Jóvenes

Redacción

Por Redacción

EL DISPARADOR

Isidoro Reyes recuerda el inicio de “Girls”, una serie que expone algunas problemáticas de un grupo de mujeres jóvenes que viven en Nueva York.

En un momento, la protagonista, una veinteañera que terminó la universidad, se amarga porque sus padres le anuncian que ya no le darán dinero. “¿Qué le queda a un joven en estos tiempos?”, dice Reyes, y la pregunta le resuena, como si ya la hubiese leído antes en algún lado.

En la escena de “Girls”, los padres dicen: “Ya no vamos a mantenerte. Pasaron dos años desde que te graduaste. Somos profesores, no podemos seguir financiando tu vida de fiestas. Te pagamos el seguro médico y el celular”. Ella se indigna y le responde al padre: “Dijiste que era más barato para ustedes si yo estaba dentro del plan familiar”. Y añade: “Podría ser una drogadicta, ¿no se dan cuenta de lo afortunados que son?”

Luego, una noche, bajo los efectos del opio, la protagonista despierta a sus padres y les dice: “Creo que soy la voz de mi generación. O, al menos, una voz… de una generación”. Y se desmaya.

Reyes se siente incómodo, algo conflictuado. Hasta que, de pronto, como un acto reflejo en su interior, rememora de dónde le sonaba el interrogante: el poema “¿Qué les queda a los jóvenes?”, del uruguayo Mario Benedetti.

Entonces, busca el texto, lo relee y encuentra un instante de felicidad. Se conmueve como cuando lo descubrió, tiempo atrás. Siente que esos versos colaboran a su bienestar y, de alguna manera, que le proponen ejercitar el optimismo para fortalecer el ánimo.

Sin dejarse atravesar por la racionalidad, obedece a un impulso que le demanda compartir: “No me puedo guardar esto para mí solo”, se dice.

Copia el poema en un mail y se lo manda a sus amigos, sin ningún comentario, sólo el título y el texto. Así:

¿Qué les queda por probar a los jóvenes

en este mundo de paciencia y asco?

¿Sólo grafitti? ¿Rock? ¿Escepticismo?

También les queda no decir amén

no dejar que les maten el amor

recuperar el habla y la utopía

ser jóvenes sin prisa y con memoria

situarse en una historia que es la suya

no convertirse en viejos prematuros

¿Qué les queda por probar a los jóvenes

en este mundo de rutina y ruina?

¿Cocaína? ¿Cerveza? ¿Barras bravas?

Les queda respirar, abrir los ojos

descubrir las raíces del horror

inventar paz así sea a ponchazos

entenderse con la naturaleza

y con la lluvia y los relámpagos

y con el sentimiento y con la muerte

esa loca de atar y desatar

¿Qué les queda por probar a los jóvenes

en este mundo de consumo y humo?

¿Vértigo? ¿Asaltos? ¿Discotecas?

También les queda discutir con dios

tanto si existe como si no existe

tender manos que ayudan, abrir puertas

entre el corazón propio y el ajeno

Sobre todo les queda hacer futuro

a pesar de los ruines de pasado

y los sabios granujas del presente.

Juan Ignacio Pereyra

pereyrajuanignacio@gmail.com


EL DISPARADOR

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