Femicidio de Agostina: la coartada de Monsalve empieza a derrumbarse

Los testigos que declararon en la segunda jornada del juicio por jurados aportaron información relevante que desmiente aspectos de la confesión del femicida.





Un oficial de Homicidios de la Policía de Neuquén brindó ayer detalles de parte de la investigación que permitió llegar a los cinco sospechosos del femicidio de Agostina Gisfman, la joven de Cipolletti cuyo cuerpo calcinado apareció en Centenario. Relató que a través de cámaras de vigilancia, antenas de telefonía, cruces de llamadas y testigos, pudieron establecer la trama y el móvil del crimen.

Además, en la segunda audiencia del juicio por jurados declararon tres taxistas que conocen a Juan Carlos Monsalve, autor confeso del femicidio, y a su presunto cómplice Gustavo Chianese. También lo hicieron los dueños de la empresa a la cual el principal imputado les alquiló la Chevrolet Tracker que utilizó el 14 de mayo del 2021 para cometer el hecho.

Estos testimonios empezaron a demoler la coartada de Monsalve, quien en la apertura del juicio se declaró único autor del femicidio.


«Cometí el error de defenderme»


Como informó Río Negro, el ex taxista y ex verdulero con domicilio en Centenario responsabilizó a la víctima de su propia muerte. La acusó de robarle dinero, marihuana y cocaína; dijo que la noche del crimen se reunieron para que le devolviera la plata; que la joven de 22 años estaba drogada y que en esas condiciones «era brava», «se puso incontrolable», «cometí el error de querer defenderme» y «quizá hoy hubiera estado al revés la situación».

También se lamentó de no poder jugar más al fútbol, ya que debido a su avanzada diabetes le amputaron las dos piernas a la altura de las rodillas. Según los informes forenses, su estado de salud no se agravó por las condiciones de detención sino porque nunca se trató correctamente la enfermedad de base, y la fiscalía sostiene que Monsalve se niega a tomar la medicación. Busca a toda costa que le otorguen una prisión domiciliaria, porque tendría planeada una fuga en caso de que se la otorguen.

Sólo uno de los taxistas que declararon ayer dijo que una vez lo vio con una bolsita con un polvo blanco que parecía ser cocaína. Es el único y tenue rastro de su presunto vínculo con el narcomenudeo, que el imputado asegura que era su fuente de ingresos además de la venta de papas y cebollas.


El rol de la esposa


Por otro lado, los tres choferes sabían que su mujer Ana Perales lo había abandonado producto de la relación que había mantenido con Agostina a cambio de dinero. Es más: se supo que el hombre denunció a su esposa por abandono del hogar en la comisaría Quinta de Centenario.

Monsalve aportó otra versión al confesar: que su esposa estaba al tanto de sus infidelidades y que se las perdonaba. Por el contrario, la fiscalía la acusa de instigadora del femicidio.

El oficial de Homicidios que declaró ante el jurado relató que hubo una reunión entre Monsalve, Perales y Chianese en la cual ella «le pidió como prueba de amor a su marido que le hiciera algún tipo de daño a Agostina».

El policía añadió que en setiembre del año pasado, Chianese declaró que Monsalve le confesó que había matado a Agostina con dos personas más: su sobrino Enzo Monsalve, quien se encargó de hacer desaparecer el cuchillo con la cual la apuñalaron, y Maximiliano Zapata, empleado de Juan Carlos y cuñado de Enzo.


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