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Jaque a la movilidad urbana sustentable en la Confluencia

La pandemia obliga a cambiar la planificación de las ciudades, que al menos por ahora debe conciliar distanciamiento y sostenibilidad. El rol del teletrabajo, los medios no motorizados y el rediseño del transporte público.

Germán Pérez*

La ya renombrada pandemia, la cuarentena y las medidas implementadas en este contexto (durante y pos) han generado y generarán un cambio en el desarrollo de la movilidad urbana en la región. Los horizontes de movilidad urbana sostenible a los cuales los planificadores apuntaban se ven desdibujados y comienzan a plantearse nuevas medidas orientadas a la situación epidemiológica, que de ser permanentes podrían generar nuevos y reforzar viejos inconvenientes asociados al desplazamiento de las personas en la ciudad y entre las ciudades de la región.

Para dar cuenta de esto en primer lugar debemos mencionar que se entiende por movilidad y cuáles eran los pilares de la movilidad urbana sustentable a los cuales se avanzaba a nivel mundial, nacional y regional.

La movilidad urbana suele estar muy relacionada al transporte, sin embargo es necesario aclarar una diferencia: el tránsito es un concepto reduccionista limitado a los flujos vehiculares de tránsito y transporte; en cambio el concepto de movilidad urbana es superador. Para las ciencias sociales es mucho más relevante entender los problemas desde la perspectiva de la movilidad urbana, ya que permitirá identificar como y por qué la población se desplaza en el espacio y no limitará la visión a cuestiones técnicas u operativas como se vería desde la perspectiva limitada al transporte.

El desplazamiento de las personas se puede dar de distintas maneras por transporte público o privado, en automóvil, bicicleta, motocicletas (medios privado); autobús, tren, subterráneo, taxi; en lo que respecta a medios colectivos o de uso común.

El automóvil es el medio que ha avanzado mucho sobre el resto de las formas de circulación y ha excluido o dificultado a otros modos de desplazamiento en gran parte de las ciudades de los países en desarrollo. Es el elegido por las clases medias tanto por sus ventajas en cuanto a optimización del tiempo como por presentarse como un elemento de distinción dentro de su propia clase. Pero el uso masivo del automóvil presenta varias desventajas que atentan contra una movilidad urbana sostenible:

Se ha convertido en el elemento central de la ciudad, hasta expulsar a otras actividades del espacio público y siendo la principal causa de su destrucción como lugar de convivencia. En América latina el 30% de la superficie urbana son calles, que a su vez representan alrededor del 80% del espacio público disponible.

En términos energéticos se destaca el gran consumo de los medios que utilizan nafta o diesel representando poco más del 90% de la energía que se consume en América latina. El transporte individual consume más energía que el transporte colectivo.

Bicisendas en Neuquén

En términos ambientales, automóviles y motocicletas son responsables del 86% de las emisiones de contaminantes locales y del 73% del CO2. El transporte colectivo emite, por viaje, nueve veces menos contaminantes locales y cuatro veces menos CO2 que el transporte individual en las áreas metropolitanas de América latina (Vasconcellos, 2010).

En términos sociales, los estratos de menores ingresos prefieren o eligen sin demasiadas opciones al transporte público o las opciones no motorizadas. A partir de los estratos medios y a medida que el ingreso se incrementa las familias se orientan al transporte individual motorizado. La oferta de medios de movilidad debería estar orientada más hacia medios que posibiliten una mayor equidad entre todos los estratos sociales que se movilicen, más aún teniendo en cuenta la gran cantidad de pobres urbanos que existe.

A pesar de estas desventajas, el automóvil es el medio privilegiado en las ciudades, tanto en la elección de uso como a la hora de generar infraestructura para el transporte.

La pandemia ha llevado a cambios forzados en los patrones de movilidad. En primer lugar se evidenció en la mayoría de los países una reducción drástica de la circulación de personas entre ciudades y al interior de ellas, incluso en países que no implementaron una “cuarentena fuerte”. Las reducciones han sido en el orden de un 60% con menores valores en la medida en que la flexibilización de ciertas actividades lo han permitido.

Que las personas se mueven menos es un hecho. Ahora bien, no todos los diferentes modos de movilidad sufrieron el impacto de la misma manera. En países europeos la reducción del transporte público ha sido muy marcada, y ante la llegada de la primavera y ahora el verano los viajes de tipo no motorizado se han incrementado de forma muy marcada (muchas ciudades europeas sufren una invasión de bicicletas ya sea por elección de las personas o por fomentos estatales).

En Buenos Aires la situación del transporte público ha sido similar, sin embargo el incremento de los viajes en modos no motorizados no ha sido igual que en Europa, en principio por la bajas temperaturas estacionales, pero también por un desarrollo no consolidado de la movilidad en bicicleta u otros medios no motorizados.

En la Confluencia

En las ciudades de la confluencia, históricamente el tipo de movilidad privilegiada para la zona ha sido el vehículo particular, ya sea por la disposición de las ciudades y las vías de comunicación, por las ineficiencias en el transporte público (costos, calidad) o por la disposición de las áreas urbanas. El crecimiento en jerarquía de la ciudad de Neuquén fue acompañado por un incremento en su parque automotor y en la cantidad de vehículos que transitan allí y las ciudades cercanas.

No obstante, a pesar de este avance automovilístico, la lógica de la movilidad sustentable fue penetrando en las gestiones de algunas ciudades. En Neuquén particularmente la creación de la secretaría de movilidad urbana, la creación de las ciclovías, el Metrobús, el “#sibici” y el Plan de Movilidad Urbana Sustentable fueron claras muestras de un paradigma orientado más hacia la movilidad y no tan solo al tránsito. En el contexto actual, las recomendaciones y restricciones alejan esos objetivos de sustentabilidad imponiéndose otros originados ante el virus.

¿Cuáles son estos cambios?

El aislamiento rompe con la idea de interacción social, con la vida urbana y con el intercambio con “el otro” en el espacio público.

El puente carretero, hoy, con las restricciones. El uso del auto es masivo.

Desde el punto de vista social, el aislamiento rompe con la idea de interacción social, con la vida urbana y con el intercambio con “el otro” en el espacio público. Esto fortalece la segregación urbana ya manifiesta en Neuquén.

Los pasajeros en el transporte público se han reducido notablemente, ya sea por prohibición o por que las personas evitan usarlo.

La movilidad en bicicleta se ve limitada por el clima y las caminatas nunca fueron una opción amigable en una ciudad con características dispersas.

Todo esto ha llevado al incremento del uso del automóvil como opción recomendada y elegida por los usuarios.

¿Son estos cambios permanentes?

Así como existe una incertidumbre sobre la continuidad de la pandemia también existe esa incertidumbre sobre su incidencia en las ciudades. En un primer momento las ciudades se vaciaron, las calles sin gente parecían ser una normalidad.

Sin embargo poco a poco los automóviles comienzan a repoblar esa parte del espacio público. Mientras en el hemisferio norte recurren a la ampliación de las ciclovías y de espacios peatonales, en nuestra región el automóvil comienza a resurgir como el principal protagonista en la ciudad.

¿Qué medidas pueden ser tomadas?

La disyuntiva torna entre el distanciamiento social y la sustentabilidad de la movilidad.

el uso de los medios no motorizados debe fomentarse, no solo en infraestructura, también en la posibilidad de acceder a la bicicleta y al equipamiento adecuado

Entonces, ante la prevalencia del automóvil particular, ¿cómo reducimos las emisiones? ¿Cómo evitamos los consumos excesivos de energía? ¿Y cómo fomentamos una ciudad que permita el encuentro con el otro?

Algunas propuestas

¿Qué es lo que recomiendan los principales referentes de la temática?

En primer lugar seguir estimulando el teletrabajo, que las personas puedan cumplir laboralmente a distancia en la medida que puedan hacerlo.

Fomentar el uso de los medios no motorizados, en esto creo que debe existir una estrategia fuerte, no solo en infraestructura, también en la posibilidad de acceder a la bicicleta y al equipamiento adecuado, desde otro punto de vista deben las áreas de trabajo proveer la asistencia al ciclista (lugares seguros de guardado de bicicletas, elementos e infraestructura para el aseo, entre otras cosas).

El transporte público debe prevalecer y lograr superar este momento de crisis.

Una forma de hacerlo es lograr el desdoblamiento temporal y escalonar ciertas actividades de trabajo para evitar horas pico de utilización de transporte público, escalonar por ejemplo los horarios de entrada a los trabajos de los empleos que mayor movilidad generen.

Aunque la superioridad del automóvil se siga marcando y aunque el espacio público esté diseñado para la comodidad de éste, necesitamos darle la oportunidad a otros tipos de movilidad que fomenten la sustentabilidad. Es necesario lograr una nueva normalidad (ya iniciada en otras partes del mundo) que no ponga en riesgo los logros generados que nos encaminan hacia una movilidad urbana sustentable.

*Doctor en Geografía, investigador del núcleo de estudios territoriales del Ipehcs, departamento de Geografía de la UNCo.


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