La bicicleta y la evolución cultural del pueblo holandés
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN (*)
Hay dos cosas que un niño holandés no puede dejar de experimentar en sus primeros años de vida: aprender a nadar y a andar en bicicleta. El uso de la bicicleta en este país es tan fuerte, que ya los oficiales nazis que lo invadieron consideraban que “los holandeses nacían sentados en una silla de bicicleta”. La bicicleta holandesa tradicional es rústica. De una sola marcha o con cambios internos a la maza, con cubrecadena, un candado integrado a la rueda trasera, luces, frenos a tambor o contrapedal, guardabarros y portapaquetes trasero, con cubiertas tipo “camión”. En los Países Bajos, 9 de cada 10 desplazamientos en bicicleta son para ir al trabajo, de compras o de visita. También es el medio de transporte más importante para ir a la escuela: el 40% de los estudiantes primarios y casi un 75% de alumnos secundarios la utilizan. En este país altamente motorizado, 16 millones de habitantes poseen más de 18 millones de bicicletas. Algunas de las razones de este éxito radican en que se trata de un territorio plano y relativamente pequeño, por lo que el espacio para los vehículos tiene un alto costo. Existe además una gran infraestructura, que va desde carriles ciclistas hasta almacenes de bicis y un sistema de transporte muy desarrollado compuesto por trenes, autobuses y tranvías. Cuentan a su vez con una arraigada cultura ciclista debido a que, como casi todos andan en “dos ruedas”, hay concientización en las calles. En diferentes investigaciones aparece el mismo patrón: “A mayor uso de la bicicleta, mayor seguridad para los ciclistas”. Sin embargo, la historia indica que no siempre fue así. Fue entonces cuando el pueblo holandés tuvo su “masa crítica” y una activa intervención a la hora de adoptar masivamente la bicicleta. Así se pueden distinguir cuatro etapas: 1869-1920, el advenimiento y los inicios de la industrialización; 1920-1944, el uso masivo de la bicicleta de la etapa de entre las dos guerras mundiales; 1945-1979, la disminución del uso de la bicicleta por efecto de la expansión del automóvil y 1980-2013, el desarrollo sustentable y masivo de la bicicleta como resultado de la lucha y decisión social del pueblo holandés. Tuvieron que suscitarse los shocks petroleros de los setenta y una protesta nacional, bajo forma de enormes manifestaciones por la seguridad de los ciclistas, para que el gobierno tomara la decisión de materializar el Plan Maestro de Bicicletas (PMB). En efecto, desde 1973, cuando los padres de familia holandeses fundaron el grupo de acción “Stop de kindermoord” (Basta de muertes de niños), el número anual de víctimas del tráfico bajó drásticamente de 450 niños en 1972 a 70 en el 2003. Los cimbronazos petroleros de 1973 y 1979 sacudieron al mundo no sólo por el precio del crudo, sino por las transformaciones en su cadena de producción, transporte y distribución .Varios países tomaron la iniciativa de rebelarse contra ello, pero ninguno como Holanda. Como resultado, los gobiernos decidieron aplicar una batería de medidas que promocionaran los desplazamientos en bicicleta y a pie, con el fin de reducir el tráfico automotor. Estas decisiones consistieron en reducir el acceso de autos hacia el centro de la ciudad y crear zonas libres de tráfico rodado; encarecer el estacionamiento para autos; construir carriles para bicicletas y reducir el espacio destinado a los automóviles; planificar una red para bicicletas, señalización, estacionamiento y cumplimiento de la normativa y reducir la velocidad máxima en la mayoría de las vías urbanas a 30 km/h o menos. Los municipios tienen programas educacionales obligatorios para el uso de la bicicleta y la natación. A pesar de convivir con tanta actividad física, según varios estudios especializados, los niños holandeses han sido calificados como los más felices de Europa. También son los ayuntamientos los encargados de las disposiciones a favor de los ciclistas, vale decir, de la reglamentación en general. Así el modelo ciclístico holandés surge de una conquista, que demuestra la evolución cultural de su pueblo. Hoy en día, otras naciones pretenden imitarlo. Así en marzo del 2013, el alcalde de Londres, Boris Johnson, anunció una megarruta urbana como parte de la apuesta londinense de duplicar el número de ciclistas en la próxima década. De este modo, la ciudad planea reducir un 60% sus emisiones de carbono para el 2025. Según un artículo publicado por el “New York Times” (“Clarín” del 29/6/13), el problema actual de ciudades como Ámsterdam ha pasado a ser el de disponer de lugar para el estacionamiento de aproximadamente 880.000 birrodados. Al respecto, Thomas Koorn, del Departamento de Transporte y Tránsito municipal, anunció que se destinarán 135 millones de dólares a mejorar la infraestructura ciclista en las próximas dos décadas, incluida la instalación de 38.000 soportes metálicos de estacionamiento para bicis en los “puntos críticos”. Sea como fuere, señala el informe, nadie concibe limitar el uso de las bicicletas. El paradigma holandés supone una inteligente manera de economizar, evitar la contaminación y practicar una vida saludable en un ámbito seguro. Un ejemplo a seguir, imposible de concretar sin una fuerte decisión política y un pueblo convencido de lo que quiere. (*) Abogado. Profesor Nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar