La Biblia necesita un arreglo
Igualdad de género
La Biblia de Juan Gutenberg, cuya llegada al público se produjo en el siglo quince de la era cristiana gracias a la imprenta del alemán de Maguncia, se ocupó de colocar al hombre en el lugar primero y principal de la Creación. Fue dicho así en la edición de las Sociedades Bíblicas Argentinas, Libro Primero de Moisés, título denominado Génesis, capítulo uno, número 26: “Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen , conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Excluidas, por lo tanto, las gallinas, de las que este periodista no diría que se arrastran. De lo que se trata en esta contribución periodística a -parafraseando al papa Francisco- “hacer lío”, es de que la Biblia sería un obstáculo para llegar a la igualdad de género que las argentinas reclamaron en la enorme concentración frente al Congreso del 3 de junio pasado.
En el número 27 el relato de la Creación de este maltratado planeta ratifica la aparición del hombre en el escenario diciendo que Dios creó al hombre a su imagen. Pero a renglón seguido nos sorprende explicando que “varón y hembra los creó”. No “macho y hembra”, ni varón y mujer, sino “varón y hembra”. Y luego, en el número 28 les ordena, al varón y a la hembra, “creced y multiplicaos”. No les explica cómo, pero se supone que el Supremo Hacedor estimó inconveniente entrar en detalles (ya se arreglarían mirando cómo lo hacían las bestias).
El esfuerzo le llevó seis días y lo dejó cansado. Se tomó un día más, santificado, para el reposo, con lo cual, y aun sin proponérselo, dejó establecido el derecho al descanso, ampliado hasta hoy con las vacaciones (dobles para los jueces), los feriados, la jornada de ocho horas, los “findes”, todo ello como para mostrar un dios semejante a su humana creación.
Confirmado, nace la mujer.
Ya en el capítulo dos, el relato ya no se refiere sólo a “Dios”, sino que introduce a “Jehová Dios”, de quien dice que usó como materia prima para crear al hombre el “polvo de la tierra” y usando la técnica consistente en “soplar en su nariz aliento de vida”. Así, sencillamente, “fue el hombre un ser viviente”, instalado en el llamado “huerto del Edén”, creado en horas extras no se sabe dónde (sólo “al oriente”).
El pecado original no existía, o sea que todo venía bien. Aquello de la “hembra” parecía ser sólo una nebulosa idea. No obstante, en el número 18 del capítulo dos, Jehová Dios irrumpe con una solemne declaración: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”.
No queda del todo claro que la ayuda fuese para cumplir con el requisito del crecimiento y la multiplicación. Tampoco se explican los motivos de que Jehová decidiera prescindir del “polvo de la tierra” en este caso. A falta de anestesia, “hizo caer sueño profundo sobre Adán y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar”. De esa costilla “hizo una mujer y la trajo al hombre”. Entonces Adán dijo que “esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona porque del varón -o sea, él- fue tomada”.
Se constituyó así la primera pareja del universo judeocristiano. A renglón seguido, la Biblia manda que “por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. El anónimo autor del texto bíblico no se ocupó de explicar de dónde habían salido ese padre y esa madre. Sí, en cambio, de decir que “estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. La vergüenza llegó después, con el pecado -consistente en haber comido del fruto prohibido, del cual Adán culpó a Eva: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y yo comí”.
Hoy muchas mujeres, hombres también, no creen que un Dios haya creado al hombre. Sostienen, con Feuerbach, que fue el hombre y la mujer quienes crearon a Dios. Sin embargo, la mayoría sí cree que fue un ser supremo el creador. Pero no deja de ver con ojos críticos al relato bíblico.
Jorge Gadano
jorgegadano@gmail.com
Jorge Gadano
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