La dibujante Corinne Rey se salvó escondiéndose en su escritorio en la redacción

“Dispararon durante 5 minutos y decían ser de Al Qaeda” afirmó la caricaturista que logró salvar su vida en la redacción de “Charlie Hebdo”. Destacadísimos colegas suyos no corrieron igual suerte.

Por Redacción

TERROR EN FRANCIA

Corinne Rey “Coco” es una caricaturista de la revista parisina Charlie Hebdo, cuya redacción sufrió un atentado terrorista cuando dos hombres asesinaron a tiros a, al menos, doce personas.

“Coco” logró salvar su vida porque se escondió bajo el escritorio, desde allí escuchó los tiros y las amenazas de los agresores, quienes hablaban perfecto francés. “Dispararon a Wolinski, a Cabu. Esto duró cinco minutos … yo me había refugiado bajo un escritorio … hablaban francés a la perfección … Decían ser de Al Qaeda “, dijo “Coco” al periódico Humanité.

A diferencia de ella, las vidas de Wolinski, Cabú, Charb y Tignous -algunos de los más grandes del dibujo satírico en Francia- desaparecieron este miércoles, víctimas del ataque contra el semanario.

El rey de los dibujantes satíricos de Francia, Georges Wolinski, tenía 80 años y era venerado por toda una generación, padre del famoso personaje del “Roi des cons” (rey de los tontos) y pilar del semanario Hara Kiri en los años 60 y luego de Charlie Hebdo.

Su humor fue siempre ácido, dentro de la línea tradicional de Hara Kiri, que se autodefinía como una revista “tonta y malvada”.

Wolinski nació el 28 de junio de 1934 en Túnez, hijo de padre polaco asesinado cuando él tenía apenas dos años y de una madre italiana.

Llegado a París en 1945 y “más afecto a mirar a sus compañeritas o a hacer dibujos que a estudiar”, fue desde temprana edad un apasionado de los cómics. Ilustró el diario de la secundaria antes de enviar sus primeros dibujos a Hara Kiri, antepasado de Charlie Hebdo.

A partir del revoltoso año 1968 se convierte en uno de los pilares de Hara Kiri, que tras ser clausurado por el gobierno francés por un irreverente título para anunciar la muerte de De Gaulle, se convierte en Charlie Hebdo.

Cada semana, en las páginas de Charlie Hebdo, Wolinski puso en escena a dos personajes, un flaco tímido junto a un gordo dominante y tajante que profería sus verdades de mostrador: “Señor, estoy a favor de la libertad de prensa… ¡Siempre y cuando la prensa no aproveche para decir cualquier cosa!”

A partir de los años 80 trabajó además para algunas de las publicaciones más importantes de Francia, incluyendo Libération, Le Nouvel Observateur o L’Humanité, y a partir de los 90 en Paris-Match y el Journal du Dimanche, convirtiendo sus caricaturas, que abordaban a menudo con un toque descarado el tema del sexo, en elemento omnipresente de la prensa escrita francesa.

Amante de los autos de lujo Jaguar y habitante del elegante barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés, Wolinski también sabía burlarse de sí mismo y decía: “hicimos mayo del 68 para no convertirnos en lo que somos”.

El dibujante Cabú, fallecido en el ataque a los 76 años, fustigaba con la aguda punta de sus lápices desde hace casi seis décadas a la sociedad en la que le tocó vivir, y especialmente las religiones y los nacionalismos.

Sus blancos favoritos eran los políticos, las fuerzas armadas y todas las religiones. También caricaturizaba en el espejo que tendía a sus contemporáneos al estereotipo del francés de clase media protestón y chauvinista.

Pilar de Charlie Hebdo y del Canard Enchainé –el otro semanario satírico francés–, Cabú conservó hasta el final la ferocidad implacable de su humor contra el poder y el conformismo.

Sus caricaturas de Mahoma publicadas en 2006 fueron de las más cáusticas y valieron a la redacción de Charlie Hebdo vivir desde entonces bajo permanentes amenazas de muerte.

Jean Cabut, su verdadero nombre, nació el 13 de enero de 1938 en Châlons-sur-Marne (Marne, cerca de París). Publicó sus primeros dibujos a los 15 años, antes de realizar el servicio militar en Argelia, de donde regresó con una profunda aversión por los uniformados.

Luego pasó a integrar el circuito de los dibujantes de prensa, para “Ici Paris” o “Le Hérisson”, antes de sumarse junto a François Cavanna a la redacción de Hara-Kiri, antepasado de Charlie Hebdo.

Dibujante comprometido desde muy joven, Charb dirigía Charlie Hebdo desde 2009, practicaba un humor corrosivo y decía no temer a nadie.

“Hay que seguir hasta que el Islam quede tan banalizado como el catolicismo”, aseguraba.

Nacido el 21 de agosto de 1967 en Conflans-Sainte-Honorine (Yvelines, cerca de París), Stéphane Charbonnier, su verdadero nombre, “aprendió a dibujar durante las clases de matemáticas y poco a poco fue siendo menos malo en dibujo que en matemáticas”, dijo su editor Castermann.

En 1991, Charb participa al lanzamiento de “La Grosse Bertha”, semanario satírico creado para oponerse a la primera guerra del Golfo.

Charb abandonó el diario un año más tarde para participar en el segundo lanzamiento de Charlie Hebdo, tras 11 años de ausencia y en el que publicaba hasta este miércoles buena parte de sus dibujos. También lo hizo en las páginas de L’Humanité, Libération, le Monde Libertaire, Télérama, Mon Quotidien, l’Hebdo, le Monde des Ados, Fluide Glacial o l’Echo des Savanes.

Desde la partida de Philippe Val en mayo de 2009, Charb era el director de publicación de Charlie Hebdo.

AFP