Absolvieron por ejercicio de legítima defensa al imputado por el crimen de Latiff en Bariloche

El autor empleó un cuchillo y los jueces entendieron que hubo "racionalidad del medio empleado" y que repelió una agresión "ilegítima". El fallo fue unánime.

Por Daniel Marzal

Absolvieron por ejercicio de legítima defensa al imputado por el crimen de Latiff en Bariloche

Absolvieron por ejercicio de legítima defensa al imputado por el crimen de Latiff en Bariloche

El tribunal que tuvo a su cargo el juicio por el crimen de Gastón Latiff dictó hoy el sobreseimiento del joven que le quitó la vida a puñaladas, Ismael Choque Vargas, al considerar que actuó en legítima defensa y no había prueba suficiente para sostener la imputación original por homicidio simple.

En su favor incidió que la víctima, si bien estaba desarmada, haya sido quien desató el violento incidente dentro de una despensa del barrio San Francisco IV en la noche del 10 de febrero de 2025, que culminó con su propia muerte. Según lo reconocido por la fiscalía y la querella -y citado en detalle por el fallo-, hubo una agresión previa de Latiff sobre cuatro sujetos que estaban en el local y con quienes mantenía una disputa previa, y luego sobre el propio comerciante. Fue entonces cuando Choque Vargas intervino para separar.

Los jueces subrayaron en su reconstrucción que allí Latiff se volvió contra Choque y “lo enfrentó directamente”, con golpes y empujones, según reconoció una de las testigos clave: su propia pareja. Esa agresión fue determinante para definir la legítima defensa, de acuerdo a lo que evaluó el tribunal, integrado por Sergio Pichetto, Bernardo Campana y Martín Arroyo.

La lectura de la sentencia por videoconferencia insumió casi una hora y cerró con un mensaje explícito de los magistrados a los familiares de la víctima. Entendieron que se trataba de un momento “doloroso”, pero les explicaron que según el propio relato de la acusación, el crimen se produjo en un escenario en el que Latiff “agredía” en forma violenta a quien terminó por ser su victimario.

También se dirigieron al ministerio público fiscal, que estuvo representado en el juicio por Betiana Cendón y Silvia Paolini. Le advirtieron que en contra de lo sugerido durante el debate no había pruebas de que Latiff estuviera “en retirada” cuando recibió la puñalada mortal en el cuello, con lo cual se desvanecía la hipótesis del homicidio simple.

Señalaron que los fiscales suelen regirse por “el dolor de quienes reclaman justicia”, pero tienen deber de objetividad y “la mejor manera de honrar ese dolor no es alentar un resultado del proceso penal que la prueba no ampara”.

Choque Vargas es un obrero especializado en reparaciones eléctricas de origen boliviano, que al momento del hecho llevaba pocos meses en Bariloche, luegodearribar desde Chile, donde vivió desde su infancia. Durante el juicio dijo que solía portar un cuchillo por seguridad personal, debido a que había sufrido varios robos violentos.

Al llegar a juicio cumplía prisión preventiva en el área de salud mental del hospital Ramón Carrillo, con un diagnóstico de trastorno paranoide incompleto. Hoy los jueces dispusieron su inmediata libertad, aunque la fiscalía ya hizo reserva para que la sentencia sea revisada por tribunales superiores.

“La racionalidad del medio empleado”


Los jueces dijeron que la acusación presentó el incidente previo protagonizado por Latiff dentro de la despensa como un “simple altercado”, pero en realidad se trató de un hecho de “violencia significativa cargada de zozobra”, un irrumpir “intempestivo y y violento”, contra otros clientes del local, originado en una disputa previa por drogas.

Choque se encontraba con su novia de manera fortuita en el lugar, interpretó como otros testigos que se trataba de un robo y no tenía una vía franca de escape. Según el fallo, Latiff “obró ilegítimamente” al enfrentar a Choque, en una agresión “no provocada” que habilitaba ”el pleno derecho a resistir”.

En esa situación (y no antes, subrayaron los jueces) Choque Vargas esgrimió un cuchillo que llevaba consigo y asestó varias heridas a Latiff, la última de ellas mortal. El fallo evaluó “la racionalidad del medio empleado”, como corresponde a una legítima defensa, y concluyó que Latiff había atacado a golpes de puños y empujones a varias personas y a él mismo, en “una agresión que el orden juício lo autorizaba a repeler”.

Citaron jurisprudencia del STJ para sostener que no siempre la víctima desarmada es motivo suficiente para descartar la legítima defensa. “No puede juzgarse la conducta del agredido en la comodidad del después sino en la urgencia del instante” fue una de las frases invocadas, como justificativo de personas en la situación de Choque para “acudir al arma de ser necesario”.

El tribunal se detuvo también a analizar las siete heridas que sufrió la víctima, casi todas de escasa entidad, salvo la del cuello, que resultó fatal. Señalaron que “las lesiones defensivas confirman el enfrentamiento y son incompatibles con la actitud de quien se retira”. También anotó que hubo entre ambos “una pugna por el arma”.

Señaló que Choque tenía “menor contextura física” que Latiff, que luchó “con el único medio disponible” y que exigir a Choque otra conducta en su situación “hubiera sido reclamarle un comportamiento heroico que la ley no impone. La ley no lo obligaba a recibir antes la primera lesión grave” antes de reaccionar.

Los jueces dijeron que otro “error central” de la acusación fue el de imputar a Choque por enarbolar y usar un cuchillo en un lugar donde nadie más estaba armado. Señalaron que sostener la supuesta desproporción del empleo del arma blanca era razonable si Choque hubiera tenido a disposición otros medios igualmente eficaces y menos lesivos, lo cual exigía pruebas que no fueron aportadas.

También descartaron un exceso en la legítima defensa, lo cual hubiera desembocado en una pena más leve que el homicidio simple. “La cantidad de heridas no prueba exceso” explicaron, “y tampoco designio homicida ni elección del blanco”, sino que las lesiones previas a la del cuello -y menos graves-, “fueron ineficaces para conjurar una agresión que no cesaba”.

Subrayaron que “en el momento en el que Latiff dejó de constituir una amenaza, cesó la agresión” y Choque se dispuso a asistirlo. “Si hubiera existido un propósito de matar hubiera continuado clavando el arma en el cuerpo ya caído. Ocurrió lo contrario”, observaron los magistrados.

Críticas también para la defensa


El fallo también deslizó reproches a los abogados defensores del imputado, Nelson Vigueras y Mónica Goye. Señaló que en su alegato Vigueras había hecho hincapié en la teoría del “error invencible”para exculpar a Choque. Los jueces sostuvieron, en contrario, que “la legítima defensa fue real” y no “putativa”, es decir que no derivó de una interpretación errada de los hechos. “No hay error que analizar para el tribunal”, subrayaron.

En otro párrafo consideraron inverosímil la hipótesis de la defensa según la cual salvo la herida del cuello, las otras que presentaba el cuerpo de la víctima no fueron causadas por Choque. Dijeron que es ”una conjetura sin un solo elemento de prueba y a contramano de todo lo disponible”.

También descartaron otra de las líneas argumentativas de la defensa, que estuvo centrada en una supuesta “emoción violenta” del imputado, ya que consideraron que bastaba la legítima defensa para justificar la absolución. Señalaron que la escalada de violencia que terminó con la muerte de Latiff a puñaladas se pudo evitar si la víctima desistía de su agresión inicial. “Dependía de que Latiff cesara y no cesó”. Por eso consideraron que Choque Vargas “actuó dentro del permiso que la ley le concedía”.


El tribunal que tuvo a su cargo el juicio por el crimen de Gastón Latiff dictó hoy el sobreseimiento del joven que le quitó la vida a puñaladas, Ismael Choque Vargas, al considerar que actuó en legítima defensa y no había prueba suficiente para sostener la imputación original por homicidio simple.

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