicas es un verdadero muestrario de la belleza de las gemas preciosas que se encuentran en nuestro suelo. Opalos, jaspes, cuarzos, agatas, las increíbles «thundereggs» o «huevos de trueno», asombrosas geodas, fluoritas, aragonitas o calcedonias. Cada una con el valor agregado de la curiosa geometría lograda por la acción de la naturaleza y con una historia detrás que apasiona al visitante.

Isabel y Eduardo Lucio se apasionan cuando hablan de sus piedras. Más allá de los términos técnicos que utilizan («escala de mohs», «geoda», «macla»), logran imprimir al paseo la mezcla justa entre lo científico, lo didáctico y el amor por la búsqueda de la identidad patagónica.

Eduardo es psicólogo clínico. Isabel es filósofa y una erudita en lenguas nativas como el mapuche o el tehuelche. Ambos son eternos buscadores de piedras y cultura. Durante muchos años utilizaron su tiempo libre para recorrer la Patagonia, visitando yacimientos, eligiendo muestras por su belleza, su rareza u originalidad. Hoy, muestran sus conocimientos en el parque temático «Iaten Kaike».

«Mi padre fue capataz de estancia. Yo he sido siempre un trashumante. Por eso, junto a Isabel, comenzamos a coleccionar piedras que encontrábamos en nuestros viajes», indica Eduardo. Lo que fue un hobby se transformó en un estilo de vida, hasta convertirse en verdaderos especialistas en rocas patagónicas.

Sus conocimientos les permiten sugerir que la Fluorita «Arco Iris» sea designada como «piedra nacional». La roca, que se destaca por sus colores que van desde el ambar, al lila suave, pasando por el rosa y violeta, se encuentra en Río Negro en masas compactas y transparentes.

El visitante que llega hasta la chacra de Mallín Ahogado pasa por distintos estadíos. Desde la sorpresa inicial, el asombro, a la curiosidad que le hace preguntar sobre todas y cada una de las rocas en exposición.

Al aire libre hay obsidianas, geodas (piedras redondeadas y huecas con el interior tapizado de cristales) de milimétrica exactitud, lajas con estructura paisajística y un muestrario que supera la imaginación. Adentro, las mismas piedras se transforman luego de un delicado trabajo artesanal. «Hay un mercado incipiente de cortado y pulido de piedras patagónicas. La idea es que los artesanos utilicen las piedras de su lugar de origen. Los sectores dedicados a la gemología tienen mucho interés en el coleccionismo», comenta Eduardo.

El museo es constantemente visitado por escuelas de la región y recibe una importante cantidad de turistas en cada temporada. La entrada es gratuita y sólo si el visitante lo decide, puede llevarse consigo algunas de las joyas o artesanías que embellecen el lugar. Como algún «cuarzo diamante» de dureza y transparencia destacada o un jaspe pseudomórfico que alterna colores rojos con vetas negras.

La trascendencia y culturas nativas

«La piedra está ligada a las configuraciones primordiales del ser humano. Ella es el primer registro sobre el cual se plasmaron símbolos capaces de trascender la caducidad del momento y las limitaciones de la vida individual», señalan Isabel y Eduardo Lucio en el libro «Las Bellezas de las Piedras Patagónicas» que cada visitante del parque temático «Iaten Kaike» se lleva consigo.

Ellos, han hecho una clasificación de piedras patagónicas que se encuentran entre las más destacadas que se pueden hallar en nuestro suelo.

El cuarzo cristalino y cuarzo diamante, estimado por los mapuches por su origen volcánico; el jaspe, que se utilizaba para tallar puntas de flechas; las geodas de calcedonia y jaspe rojo, formadas hace 80 millones de años, durante el período Cretácico; el jaspe pseudomórfico, de notable belleza; las geodas de calcedonia botrioidal, que se encuentran en la costa patagónica; la Fluorita «Arco Iris», la Piedra Cruz (Quiastolita) y los increíbles «huevos de trueno» con mas de 50 millones de años de antigüedad.

Todas ellas tienen una historia propia. Todas «hablan» a su manera, de eras geológicas tan lejanas que exceden la capacidad de comprensión del hombre.

La humanidad siempre estuvo ligada a la piedra. Fueron de ese material las primeras armas y utensilios.

Fue una piedra («Roseta») la que brindó la llave para abrir el misterio de la escritura egipcia. Encimadas con esotérica precisión dieron vida a las pirámides. Se transformaron en murallas y catedrales. Son adoradas por su belleza o su significado religioso.

Isabel y Eduardo Lucio conocen esa importancia y le agregan el amor que sienten por las culturas nativas. (AEB)


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