Imponderables
La campaña sacudida por el volcán Calbuco y la enseñanza del Puyehue. El domingo votan 23 municipios y será la primera prueba electoral.
DE DOMINGO A DOMINGO
No hay reposo en Río Negro. Reapareció la inquietud con las expresiones de la naturaleza por la erupción y las cenizas del volcán Calbuco.
Hasta entonces, el proceso electoral pronosticaba componentes ajenos pero bien conocidos. Así, esta semana retorna la protesta de productores en las rutas por el maltrato económico al sector frutícola.
El antecedente de la actividad del Puyehue en el 2011 -en la anterior campaña gubernamental- dejó un aprendizaje político. Su ausencia tuvo un alto costo para el entonces mandatario Miguel Saiz y su candidato a sucederlo, César Barbeito. Todos aprendieron de aquello.
Primero, el gobernador Alberto Weretilneck y, después, el senador Miguel Pichetto llegaron a Bariloche. Acallaron disputas y actuaron juntos. Todo producto de un fenómeno excepcional.
Existe actividad en otras dimensiones.
Weretilneck estruja al gobierno a su esquema de poder plano, sin intermedios. Está su autoridad y el resto no tiene nada.
Sus funcionarios tienen que garantizar dos tolerancias: elasticidad ideológica y compartir el mando con quienes introduzca el mismo gobernador.
Fallaron otros ensayos. En Educación, Marcelo Mango logró dominio pleno pero todo se frustró en el viraje hacia el Frente Renovador de Weretilneck. Con menos razones dogmáticas, Guillermo Gesualdo también quedó afuera después del manejo privilegiado que ostentó en Energía y la renegociación petrolera. Al llegar a Obras Públicas, Gesualdo se sumergió en el mundo real. Nunca fue ni se sintió jefe ministerial, jaqueado por la burocracia y el trajín, además de por los requerimientos que Weretilneck derivaba a sus segundos, especialmente al secretario Alejandro Echarren.
Nada nuevo. Sólo que Gesualdo era ajeno. El único que se animó a cuestionar ese sistema fue el exministro Ricardo Arroyo cuando, hace unos meses, en una reunión de gabinete se preguntó qué hacían los ministros. «No hay nada debajo del gobernador. No hay coroneles. Todos somos soldados», describió. Graficó bien ese entramado de miembros dispersos, sin autonomía y dominio casi inexistente.
Gesualdo se fue fastidiado. Weretilneck aceleró los tiempos porque ya lo había apartado de sus canales operativos. Restaba la formalidad, incluso ya había acordado con Carlos Valeri su arribo a Obras Públicas.
El exministro tuvo prerrogativas en la negociación petrolera pero luego cayó en el destierro gubernamental. Peor comienzo afrontó Fabián Galli al frente de Desarrollo Social. Asumió y fue castigado: el mandatario desaprobó su inicial mensaje por personalista y político. El desencanto estuvo en descubrir la precariedad. No fue más que un reto correctivo. El nuevo ministro es obediente. Galli ya advirtió escollos para formar un equipo. Tampoco faltaron las discordias con Arroyo.
Problemas de recambios. La mutación gubernamental ha sido una constante en el gobierno del FpV. Parte se explica en la sucesión institucional o en las crisis internas. Pero el mayor componente de esa inestabilidad corresponde a la selección y la peculiar dirección impuesta por el mandatario.
Once miembros tiene su gabinete -incluyendo Secretaría General y Trabajo- y, en tres años y medio, asumieron 33 autoridades. Hay datos del pasado reciente para cotejar, más allá del ordenamiento fijado por cada gobernador en la conducción del Estado. Pablo Verani registró el paso de 10 y Miguel Saiz llegó a 20 ministros. Ambos en ocho años. Weretilneck suma y descarta «soldados» en su fluctuante camino.
Esa travesía hoy está marcada por la campaña, únicamente ligada al accionar del gobierno. ¿Qué hacía Alejandro Palmieri, que debió haberse ido de Economía (¿renunció?) para ser candidato a legislador, en la cabecera y entregando subsidios el viernes a los productores vitivinícolas? La reprochable utilización estatal tiene sus riesgos para el oficialismo, como las lógicas sospechas originadas por el depósito detectado en Roca con elementos de Desarrollo Social.
Otra arriesgada dependencia convive en el FpV. Miguel Pichetto sigue con demasiadas ataduras a las exigencias en el Senado. Su prioridad actual es la aprobación de los pliegos para la Corte de Roberto Carlés, el candidato presidencial. No hay seguridad de cuándo el senador cumplirá o se librará de ese mandato.
Hay preocupación frentista por su ausencia de Río Negro. En su defensa, explican que la permanencia en Buenos Aires aporta porque genera concreciones y visitas nacionales. Hechos traducidos en actos electorales y otro indebido uso proselitista. Se recuerda que Pichetto, en la candidatura del 2007, siguió con su doble ocupación. ¿Esa sujeción a los deberes en Nación persistirá en esta ocasión? Se aproxima ese planteo.
Su conclusión estará ligada a los resultados en los 23 municipios que votan el próximo domingo. El pichettismo pone en juego 14 administraciones, la UCR seis y los aliados al gobernador solamente tres. En definitiva, el oficialismo arriesga poco y sólo especula con las derrotas opositoras.
Se votará en cuatro de las cinco ciudades mayores: Roca, Regina, Cipolletti y Viedma. El FpV parece aferrado a la continuidad en las dos primeras y batalla en las restantes. En cambio, la alianza de Weretilneck tendrá sólo candidatos en Regina y Roca: Daniel Fioretti y Mario Álvarez. Curiosamente, traslada sus expectativas a Cipolletti y Viedma, donde no tiene boleta Juntos Somos Río Negro. Allí alienta las victorias de Aníbal Tortoriello y del intendente radical José Luis Foulkes. Mejor dicho, Weretilneck desea el fracaso de Abel Baratti -a quien entronizó en Cipolletti y luego se pelearon- y necesita del traspié de Juan Manuel Pichetto, el hijo del senador.
¿Pronósticos? Roca se mide por el porcentaje qué lograría Martín Soria, a partir del alto parámetro logrado en octubre del 2011, de casi 75%. El albertismo apuesta a que Álvarez logre el segundo lugar. En Regina, la meta es similar frente a la consolidada candidatura del legislador Carlos Vazzana del FpV.
Sin triunfos previsibles, Weretilneck teoriza con apropiarse de éxitos ajenos. Aspira a la fotografía con Tortoriello en Cipolletti, desplazando a la senadora Magdalena Odarda que le prestó el sello del ARI para participar como espacio formal. El empresario desconoce la lógica política. Milita con su prédica, con pocos afiches y su única figura. Nadie debería esperar su patrocinio público si vence a Baratti, quien expone un fuerte auxilio del senador.
En Viedma, la definición no está resuelta. Foulkes y Pichetto no se sacan ventajas. Hablan de sus triunfos, aceptando diferencias mínimas. Un escenario impensado hace tres meses. Esta semana el FpV intensificará su ofensiva en su último intento de quedarse con la capital. Se prevé la instalación del senador. El intendente atiende su trama de apoyos, entre ellos, la velada protección de Weretilneck.
Casi no tiene candidatos, pero el oficialismo provincial sabe que su pugna electoral se marcará con los resultados municipales. Un triunfo de Pichetto en Viedma sería el desfallecimiento de las ilusiones, y su derrota sería una oportunidad.
Las votaciones de mayo constituirán el primer atisbo de cuánto de verdadero es el Río Negro que cuentan unos y otros. Esa provincia donde tallan también los imponderables naturales.
ADRIÁN PECOLLO
adrianpecollo@rionegro.com.ar
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