Intervalo
Muchos que abrevaron en el kirchnerismo hoy exploran alternativas, como Daniel Peralta.
ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
Tras la espontánea y multitudinaria marcha contra el gobierno del 13 de septiembre –los enojados manifestantes callejeros actuaron bajo orfandad política y los partidos opositores no pudieron capitalizar la protesta–, se abrió un intervalo: en el oficialismo dejaron de repicar la campana de la re-re y la presidenta transitó entre silencios y moderación, sin atisbos de contrarréplicas, claro que con anuncios que profundizan la huella del modelo kirchnerista. Así, mientras los sectores anticristinistas exploran la mejor manera de dar batalla en las legislativas del 2013 (hasta aquí la desunión es redituable a la fuerza que obtuvo el 54% en octubre), quienes más soliviantados están son dirigentes del justicialismo, hasta no hace mucho aliados, que no aceptan el rigor de la conductora y de sus huestes camporistas. Uno de ellos es el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, a quien en la legislatura provincial tras lo que él denominó “intervención virtual” de Julio de Vido le trabaron un pedido para endeudarse por 200 millones de dólares. Liberado a raíz del conflicto de la tutela K, Peralta advirtió: “Van a ver que cuando la presidenta se mueva a un costado u olfateen que no puede ser reelecta se van a esconder todos y van a salir corriendo. ¿Saben quiénes vamos a quedar? Los peronistas”. En esa línea, tras la ruptura que cada día se agudiza un poco más, el secretario general de una de las fracciones de la CGT, Hugo Moyano, se juntó con el contestatario líder de la CTA, Pablo Micheli, y acordó que su poderoso gremio, el de los camioneros, acompañará la movilización a Plaza de Mayo el 11 de octubre. Pero Moyano no se quedó constreñido a ese desafío. Invitado por la diputada Claudia Rucci, convino subirse a otro palco el martes en los tribunales de Comodoro Py: con otros justicialistas (el cordobés José Manuel de la Sota y Francisco de Narváez, entre los más connotados) reclamarán que no se cierre la investigación por el asesinato de José Ignacio Rucci, perpetrado hace 39 años por Montoneros, en vida de Juan Domingo Perón. Hay otras “viudas” del kirchnerismo (sobresale el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández), que sin romper puentes con nadie tratan de influenciar al gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien apuesta merced a su éxito taquillero en las urnas a ser el sucesor en el 2015 pese a no contar con la simpatía de los núcleos más duros del kirchnerismo. Lo que vaya a concretar Scioli es un misterio. Hizo varios amagues de autonomía y fue castigado duramente desde el poder central. Cuando en junio se vio obligado a fraccionar el pago del medio aguinaldo, para recibir ayuda y descomprimir la situación se transformó en un alumno aplicado que espera la decantación natural de los acontecimientos. Justamente, hay exponentes del PJ que, fieles a las enseñanzas del fundador del movimiento, suelen apelar a proverbios chinos para amoldarse con sabiduría a las cambiantes circunstancias del peronismo y, por extensión, del país. “Todo lo que sucede conviene”, se recita desde la Patagonia donde, además de Santa Cruz, hay dificultades políticas y/o financieras en Río Negro, Chubut, Neuquén y Tierra del Fuego. En Río Negro el gobernador Alberto Weretilneck y el senador Miguel Pichetto habían aceptado (conminados por Juan Abal Medina) tratar de destrabar el enredo institucional que se produjo en el distrito tras la trágica muerte de Carlos Soria a principios de año. Hubo un solo y fugaz diálogo telefónico, tras lo cual el exintendente de Cipolletti y aún referente del Frente Grande avanzó con los cambios de gabinete sin la aquiescencia del legislador, que consideró las designaciones erróneas y dio un paso al costado. ¿Qué significa? Cultor del verticalismo, Pichetto seguirá respondiendo a las órdenes de Cristina y no conspirará contra la gobernabilidad, pero irá haciendo rancho aparte con los intendentes y el sector del PJ que le responde. “Lo que tenga que pasar que pase pronto”, le dijo Pichetto al entonces vicepresidente Julio Cobos durante la madrugada de julio del 2008 en la que se cayó la resolución 125. Ése sigue siendo su apotegma. Y Cristina sigue gestionando sin pausa “en beneficio de las mayorías” y contra las viejas recetas neoliberales, como pontificaron ella misma y su viceministro estrella, Axel Kicillof, en encuentros que reunieron a empresarios, banqueros y sindicalistas que se disponen a alumbrar una nueva CGT el 3 de octubre. La presidenta no repitió los conceptos tajantes desbrozados por Abal Medina sobre la marcha del 13, pero hizo referencia “a una parte de los argentinos” que actúan con “desprecio hacia determinados sectores sociales que no tuvieron la posibilidad de crecer”. Y se declaró orgullosa de haber llegado a la primera magistratura siendo hija de un colectivero. “¡Cuando algunos hablan parecen descendientes de los Romanoff! En París se puede fruncir la nariz, pero acá algunos también fruncen la nariz. ¿Por qué la fruncirán? No hay mucho para fruncir”, expresó recordando los orígenes de la nacionalidad, cuando se era contrabandista hace 200 años o se bajaba de los barcos “muerto de hambre” hace 100. El Parlamento, en tanto, sigue discutiendo iniciativas que parten del Ejecutivo. Por ejemplo, el voto de los extranjeros con dos años de residencia o de los jóvenes entre 16 y 18 años. En el oficialismo ya no se observa un bloque tan monolítico, pues al contrario de lo que sostiene el senador Aníbal Fernández, hay quienes defenderán la obligatoriedad para los adolescentes y bocharán el sufragio de los foráneos.
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