La Bibliotecaria
¿Habrá sido destino o intuición? Por lo que luego significaría para mí dedicar mi vida a la literatura podría decir que tal vez fue el destino, pero por la persona con la que me encontraré, podría asegurar que fue la intuición, ese sentimiento genuino que te lleva, en particular, a conectar con la persona indicada. Un pibe de 12 años, venido de la chacra Nº 60, a la vera de la ruta 22, un día no tuvo mejor idea que, luego de educación física, buscar un lugar donde “refugiarse” hasta la hora de entrada al colegio Mariano Moreno. Abrió la puerta titubeante, miró a su alrededor, como un ladrón al acecho y le tembló la voz cuando una mujer, con su mejor sonrisa, le preguntó: ¿En qué te puedo ayudar? Nunca se le hubiera ocurrido decirle la verdad y optó por lo primero que allí sobraban: Libros. ¿Algún libro para la escuela? No quería saber nada de la escuela hasta la hora en que le tocase entrar y optó por lo segundo: Libros de cuentos. Muy predispuesta, la mujer salió detrás del mostrador y lo guió hasta una y hasta otra y una más, de las estanterías repletas de libros. Al pibe, sólo se le antojó pensar que leer todo eso, le ocuparía todo el año, la excusa perfecta para ir casi todos los días e incluso permanecer durante el medio día leyendo. El pibe nunca imaginó que al abrir un libro se encontraría con un lobo feroz, con un príncipe encantado, con alguna bruja malvada, o con una bestia enamorada de una bella dama, como tampoco imaginó que de pronto, la mujer le dijera: Disculpame, ¿querés un mate?, ¿o unas masitas? Así como si nada, entre algo para el estómago vacío y la expectativa con la que comenzaba a leer un nuevo libro, se fue construyendo para él un mundo perfecto. Frente a la mirada y al oído atento de aquella mujer ya no le fue posible mantener la excusa de los libros y en diálogo con sus compañeros siempre le preguntaban: ¿Quién es María? Claro, él la conocía por su nombre propio y no con el nombre a secas conque sus compañeros la llamaban: La Bibliotecaria. Si en los libros había encontrado historias fascinantes y aterradoras, en María reconoció el valor de tener amigos. Al llegar, al saludarlo con su nombre propio, algunas miradas se volteaban hacia él, que se jactaba de que los otros casi nunca fueran atendidos de manera tan personalizada. De pronto, lo que había querido utilizar como refugio se transformó en un palacio, donde él, era el rey. Epílogo: A los fines literarios incorporé el nombre de María, y es que en el maratón que ha sido hasta el momento mi vida he ido olvidando nombres y lugares, pero nunca creí que el olvido signifique perder la memoria, como tampoco que la pérdida de la memoria sea definitiva. Ha sido la Biblioteca Naciones Americanas quien posibilitó mi convocatoria y me encuentro con ustedes. Juan Carlos Cárdenas
¿Habrá sido destino o intuición? Por lo que luego significaría para mí dedicar mi vida a la literatura podría decir que tal vez fue el destino, pero por la persona con la que me encontraré, podría asegurar que fue la intuición, ese sentimiento genuino que te lleva, en particular, a conectar con la persona indicada. Un pibe de 12 años, venido de la chacra Nº 60, a la vera de la ruta 22, un día no tuvo mejor idea que, luego de educación física, buscar un lugar donde “refugiarse” hasta la hora de entrada al colegio Mariano Moreno. Abrió la puerta titubeante, miró a su alrededor, como un ladrón al acecho y le tembló la voz cuando una mujer, con su mejor sonrisa, le preguntó: ¿En qué te puedo ayudar? Nunca se le hubiera ocurrido decirle la verdad y optó por lo primero que allí sobraban: Libros. ¿Algún libro para la escuela? No quería saber nada de la escuela hasta la hora en que le tocase entrar y optó por lo segundo: Libros de cuentos. Muy predispuesta, la mujer salió detrás del mostrador y lo guió hasta una y hasta otra y una más, de las estanterías repletas de libros. Al pibe, sólo se le antojó pensar que leer todo eso, le ocuparía todo el año, la excusa perfecta para ir casi todos los días e incluso permanecer durante el medio día leyendo. El pibe nunca imaginó que al abrir un libro se encontraría con un lobo feroz, con un príncipe encantado, con alguna bruja malvada, o con una bestia enamorada de una bella dama, como tampoco imaginó que de pronto, la mujer le dijera: Disculpame, ¿querés un mate?, ¿o unas masitas? Así como si nada, entre algo para el estómago vacío y la expectativa con la que comenzaba a leer un nuevo libro, se fue construyendo para él un mundo perfecto. Frente a la mirada y al oído atento de aquella mujer ya no le fue posible mantener la excusa de los libros y en diálogo con sus compañeros siempre le preguntaban: ¿Quién es María? Claro, él la conocía por su nombre propio y no con el nombre a secas conque sus compañeros la llamaban: La Bibliotecaria. Si en los libros había encontrado historias fascinantes y aterradoras, en María reconoció el valor de tener amigos. Al llegar, al saludarlo con su nombre propio, algunas miradas se volteaban hacia él, que se jactaba de que los otros casi nunca fueran atendidos de manera tan personalizada. De pronto, lo que había querido utilizar como refugio se transformó en un palacio, donde él, era el rey. Epílogo: A los fines literarios incorporé el nombre de María, y es que en el maratón que ha sido hasta el momento mi vida he ido olvidando nombres y lugares, pero nunca creí que el olvido signifique perder la memoria, como tampoco que la pérdida de la memoria sea definitiva. Ha sido la Biblioteca Naciones Americanas quien posibilitó mi convocatoria y me encuentro con ustedes. Juan Carlos Cárdenas
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