En Lago Barreales Jorge cuida el sueño del dinosaurio gigante

El 13 de febrero de 2000 un grupo de paleontólogos descubrió el Futalognkosaurus en cercanías del Lago Barreales. Ese día, nació un sitio que apuesta a la ciencia, la educación y el turismo, comandado por el paleontólogo Jorge Calvo, que hoy busca hacerlo crecer.





Tierra roja, agua azul, un camino cortado y la hamaca paraguaya que se mece con una brisa mientras un perro viejo se acomoda a la sombra. Debajo de los sauces eléctricos las carpas Koi nadan en una fuente rodeada de estatuas, entre el verde que perfora la aridez del paisaje. Cerca, en los galpones, el gran jefe o cacique de los dinosaurios, comanda la vida del lugar hace décadas.

Hace calor y el peleontólogo Jorge Orlando Calvo recorre el lugar que lo capturó hace 20 años. “Recibimos la denuncia que habían encontrado unos huesos en el tope de la barda, contra el Lago Barreales. Éramos doce, porque nunca un palentólogo llega solo, siempre lo hace con un equipo de técnicos y voluntarios ”, relata desde una silla de plástico, a la sombra.

De la excavación que nació en el 2000 para sacar al dinosaurio gigante, se creó el Proyecto Dino. Fotos Emiliana Cantera

Al llegar hicieron una excavación pero se dieron cuenta que no daba el material porque estaba destruido. Antes de partir, decidieron hacer una revisión, como se hace siempre. Caminaron y vieron un cerro cerca del lago. Buscaron huellas, no había hasta ese momento fósiles interesantes, salvo el fósil de una tortuga.

Pero el 13 de febrero del 2000, Paulina Carabajal, una estudiante de la Universidad de la Plata cerca de la rueda de una camioneta encontró un hueso de 10 centímetros, y ese es el “había una vez” de esta historia.

Corrieron la camioneta y en una hora había desenterrado un vértebra de 60 centímetros, perfecta. “Se comenzó la excavación, se sacaron 5 vértebras, pedimos presupuesto y conseguimos dinero para trabajar 40 días. Encontramos la cadera del dinosaurio, era gigante, pero no la podíamos sacar porque no había fondos” recuerda.

En el paisaje, hay un cilindro de chapa recostado sobre la tierra roja. Jorge va por las pasarelas de madera que suben, bajan y conectan un salón con otro. En uno, convertido en un aula, camina por el pasillo entre los bancos de escuela. La pared de la izquierda esta cubierta por estanterías con rocas minerales y fósiles de todos los tamaños y desde un póster gigante el dibujo animado de un dinosaurio sonríe.

El Futalognkosaurus tiene más de 30 metros de altura, y está en tierras pertenecientes a la comunidad mapuche Paynemil. Desde un principio, la comunidad los ayudó, también Chevron y en el 2001, Duke Energy, que tenía a su cargo la operación de Los Barreales, les pidió que hagan un proyecto. En febrero del 2002, comenzó la excavación. Después de la crisis, muchas petroleras que acompañaban a la ciencia, comenzaron a ayudar a comedores.

Fotos Emiliana Cantera

Ellos, decidieron que lo mejor era extraer el dinosaurio e irse pero descubrieron que “El Futa”, no estaba solo. Todo el ecosistema de hace 90 millones de años, con cocodrilos, reptiles voladores, plantas, peces, los esperaba allí abajo.

Comenzaron a pedir, a quedarse, todo lo que hay llegó por donaciones. Se creó Proyecto Dino en 2002 y luego se transformó en el primer y único parque geo-paleontológico de Sudamérica con la ciencia volcada a la educación, el turismo y el aprendizaje. Esa era una auténtica tierra de gigantes.

Fotos Emiliana Cantera

Desde el fondo del aula Jorge agarra una tabla que tiene tres globos terráqueos y enciende la luz que llevan adentro. Agarra un fémur original de un dinosaurio, y mientras habla un ave, le hace el coro de fondo.

Explica que del dinosaurio, se rescató el 80% pero queda la mayoría de la cola enterrada. La cadera es la más grande del mundo preservada con 2,55 metros de ancho y el fémur con casi 2 metros de largo sorprende.

Busca dar vida al dino

Jorge Calvo recuerda cómo llegó a ser paleontólogo, en su Córdoba natal. Iba a ser ingeniero civil, le tocó el servicio militar y si estudiaba podía salir.

“Me puse a hacer un curso de estructuras antisísmicas y me di cuenta que los números conmigo no iban y no podía estar encerrado. Fui a ver a la universidad carreras naturalistas. Los paisajes y la roca me llamaban la atención, me incliné por la geología, pero me crucé con la paleontología y me encantó”, dice.

Se recibió y llegó a Neuquén. Tiene 60 años, y trabaja hace 34 años en la región. Conoce toda la historia de la paleontología, con sus “intríngulis chingulis”.

Hoy, la pandemia volvió solitario ese lugar. Solo quedan tres personas: él, un técnico y un geólogo. Jorge da clases en la Universidad del Comahue y en la Universidad de La Pampa.

Abre el candado del galpón. Los pasos suenan sobre el piso de tierra y el olor del lugar, recuerda al de esa habitación de la abuela que nunca se abría. La luz entra tímida por las ventanas y la puerta que queda abierta. Con paciencia levanta los lienzos que esconden los huesos.

“Cuando uno visita un museo hay huesos, pero no sabes que ves. Yo explico los grandes grupos de dinosaurios. Cuando los sacamos, con la retro del Ejército los trajeron desde el campo de abajo y lo pusieron acá. El galpón era la mitad. Nunca más se movieron y el museo, que era repositorio, se adaptó a los huesos”, explica mientras muestra partes del dinosaurio que se encontró en una bodega de Añelo.

En el aula, donde solían ir chicos de escuelas de la región a aprender sobre paleontología.

Con su mano compara el tamaño de las huellas de algunos reptiles de 100 millones de años de Picun Leufú. La historia del megaraptor, el depredador de “El Futa”, gana la escena. Jorge dice que hace días pasaron por ahí unos alemanes, que encontraron el lugar en una página, porque está presente en guías internacionales como Lonely Planet Argentina.

Camina hasta el laboratorio y tres cuises salen como ratas por tirantes a esconderse debajo de unos tablones. En la entraba hay unas piedras grandes y muestra como se limpia la pieza. Luego se sienta en el microscopio, se pone unos vidrios de aumento a la altura los ojos, demuestra el trabajo que se hace allí para separar la roca de los huesos.

“Mi idea era que los estudiantes aprendan la práctica de paleo en el lugar, con originales. Por mucho tiempo venían de distintas universidades, independientemente del turismo, pero no hay apoyo. Pasaron dos años de pandemia, sin fondos. La tierra es de la comunidad mapuche, el uso lo tiene la universidad, pero yo vivo y arreglo todo con mi sueldo. No hay aportes”, asegura.

Los fósiles están, la geología está, y dice que él tiene que estar en el lugar porque funciona bien como algo educativo, turístico, cultural. Espera que alguien haga algo y sabe que hacer con eso.

“Falta que las autoridades decidan qué quieren hacer, si quieren que sea un centro turístico, si la universidad quiere que sea una escuela de campo para estudiantes, si el ministerio de turismo quiere desarrollarlo”, subraya y saluda a los que lo visitan.

¿Cómo llegar? a Proyecto Dino

Está ubicado a 90 kilómetros de Neuquén capital, en la zona de Loma de la Lata, sobre la costa norte del lago Barreales.

Para acceder, hay que tomar la ruta 51. En un momento se termina el asfalto y hay que seguir por el ripio.

Desde sus inicios recibió turistas nacionales e internacionales.

Cuando veas las construcciones sobre el margen izquierdo en el km 61 descubrirás que el camino está cortado. Debes doblar a la derecha para tomar un desvío que te llevará al lugar. Se recomienda, ponerse en contacto con Jorge Calvo antes de ir, para confirmar el día, la hora de visita y el estado del camino.

Contactos: Tel 299-6741597 proyectodino@yahoo.com.ar. También está en las redes, en Facebook como Proyecto Dino y en www.proyectodino.com.


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