Inquietudes en las vísperas
Venían todos diciendo lo mismo. Hasta que de pronto, en las últimas semanas, los economistas de cada bando en pugna para las elecciones no se tiran flores. Las respuestas que brindan son mesiánicas o exageradas o imposibles de llevar adelante. Sostienen que no se pueden imponer los cambios de prepo. En ese territorio, por la experiencia histórica argentina también descuidan las repercusiones sociales. Y chocan con las expectativas, porque ahora los ciudadanos requieren precisión y veracidad. Los economistas, se confirma, temen pisarle el poncho al candidato (al cual responden) que es posible que viva en otro mundo y utiliza otro lenguaje, que es el de atraer votos a cualquier costo. Mauricio Macri, de Cambiemos, representa a la oposición y se asienta en el hartazgo de los argentinos de doce años de kirchnerismo cristinista. Tiene muchas chances de ganar el balotaje, superando las campañas de publicidad sucia del oficialismo que trabajan para desprestigiarlo. Es el muestrario del miedo a perder que tienen los cuadros que responden al gobierno. Miedo a perder los privilegios, miedo a los impedimentos de acceso a la caja grande, miedo a no poder proteger más sus intereses y los de sus amigos, miedo a volver al llano. Por eso atropellan y lo seguirán haciendo hasta el último minuto. Buscan nombrar jueces como pantalla de protección y ya hicieron jurar a dos auditores jovencitos en la Auditoría General de la Nación, uno militante de La Cámpora y exsecretario de Justicia y el otro amigo íntimo de Máximo Kirchner, hasta ahora alta jerarquía del Banco Nación. El oficialismo (no los peronistas históricos) se adueñó de una terminología casi cavernícola. Decir, como lo dijo Julián Domínguez, titular de la Cámara de Diputados, que si ganan los “otros” es el retorno de la oligarquía y los intereses foráneos (el Fondo Monetario y las finanzas) es casi una burla con alta dosis de dramatismo. Porque, si gana, el oficialismo va a tener que tocar los mismos timbres que si el triunfo beneficiara a los opositores. La posición de Domínguez no se diferencia mucho de los militantes que están a sueldo del Estado o de los que creen a pie juntillas, con fervor y sin interés particular. El núcleo central del pensamiento es rescatar el espíritu de los años setenta, de su extrema violencia, exaltar el “coraje” y los “sueños de revolución y cambio” de los jóvenes de la guerrilla, considerarlos héroes en vez de combatientes que menospreciaron la democracia y salieron con armas y muerte a conquistar el poder. En esa dirección durante los doce años inaugurados por Kirchner quedaron encerrados en un pasado de gloria, aislaron al país del mundo, llevaron al Mercosur a terapia intensiva, despreciaron el mercado mundial, creyeron que eran dioses por el crecimiento del 2003 al 2010 pero basados en los cereales con buenos precios, cerraron el paso a la verdad estadística cuando intervinieron el Indec en enero del 2007. Mintieron estadísticas decisivas. Aseguraron que no hay pobreza. Pero investigadores privados, como los de la Universidad Católica de Buenos Aires que sostienen el Observatorio de la Deuda Social, confirman que es del 27%. Un pobre cada tres argentinos. Endiosaron a los gobiernos de Venezuela, de Bolivia y de Ecuador. Pusieron en evidencia que preferían el “nacionalismo populista” en escala mayor, a contramano de lo que pasaba en el planeta. Un populismo mesiánico y autoritario, dispuesto a todo. Acosado por las denuncias y los actos concretos de corrupción. Hay sugerencias repetidas de que el menemato quedó empequeñecido en materia de quedarse con dineros ajenos. Muchos sectores vivieron a expensas de las compras y el intercambio con el mercado brasileño que, cuando ingresó en una recesión profunda, lastimó considerablemente nuestra economía. No hay trabajo en el sector privado. Las empresas se resisten a hacer planes o nuevos proyectos y cerraron las puertas a los ingresos de personal por lo menos hasta que todo aclare. Con toda esta carga encima, pegado a la figura presidencial, soportando sus estados de ánimo y su maltrato, Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, quiere dar batalla para arribar a la Casa Rosada. Da muestras, desde hace unos días, de independencia, pero le tiraron una maceta de grandes dimensiones desde el segundo piso que es la presencia de Carlos Zannini como su segundo en el gobierno del que quiere ser titular. Zannini fue mano derecha de Cristina Fernández desde hace muchísimo tiempo, desde la gobernación de Santa Cruz. Actuaría como un comisario político del kirchnerismo y como heredero del “relato”. Según los encuestadores, Scioli siempre tuvo el 37% de adhesión del padrón electoral. La imagen actual no lo favorece. Se lo percibe como el “continuador”, el protector de La Cámpora. ¿Qué hará Scioli frente al futuro si es que llega al poder? ¿La misma estrategia económica del cristinismo? ¿Preferirá oficiar de “kirchnerista bueno”, sin rencores, abierto al diálogo, sin cambios bruscos? Son interrogantes que nadie puede contestar con certeza absoluta. Sus publicidades cambian cada semana. El futuro está próximo, casi a la vuelta de la esquina. Política y económicamente el país enfrenta serias dificultades. Las últimas noticias detallan que los intendentes que ganaron las recientes elecciones definitivas piden auditar los actos de sus antecesores y controlar lo que aquellos dejan en la caja fuerte. Se sabe que varios de los intendentes que dejan sus puestos vacían las pertenencias públicas, nombran centenares de nuevos empleados y se llevan las computadoras y televisores y hasta los juegos recreativos de las plazas. No es para entregarlos a los necesitados sino para uso propio, se sospecha. Los temores públicos se asientan en las perspectivas del dólar. Los empresarios ya están asfixiados por las restricciones del comercio exterior en tanto el cepo cambiario los ahoga. El atraso del tipo de cambio pone en la quiebra las economías regionales y sectores industriales. Todo se limita en torno al dólar: las cuotas en los viajes al exterior donde ya se han gastado centenares de millones mientras las reservas externas caían de 52.000 millones de dólares a algo menos de 25.000 millones en gastos inútiles para mantener una estructura que ya fracasó. De divisas disponibles sólo quedan menos de 14.000 millones porque el resto son yuanes prestados por China, a costa de favoritismos futuros en obras públicas y otras ventajas. La actividad productiva no se mueve fijando como faro el dólar oficial sino el dólar blue o “negro”, como se decía antes. El déficit estatal se devora casi siete puntos del producto. El gobierno cristinista ha gastado irresponsablemente, como si fuera ciego. El ingreso por habitante ha bajado a los niveles del 2010. Con este cuadro de situación la suerte de los dos candidatos está echada. Tendrán que lidiar en estado de fragilidad. La suerte los tiene que acompañar. De lo contrario, se profundizará con formas impactantes la crisis de estos momentos. (*) Escritor. Periodista.
“De divisas disponibles sólo quedan menos de 14.000 millones, porque el resto son yuanes prestados por China, a costa de favoritismos futuros”.
Daniel Muchnik (*)
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora