La amante del empresario dice que espera un hijo

La turbia historia que se ventila en Bariloche amenaza con otro capítulo. El procesamiento tiene términos categóricos

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- La resolución del juez Gregor Joos de confirmar el procesamiento del empresario Juan Gilio y de la mujer acusada de corromper a su hija no causó tanta sorpresa en la opinión pública como la noticia de que los abogados de la mujer reclaman la paternidad de dos hijas de ésta, de tres y cuatro años de edad. Ahora, el asombro es mayúsculo porque lo acusan de ser el padre de un presunto hijo por nacer que estaría esperando la procesada.

La mujer le habría comentado a su abogado, Alejandro Pschunder, que padece un atraso menstrual de casi tres meses y que “si llega a estar embarazada ese hijo por nacer es de Gilio”. Según Pschunder, quien ya solicitó al juez Jorge Serra la extracción de sangre y las pericias de ADN, la mujer basa su certeza en que “únicamente mantenía relaciones sin preservativo en los encuentros con el empresario”.

La noticia cayó como un balde de agua fría en la familia Gilio, porque se sumó a una resolución de procesamiento tan contundente y lapidaria que en realidad se asemeja a una sentencia condenatoria.

La causa se originó en la denuncia formulada por la mujer, porque había visto a su hija de 12 años cuando subía al auto de un vecino. Al ser llevada a la Oficina del Menor y la Familia de la comisaría Segunda la niña dijo que su madre la obligaba a tener relaciones sexuales con hombres, y que las había mantenido en tres oportunidades con Gilio entre diciembre del 2000 y enero del 2001. Agregó que la última vez lo había hecho presionada por las amenazas de su madre, porque Gilio les daba yogur, mercaderías y plata para la luz. Las explicaciones de la menor sobre la situación, momento, lugar y forma en que habría mantenido relaciones con el empresario, en presencia de su madre y en el interior de un auto que describió hasta en los mínimos detalles, convencieron a los psicólogos y al juez Joos de su veracidad.

En los primeros pasos de esta causa Gilio quedó preso de sus propias contradicciones. Durante la indagatoria negó su relación con la niña y la procesada, y expuso que era muy conocido en el pueblo “por su generosidad y por colaborar con todo el mundo”. Después admitió que pudo haberlas llevado en su coche y que tenía cierta relación con la mujer, asegurando que no había pasado de “un manoseo”, y aseguró que desde que lo operaron de la próstata no había podido mantener relaciones sexuales completas.

La procesada se encargó de desmentir esas expresiones al afirmar que sus relaciones con Gilio eran de una frecuencia diaria o por lo menos dos veces por semana, completas y placenteras, lo mismo que declaró otra prostituta que se presentó en forma espontánea. Pero la mujer trató de sacarse el lazo que la sujeta afirmando que su hija había inventado todo por bronca y que antes la había amenazado con hacerlo.

Sin embargo, la prostituta que declaró porque había visto a la acusada en televisión y quiso desmentirla, dijo que le había recriminado por llevar a la niña a las paradas donde esperaban a los automovilistas.

Dos vecinas de la acusada comprometen también a la mujer con sus testimonios, y otra mujer de la calle, de sólo quince años, reveló que los hijos de la acusada estaban en riesgo moral porque observaban las relaciones sexuales de la madre y jugaban en la casa con revistas pornográficas.


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